Hola una vez más. Les tengo que dar una excelente noticia. Por fin he logrado sentirme bien pedaleando. Fue en el trayecto entre Texcoco y Tepotzotlán. Si me hubieran visto... ¡Qué velocidad! Por la carretera de Lechería iba como un rayo el caballero pedaleante, permitiéndose incluso el lujo de adelantar a algunas combis que iban a la caza y captura de pasaje. También pedaleé un ratito en paralelo a la carretera de cuota hacia Querétaro. Francamente, yo no sabía muy bien si estaba dentro de la autopista o fuera de ella pero en cuanto leí algo relativo a caseta me salí de allí por si las moscas.De modo que llegué al lugar que está "Junto al Jorobado" a una hora excelente para acudir al mercado y degustar los antojitos mexicanos, tan importantes en mi dieta alimenticia.
Al ser día lunes el museo estaba cerrado. Discúlpenme, no les he contado que en el número 99 de la Plaza Hidalgo de Tepotzotlán está el Museo Nacional del Virreinato. El martes a primera hora de la mañana allí estaba yo, dispuesto a beber de las fuentes del conocimiento en materia virreinal. El museo se encuentra en un edificio de la época colonial que albergó los colegios jesuitas de lenguas indígenas de San Martín y de San Francisco Javier, cuyas dependencias fueron construidas entre 1606 y 1767. En 1964, con el establecimiento del Museo Nacional del Virreinato el edificio se enriqueció con las obras procedentes, sobre todo, del que fuera Museo de Arte Religioso de la Catedral de México.
El museo muestra la historia del edificio y de los tres siglos (1521-1821) del virreinato novohispano. Hay un buen de pinturas en las que el protagonista es Ignacio de Loyola y numerosos objetos referentes a la época virreinal. Además, se tiene acceso a visitar el interior de la iglesia jesuita de San Francisco Javier, con retablos cargadisísimos de motivos religiosos. Por otro lado, un paseo por la huerta donde los jesuitas cultivaban plantas medicinales, frutas y hortalizas, nos ayudará a transportarnos a la vida de los antiguos moradores del lugar para quienes era también un lugar de esparcimiento entre tanto ora et labora.

Ya fuera del museo podemos admirar la belleza de la fachada y torre de la Iglesia de San Francisco Javier, de estilo churrigueresco mexicano y construidos de 1760 a 1762. La portada lateral de esta iglesia corresponde a la primera etapa constructiva del templo (1670-1682) y en ella destaca un nicho que alberga la imagen de San Ignacio de Loyola.

Y ¿qué más se puede hacer en Tepotzotlán aparte de visitar el Museo Nacional del Virreinato? Pues... según lo que me dijo la señora que encontré en la Casa de la Cultura, nada más. Y posiblemente tuviera razón. Yo estuve caminando por sus calles y no encontré nada reseñable. Entonces, ¿por qué habrá sido declarado como uno de los lugares mágicos por la Secretaría de Turismo? Pues quién sabe.
De Tepotzotlán partí para Villa del Carbón a primera hora de la mañana. En el camino se sucedían las subidas y las bajadas que le hacen a uno sentirse un poco menzo. Aunque ya se sabe que todo lo que sube baja (no es albur).
A mí me gusta mucho Villa del Carbón. Ciertamente no tiene grandes atractivos pero su paisaje y su clima, más bien fresquito, para mí son excelentes. En el lugar hay un mercado de artesanías bastante cuidado y son numerosas las tiendas que ofertan artículos elaborados con piel.

Les contaré una historia sobre Villa del Carbón. Hace aproximadamente un año llegué yo a ese lugar acompañando a unos amigos mexicanos que estaban buscando establecerse por esos lares. Estuvimos visitando varias casas y terrenos que se encontraban en venta. Nada encajaba con los deseos de mis cuates. Pero la señora Lulú nos llevó hasta una casa en las afueras de la localidad que a mí me dejó prendado. Se trataba de una casa no excesivamente grande pero con muchísimo terreno con pasto, árboles frutales y ornamentales, un pozo... Y ¡alucinen! una iglesia con su campanario y su reloj. Aquella casa era el lugar ideal para alguien que pudiera vivir de sus rentas, sin mayor ocupación que encargarse de dar mantenimiento a todo aquello. Pues bien, al regresar ahorita a Villa del Carbón no desaproveché la oportunidad de acercarme otra vez hasta aquella casa y soñar despierto que alguna vez yo también viviré en un lugar como ese.Después de desayunar unos tamales, tomarme mi atolito y despedirme de la señora Evelia y su hermana, partí rumbo a Atlacomulco. Un inesperado compañero de viaje se unió a nuestra bici-pato-aventura. Me refiero al viento, que se empeñaba en reducir la ya de por sí baja velocidad que alcanzo con mi bicicleta. La carretera hacia Atlacomulco está adornada con numerosas subidas y bajadas, un montón de baches que delatan que no recibe mantenimiento y pequeños pueblitos cuyos vecinos me miraban un poquito asombrados.

Catorce kilómetros antes de llegar a Atlacomulco encontré dos lugares en los que pasar la noche: el hotel El Calvario y el Parque Nacional El Ocotal. La elección fue rápida. Con ese nombre "tan comercial" que le pusieron al hotel no tuve ninguna duda y me dirigí al Parque. El Parque Nacional El Ocotal se encuentra en el municipio de Timilpan, dentro del ejido de Santiago Maxda. Tiene una superficie de 127 hectáreas y está a 2570 metros de altura sobre el nivel del mar. El lugar está bonito, cuenta con servicios, diferentes áreas para acampar, un hotel con cabañas, un lago, un zoológico, juegos para los peques, etc.Yo me acerqué hasta el único lugar donde había gente acampada. Se trataba de un grupo de trabajadores, pertenecientes a una empresa de plásticos mexicana, que se encontraban allí junto con un instructor para realizar actividades que potenciaran el trabajo en grupo. A mí me hizo mucha gracia encontrarme en un lugar como aquel a ese grupo de personas. Había escuchado en alguna ocasión de esos experimentos que pretenden convertir a los compañeros de trabajo en cuates y, de ese modo, mejorar la productividad de las empresas pero nunca había tenido oportunidad de observar, en vivo y en directo, los métodos utilizados para lograrlo. Estuvimos platicando un ratito pero como ellos tenían su programa de actividades muy apretadito casi no tuvimos tiempo de conocernos. Estuve observando sus prácticas con tácticas casi militares y constantes referencias a los equipos y, sobre todo, a sus líderes.
Como yo soy un poco escéptico con esos métodos de trabajo, copiados a los gringos, me marché al hotel (Hotel Campestre El Ocotal) en busca de un café calientito pues aquella tarde hacía un frío de mil demonios. Por cierto, vaya hotelito. Me quedé alucinado. Uno de los lugares más agradables que he conocido en mi viaje. Lástima que fuera un poquito caro para mi economía.
Sin embargo, puedo decir que esa noche dormí en otro hotel, no de tres ni de cuatro ni de cinco estrellas, sino de miles, las que aquella noche lucían en el firmamento y que se reflejaban en el lago.
En la mañana siguiente, después de recoger mi campamento, los muchachos formados para ser líderes o parte del rebaño según las circunstancias, me invitaron a compartir su almuerzo: unos huevos revueltos con longaniza que me supieron a gloria.
Tras despedirnos con el deseo de que algún día nos viésemos por Querétaro, emprendí el camino hacia Atlacomulco. Teniendo en cuenta que era demasiado tarde para intentar llegar a Toluca, que Ehécatl (deidad del viento entre los nahuas) seguía presente con furia y que tenía ganas de darme un baño caliente decidí quedarme en Atlacomulco.
De este lugar poco puedo contarles salvo que estuve visitando la Exposición-Homenaje "La seguridad es cultura de todos" a cargo de la Policía Municipal de Atlacomulco con motivo del día del Policía. Cada día tengo menos prejuicios, así que no deben extrañarse mis queridas lectoras y lectores, si se encuentran al caballero pedaleante en los más extraños foros o eventos. Pero volvamos a la exposición. Muchas historias de policías y ladrones en las que el bien siempre triunfaba sobre el mal y el Honorable Cuerpo de la Policía Municipal lograba mantener la paz y el orden. Aunque para cuerpo, el de la damita (policía) que estaba encargada de la muestra.Y así, sin pena ni gloria, dejé Atlacomulco para dirigirme a Toluca, la capital del estado de México, un lugar que deseaba conocer desde hace tiempo. Si ustedes también lo desean conocer no se pierdan el próximo capítulo de nuestra pato-aventura.
Que estén muy bien.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de México
- Secretaría de Turismo del Estado de México
- Comisión Estatal de Parques Naturales del Estado de México
- CoyotesBike
- El Diario del Estado de México
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