Nuestra bici-pato-aventura se alimenta de sueños. Hace casi dos años llegué hasta este mismo lugar con unos amigos mexicanos. Aquel día soñé que alguna vez volvería a él con la rojigualda. Aquí estamos. Un sueño posible.Pero vayamos por partes. La pasada semana nos habíamos quedado descansando en Acapulco, puerto natural del estado de Guerrero situado en la costa sudoeste del Pacífico mexicano, que se asoma a una profunda bahía semicircular.
¿Qué les puedo contar yo de Acapulco? Lo primero de todo, que hay que sudar bastante para llegar hasta allí y también para marcharse. Cuando uno llega procedente de Zihuatanejo se encuentra con una población bautizada como Pie de la Cuesta y cuando se marcha con dirección a la Costa Chica de Guerrero es necesario llegar a un lugar denominado La Cima. Con esos nombrecitos pueden sacar ustedes sus propias conclusiones. Resumiendo, que Acapulco se ha desarrollado sobre una estrecha franja costera entre la bahía y las sierras que la circundan que, caprichosas ellas, quisieron establecerse en un lugar con privilegiadas vistas al mar.A finales de 1920 se abrió el primer "buen camino" que comunicaba el puerto con la ciudad de México (la travesía duraba más de una semana) y en 1934 se construyó el primer hotel. El lugar resultó del agrado de mexicanos adinerados, escritores americanos, estrellas de Hollywood y europeos "del jet-set" que, con el tiempo, construyeron sus residencias particulares y mansiones millonarias sobre las orillas de los cerros, con las mejores vistas a la bahía.
Hoy día Acapulco es uno de los lugares costeros más populares de México y su buena comunicación con la ciudad de México hace que bandadas de "chilangos" agarren sus maxi-carros, se internen en la maxi-pista, crucen el maxi-túnel y en pocas horas estén saboreando los servicios del maxi-hotel que han contratado.
Hay al menos dos Acapulco: el tradicional y el dorado. La frontera entre ambos podría ser la Diana Cazadora que, desde su glorieta en la Avenida Costera Miguel Alemán, parece repartir a los visitantes que llegan hasta el puerto.
En el Acapulco dorado, alguna vez llamado "el otro Beverly Hills", están las grandes torres de hoteles a modo de colmenas, algunas playas, los lugares de diversión diurna-nocturna y los tienderos representantes de la globalización económica. Bueno, además de todo eso está la gente, las maletas de la gente y los camiones que transportan a la gente y sus maletas.


En el otro Acapulco encontré cosas más interesantes. Quizás hayan visto alguna vez imágenes de unos cuates llamados clavadistas que se avientan al mar desde lo alto de unas rocas. Lo más probable es que esa imagen haya sido tomada en La Quebrada, importante grieta de más de sesenta metros de altura formada por acantilados, donde rompen las olas del mar.En el año de 1934 se inicia este deporte-espectáculo que consiste en lanzarse al mar desde las rocas del acantilado a una altura de entre 25 y 35 metros aprovechando la llegada de la ola.
Tanta relevancia, popularidad y promoción han tenido los clavados que hoy día ya existe un show a cargo de clavadistas profesionales. A pesar de que no me quedé a ver el show sí disfruté de un bello atardecer desde el mirador donde horas más tarde la gente se reuniría a ver los saltos de los osados e intrépidos clavadistas.

Otro lugar interesante, si deseamos conocer tantito la historia del lugar que los españoles utilizaron para explorar lo que se conocía como los "Grandes Mares del Sur", es el Museo Histórico de Acapulco. El museo está enclavado en uno de los monumentos históricos más importantes del Puerto: el Fuerte de San Diego, el primer fuerte español en todo el Pacífico, construcción de piedra en forma de pentágono irregular erigida en el siglo XVII (1615-1617), con cinco baluartes unidos por muros con parapetos desde la que se domina gran parte de la bahía.Los españoles, después de esclavizar y destituir de su hogar de más de mil años a los indígenas Nahoa, convirtieron el puerto en un astillero donde se construían barcos con el fin de conquistar nuevos territorios.
¿Han oído ustedes hablar de la Nao de China o Galeón de Manila? Pues aquí mero principió y finalizó durante 250 años (hasta 1815) aquella ruta comercial según el circuito Acapulco-Manila-Acapulco que, en condiciones normales, el viaje de ida duraba cien días y el de regreso ciento ochenta.
Cada que llegaban las naves en su viaje de tornavuelta desde Manila cargadas de sedas, especies, arroz, porcelanas y otros objetos procedentes del Lejano Oriente, el puerto de Acapulco era escenario de una gran feria a la que llegaban ¡desde México! los comerciantes en sus carretas a cargar todas aquellas mercaderías.
Tantos tesoros navegando por el Pacífico atrajeron también a piratas, bucaneros, corsarios y filibusteros. Yo disfruté mucho durante mi estancia en Acapulco recreando en mi imaginación esas historias al mejor estilo de Arturo Pérez Reverte. Quizás por eso, al igual que uno que otro can, ni las máquinas ni los trabajadores armados con pico y pala abriendo y cerrando zanjas en algunas calles del Centro de la ciudad, lograron sacarme de mi ensoñación.Me despedí de un Acapulco que iniciaba la remodelación del área de Caleta y Caletilla. De la Costa Grande seguí por la Costa Chica rumbo a tierras oaxaqueñas. Tenía cierto recelo a esta parte del viaje pues mi amigo Mauricio me había advertido en su día de que en la Costa Chica "eran bravos" Se trataba de saber si eran bravos "a lo pendejo" o bravos "con honor"
El primer lugar en el que me quedé fue Cruz Grande (a 110 kilómetros de Acapulco), donde los "hoteleros" están un poco locos poniendo las tarifas a sus cuartos, en un lugar en el que el único "atractivo" que llegué a conocer fue la sede del 48 Batallón de Infantería con su monumental bandera y su monumento al Heroico Colegio Militar.
Como no me sentía con fuerzas para cubrir los algo más de 150 kilómetros que separan Cruz Grande de Santiago Pinotepa Nacional (Oax.), en la jornada siguiente me quedé en el punto medio, en San Juan de los Llanos, donde mi poder de persuasión no funcionó a la hora de negociar el precio del cuarto del que me dijeron era el único hotel del lugar.
Cuando llegué a Pino (Santiago Pinotepa Nacional) me encontré con una ciudad grande, tan grande como fea. La neta, yo les invito a que se den la vuelta por una de las principales calles de Pino (avenida Juárez) y asistan en vivo y en directo a todos los despropósitos urbanísticos que se concentran allí. Aquello parece estar diseñado para que caminen caballos o mulas, más que para personas. Y las otras calles, híjole, no invitaban precisamente a internarse en ellas.
Huyendo de aquel horroroso lugar y buscando la ración de belleza que equilibrase tantito la balanza, seguí rumbo a Puerto Escondido.
Algo más de ciento cuarenta kilómetros separan ambas poblaciones y decidí pedalearlos en una sola jornada. En mi camino pasé de volada por el crucero que lleva al embarcadero de la Laguna de Chacahua (Parque Nacional). Todavía tenía yo presente el amargo recuerdo del lanchero volador de La Tovara (Nay.) y además, en una anterior ocasión que me había acercado hasta Chacahua en compañía de mis amigos mexicanos, el precio de los paseos en lancha me recordó a las tarifas de los cruceros en barcos de lujo.

Cuando llegué a Puerto Escondido me dirigí directamente al mirador. En él me esperaba aquella inscripción que dos años antes me había llamado la atención: "Un sueño posible" Esas tres sencillas palabras reflejaban claramente lo que estaba siendo mi periplo por tierras mexicanas.De Puerto Escondido les diré que la oferta hotelera y de servicios turísticos es impresionante. Mi duda es qué índice de ocupación registrarán a lo largo del año todos esos establecimientos pues en mi opinión allí la oferta está sobredimensionada. Yo me quedé en el Mayflower, un hostal (al parecer de capital extranjero) integrado en la Asociación Mexicana de Albergues Juveniles.


Una vez más me vi rodeado de una comunidad angloparlante monolingüe y cuando ya me empezaba a sentir un poco autista conocí un madrileño que lo había dejado todo a cambio de vivir "de vago" durante un año con el firme propósito de dar la vuelta al mundo. Me puso al corriente de las últimas noticias acaecidas en ¿mi país? Yo le platiqué de la polémica sobre las reformas energética y fiscal, de los pleitos en el tricolor con la profesora Elba Esther, del alto al fuego declarado en la guerra dialéctica entre Ricardo La Volpe y Hugo Sánchez y así se nos fue la tarde.Pero sigamos platicando tantito de Puerto Escondido. Bonitas playas, pesca recreativa, buceo, el Torneo Internacional de Surfing en la Playa Zicatela... atractivos todos ellos que se quedan chiquitos, en mi modesta opinión, si los comparamos con el Mercado Benito Juárez (una auténtica muestra de la diversidad y riqueza de la gastronomía oaxaqueña), el ya mencionado mirador "Un sueño posible" y el sendero escénico que comunica este mirador con la Capitanía de Puerto. Y por encima de todo, el extraordinario color azul intenso del Océano Pacífico.

Me despedí de Puerto Escondido cuando todo parecía preparado para la peregrinación ciclista anual de cada 8 de diciembre al Santuario de la Virgen de la Concepción en Santa Catarina Juquila (Oax.), la capital de la fe católica del sureste mexicano. Cerca de 950 pedalistas tomarían parte en el evento, que iba a contar con un destacado seguimiento en la prensa y radio de la región. A pesar de la tentación que suponía para mí participar en un evento como aquel, decidí que no era el momento de conocer a la Virgen de la Concepción y seguí pedaleando con rumbo sur.De mi paso por la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca recordaré siempre la gran cantidad de topes que encontré en mi camino. El caso es que como se pasa por numerosas poblaciones asentadas al pie de la carretera costera y cada una de ellas nos obsequia con un mínimo de dos topes (también las hay más generosas, que sembraron más de dos), al final de la jornada los pinches topes aparecen en nuestras peores pesadillas.
Otro aspecto curioso fue descubrir la omnipresencia de la Coca-Cola, además de en los refris de las tienditas de abarrotes, en los carteles que daban la bienvenida a las diferentes poblaciones y en los que anunciaban la presencia de los planteles educativos. ¿Y la gente de la Costa Chica? Pues muy buena onda. Muy platicadores y con deseos de conocer el mundo que está más allá de sus pueblitos. Y finalmente, no podría olvidarme de las muchachas costeñas. Hermosas mujeres, bien prietitas (entiéndase este calificativo como cariñoso y para nada despectivo). A cambio de una sonrisa de aquellas muchachas uno puede recorrer en bicicleta la Costa Chica, no una sino mil veces.
"¡Échale primo!", me gritaron muchas veces a mi paso por la Costa Chica. "Hay que ponerle" dijo el mismísimo presidente de la República. Pues así, echándole y poniéndole, seguimos nuestro camino. Frontera Sur, vamos llegando.
Hasta la próxima semana.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Guerrero
- Guerrero turístico
- Lugares turísticos de Guerrero
- Visita Acapulco
- Festival Internacional de Cine de Acapulco
- El lugar de encuentro entre cruceños
- De México D.F. a Acapulco en 1 día en bici de ruta
- La Jornada Guerrero
- Diario de Guerrero
- Novedades de Acapulco
- Mapa del estado de Oaxaca
- Guía Oficial de la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca
- Secretaría de Cultura del estado de Oaxaca
- Aquí Oaxaca
- Oaxaca mío
- A Diario Oaxaca
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