martes, 27 de abril de 2004

Las enseñanzas del camino

Todo viaje implica un aprendizaje. Para mí viajar es una de las mejores inversiones que podemos hacer en nuestras vidas. Conocer y aprender cómo la llevan los demás nos ayuda a moldear nuestras propias vidas. Aquí les van algunas de las lecciones aprendidas a lo largo de la bici-pato-aventura.

- Las personas que más me echaron la mano en mi camino fueron aquellas que menos recursos tenían. De quienes aparentemente tenían algo, únicamente recibí promesas que nunca llegaron a cumplir.

- Aguas con las indicaciones que reciban por parte de los mexicanos. En general, no tienen muy claro cuál es la izquierda y cuál la derecha. Además, ninguna carretera es pura bajada.

- Todas las carreteras que suben llega un momento que bajan. La lluvia termina por cesar y siempre sale el sol o sopla el viento para secar nuestras ropas.

- La mayoría de las veces, el intentar ser autosuficientes, nos priva del contacto con muchas personas. Hay que aprender a dar pero también hay que saber recibir.

- Si yo me encontrara en una situación complicada y me viera en la necesidad de pedir ayuda, me gustaría que detrás de la puerta que tocase estuviera un mexicano para decirle aquello de: Quihúbole carnal, ¿qué crees que pasó...?

- Internet es una buena herramienta de información pero malo como instrumento de comunicación. El correo electrónico es frío y distante.

- Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.

- Hasta el camino más largo es finalmente la suma de numerosos cachitos.

- El verdadero viajero es el que viaja solo. Cuando aparecemos ante los demás encuerados (no literalmente claro) es cuando más receptivos se muestran con nosotros.

- En todos los lugares en los que he estado el respeto y la discreción han sido las claves para mi relación con la gente. Hasta en los lugares más "conflictivos", he respetado y he sido respetado.

- El sentido del humor es el mejor aliado para solventar las situaciones más complicadas. Si no eres capaz de reírte de ti mismo, mejor no te metas en problemas.

- A veces, una pequeña construcción que nos proteja del sol, el viento y la lluvia puede ser para nosotros la mansión más lujosa.

- Viajar en pareja puede ser una excelente opción aunque, a veces, el viejo refrán de "Más vale solo que mal acompañado" cobra actualidad.

- La mejor bebida energética y la dieta más equilibrada la constituyen las personas que conocemos en nuestro camino. Sólo por ellas, por su recuerdo y por los momentos compartidos, somos capaces de superar los más grandes obstáculos.

- No hay que sentir pena porque en determinados momentos tengamos que apearnos de la bicicleta y seguir caminando. Un caminante, jalando de una bicicleta cargada, puede recorrer cinco kilómetros en una hora.

- Lo primero que debemos aprender quienes llegamos a México desde "los países del primer mundo" es a saber esperar, a calibrar el significado del ahorita, el ahoritita y el ya mero. Lo mejor es hacer que la espera sea lo más confortable posible.

- La bicicleta es uno de los mejores vehículos que podemos utilizar para conocer un país. No es un medio agresivo, nos permite adaptarnos de forma gradual a los cambios (temperatura, altitud, paisaje), es una máquina sencilla de componer, nos permite cargar más equipaje que si fuéramos caminando... Eso sí, para que la mula camine hace falta un buey que pedalee.

- Por cada puerta que se cierra hay una docena que están aguardando a que las toquemos para pasar por ellas.

- Siempre existen alternativas para la resolución de los problemas, por muy complicados que éstos nos puedan parecer. Siempre se encuentra una solución, un camino alternativo al que casi siempre se accede platicando con la gente.

- Es mejor viajar sin Lonely Planet. En este planeta tan poblado, la mejor guía es la que elabora cada viajero de su puño y letra y los mejores consejos se reciben de las personas que viven en los lugares a los que llegamos.

- Un campamento bien organizado puede ser el hotel con más estrellas del planeta.

- Equivocarse de camino es, a veces, francamente saludable. Para ello es aconsejable valorar la equivocación como un aliciente añadido, no como un contratiempo.