jueves, 30 de enero de 2003

Las primeras pedaladas

Del 26 al 29 de Enero de 2003

¿Sí les conté en el anterior relato que mi intención para la primera etapa de nuestra pato-aventura era llegar a La Marquesa? Pues he de confesarles algo. No fue sino hasta la segunda jornada cuando alcancé mi primer objetivo de visitar a tan noble dama. Pero hablemos de esa primera jornada.
Calvario. Así se podría definir esta primera toma de contacto con las carreteras mexicanas. Yo ya sabía que no me encontraba demasiado bien físicamente pero no sospechaba que estuviera tan mal. Salí temprano de Tlalne y, a pesar de que una parte del caminito ya lo conocía, lo mejor estaba por descubrir. Las ligeras subidas camino a Huixquilucan eran para mí parecidas al Tourmalet o a la Sierra Madre.
No me avergüenza confesarles que tuve que echar pie a tierra en numerosas ocasiones pues ni siquiera podía mover los desarrollos más ligeros de mi bicicleta. Yo miraba hacia atrás, como si estuviera aguardando la llegada de otro compañero de ruta, pero lo único que se acercaban eran camiones y carros que me daban una probadita del humo de sus mofles. Camino de La Marquesa encontré Huixquilucan, un excelente lugar para que mis adoloridos huesos tuvieran chance de reposar tantito. Huixquilucan es un municipio del estado de México. Cuenta con varios miles de habitantes pero ningún hotel, hotelito, cuarto o cosa parecida. Su cercanía al Distrito Federal hace de Huixquilucan un municipio en el que se combina lo rural y lo urbano.
Comencé a preguntar en las tienditas la posibilidad de que alguien me rentara un cuarto para pasar la noche. Toqué algunas puertas pero las respuestas fueron negativas. Finalmente, Víctor, el señor de la dulcería, me aconsejó que preguntara en la iglesia. Antes de iniciar este viaje pensé que en algunos lugares que encontrase en mi camino la iglesia sería un buen lugar para pedir posada pero no podía imaginar que ese momento iba a llegar tan pronto.
Así que me dirigí a la parroquia San Antonio de Padúa y pregunté por el padrecito. Pronto conocí al Padre Omar, que al saludarlo me llamó la atención la decisión con la que estrechó mi mano. En estos tiempos en los que uno acostumbra a estrechar manos que parecen muertas, fue una agradable sorpresa para mí estrechar una mano firme y amiga. Pronto me ofreció el Padre Omar un cuartito donde me instalé con la rojigualda.

Con el Padre Víctor en la parroquia San Antonio de Padúa de HuixquilucanPoco después conocí al Padre Víctor, que me llevó a dar un paseo por Huixquilucan. Fuimos al barrio de San Martín, que celebraba la fiesta en honor de su patrón, San Martín de Tours. Era domingo y el lugar se encontraba muy animado. Con las influencias del Padre Víctor tuvimos oportunidad de presenciar la quema de los castillos y el lanzamiento de los fuegos artificiales desde la azotea de la parroquia de San Martín. También conocí a un tipo curioso, don Luis Chicho, quien desde hace 35 años se encarga de vestir al santo. Y es que el San Martín que se venera allí va vestido con traje de charro y don Luis tiene a su disposición 52 diferentes para elegir.
Después el padrecito me llevó a cenar a casa de la familia Gutiérrez y de allí nos fuimos a descansar pues sabido es que la gente de hábito acostumbra a desmañanarse. En la mañana siguiente, después de desayunar con los padrecitos, me despedí de ellos y, a pesar de que me invitaron a quedarme para presenciar la procesión en honor de San Martín, decidí que era mejor continuar mi camino.

La señora Marquesa

Los escasos ocho kilómetros que separan Huixquilucan del Parque Nacional Miguel Hidalgo y Costilla, más conocido como La Marquesa, son de continua subida, así que ya se pueden imaginar el sofocón que me llevé para llegar hasta allí. Yo tenía otra percepción de ese lugar. Lo imaginaba como un área natural hermoso con servicios y donde poder acampar. Lo que encontré, además de mucho frío, fue un montón de cabañas acondicionadas como restaurantes, un lugar para montar a caballo, otro para pescar, muchos lugares para comer con la familia y poco más. El parque está estrangulado por un nudo de carreteras y más que un parque natural parece el área de descanso de una superautopista. En realidad, La Marquesa es un lugar, en el municipio de Ocoyoacac, al que acuden los habitantes de la ciudad de México con sus vástagos para pasar un día de campo realizando alguna de las actividades anteriormente señaladas.
Superada la decepción inicial decidí buscar un lugar para pasar la noche y de ese modo llegué al restaurante-bar-mesón Tío Pepe, que cuenta con unos cuartos con chimenea bastante agradables. Y allí, en aquel cuartito del Tío Pepe me entregué a disfrutar de uno de esos pequeños placeres que uno disfruta en solitario. No me sean mal pensados. Me refiero a ver tele, actividad a la que me dediqué mientras escribía esta crónica.
En la mañana siguiente, con un sol espléndido, cuyos rayos no dejaba pasar la frondosa vegetación que encontré en mi camino, agarré la carretera para Chalma y Malinalco. Casi 60 kilómetros con pequeñas subidas para que uno no olvide esa sensación de ir a una velocidad tan reducida que un caminante pudiera superarlo. Pero si he de ser sincero, el ingrediente fundamental de esta etapa fueron las pronunciadas bajadas que me obligaban a frenar mi bicicleta porque no me sentía muy seguro viajando a esas velocidades "supersónicas".
Cuando llegué a Chalma sentí que por primera vez en nuestra pato-aventura había cumplido con el itinerario que me había propuesto. La primera impresión al llegar fue la de un pueblo feo de solemnidad con unas fuertes pendientes que hacen incómodo el caminar por sus calles, también feas.
Vista de la fachada principal del santuario en honor del Señor de ChalmaPronto busqué el camino al santuario y, sorteando la presencia de numerosos vendedores de artículos religiosos, la rojigualda y el caballero pedaleante alcanzamos la explanada del santuario del Señor de Chalma. Imagínense a "el güerito" con su bicicleta en medio de aquel sacro-santo lugar plagado de letreros con el mensaje "Di no a las drogas" Después de descansar tantito y fumar mi cigarrillo reglamentario, me lancé a la busca y captura de alguien que me diese razón del lugar en el que me encontraba. Busqué desesperadamente un Padre y lo que encontré fue a "el Padre Angustias" que estaba bendiciendo con agua a los fieles y tenía todo hecho un batidero. Él me recomendó que comprara un librito si deseaba conocer la historia del lugar. Yo le agradecí su sugerencia y le dejé que continuase con su chambita. Decepcionado por la nula disponibilidad de "el Padre Angustias" para que un servidor viera definitivamente la luz, volví a la explanada del santuario y comencé a platicar con uno de los fotógrafos que inmortalizan por unos pesitos la llegada de los numerosos turistas al lugar. Como don Miguel Ángel no estaba muy ocupado, estuvimos largo tiempo platicando y fue él quien me contó la historia del Señor de Chalma.
Dice don Miguel Ángel, nacido en Chalma hace más de 50 años, que los más primeros habitantes de estas tierras adoraban un ídolo (Ostoc Theotl, "dios de las cuevas") a quien las familias entregaban el corazón de su primogénito. Esas ceremonias de ofrenda se realizaban en una cuevita situada cerca de la actual población de Chalma. Los conquistadores que llegaron a este lugar veían con malos ojos esa actitud "incivilizada" de aquellos "ciegos gentiles"

Con la rojigualda en la puerta del santuario en honor del Señor de ChalmaEn una época en la que el transporte se realizaba a lomos de caballos y burritos quiso el destino que a un arriero se le escapase uno de sus animales y ¿saben a dónde fue a esconderse el cuadrúpedo? Pues a la cuevita. Estamos en 1539 y aquel arriero, cuando fue a buscar su caballo al interior de la cuevita, descubrió al Señor de Chalma. Sin embargo, la historia "oficial", es decir, la que se narra en las paredes del templo, atribuye el descubrimiento de la cuevita a los frailes agustinos el día de Pascua de 1539. Al día siguiente regresan con la intención de destruir al ídolo y colocar en su lugar la cruz cristiana. Cuando llegan a la cueva encuentran el ídolo postrado en la tierra, hecho pedazos, y el interior de la cueva sembrado de flores y aromas exquisitos, y en el mismo lugar donde se encontraba anteriormente el ídolo, ahora estaba colocada la imagen de un Cristo crucificado, el Señor de Chalma.

Detalle del interior del santuario en honor del Señor de ChalmaFue posteriormente cuando se construyó el santuario, que en otra época fue Seminario, y la explotación comercial del lugar se viene realizando desde hace unas décadas. Dice don Miguel Ángel que las personas que vienen a su pueblo a visitar al Señor de Chalma son, en general, de clase humilde y que son tres las tradiciones ligadas a la devoción chalmiana: la danza (algunos fieles entran bailando al templo), el baño (en las inmediaciones del templo hay un río donde muchas personas se bañan) y la corona de flores (con la que entran tocados muchos fieles).
Don Miguel Ángel me platicó de muchas más cosas pero sería muy largo exponerlas aquí todas. Finalmente él me puso en contacto con el responsable de la hospedería del santuario quien me ofreció un cuartito de forma gratuita para dar cobijo a la rojigualda y a su servidor de ustedes.
Y como este primer capítulo empieza a oler mucho a incienso y a sacristía, cambiemos de tema y trasladémonos hasta Malinalco ("lugar de Malinalxóchitl", sacerdotisa a la que se atribuye la fundación del pueblo), que a escasos diez kilómetros de Chalma, cuenta con algunos atractivos, el principal un centro ceremonial que comenzó a construirse en 1501 a cargo de canteros mexica sobre los restos de otro centro ceremonial, éste perteneciente a los matlatzincas.

Cuauhcalli o Casa de las Águilas, en el centro ceremonial del sitio arqueológico de MalinalcoSobre la ladera del "Cerro de los Ídolos" erigieron seis monumentos, entre los que destaca el Cuauhcalli o Casa de las Águilas, donde se investía a los caballeros águila y jaguar. El lugar se encuentra a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia.Museo Universitario Doctor Luis Mario Schneider, en Malinalco Otro lugar interesante de Malinalco es el Museo Universitario "Doctor Luis Mario Schneider", dependiente de la Universidad Autónoma del Estado de México, que reúne gran parte de las riquezas naturales de la región y da cuenta de la enorme vitalidad y grandeza de su pasado y patrimonio histórico. Además, su visita será guiada por unas amables damitas que les explicarán mil y un detalles del lugar.
Y finalmente, para no olvidarnos del arte religioso, podemos realizar una visita al antiguo templo y convento del Divino Salvador, en cuyo estilo se mezcla la arquitectura plateresca europea del siglo XVI con el arte indígena y que cuenta con unas interesantes pinturas al fresco que cuando yo las visité estaban en proceso de restauración. En fin, aquí se acaba esta nuestra primera incursión en el estado de México. Ahora ponemos rumbo a "la ciudad de la eterna primavera", la capital del estado de Morelos, Cuernavaca, desde donde intentaré escribir mi siguiente crónica.
Ahí nos vemos.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de México

- Secretaría de Turismo del Estado de México

- Comisión Estatal de Parques Naturales del Estado de México

- Malinalco
- Malinalco Mágico

- La Vuelta en bicicleta al Valle de México
- Club Xinte

- El Diario del Estado de México

6 comentarios:

Olimpia Avila Del Angel ha dicho

Te faltó decir que hay miles de fieles que van cada año a Chalma. Muchos llegan como tú, en bicicleta, otros se van camindando, hay incluso los que van de rodillas, o pegándose en la espalda con un penca de maguey. Qué cosas! Chalma es un pueblo feo, tienes toda la razón.

Caballero Pedaleante ha dicho

Tienes razón Olimpia.
Son numerosas a lo largo del año las peregrinaciones que se organizan a Chalma. A mí no me tocó ninguna cuando estuve pero, viendo la infraestructura que tienen montada en aquel pueblito, estoy seguro que han de recibir un buen de visitantes.
Saludos.

Olimpia Avila Del Angel ha dicho

HOla de nuevo, en cuanto pueda seguiré leyendo el relato, me parece súper interesante.

Bye.

Caballero Pedaleante ha dicho

Qué onda Olimpia.
Espero que sigas aportando cosas a este blog.
Gracias y un saludo.

Angel ha dicho

¿Feo? Feísimo.

Caballero Pedaleante ha dicho

¿Quién dijo feo?