domingo 14 de diciembre de 2003

¿Al final de este viaje?

Del 5 al 13 de Diciembre de 2003

Curioso nombre de esta población en la carretera de Huixtla a Ciudad HidalgoAquí les va, mi racita, el relato número cuarenta y nueve. Casi once meses de bici-pato-aventura. Doce mil kilómetros recorridos. De México a Los Cabos, de Los Cabos a Tijuana y de Tijuana a Ciudad Hidalgo (Chis.). Frontera Sur, ¿el final de este viaje?
De Puerto Escondido seguí con rumbo sur. Poquito antes del kilómetro 198 de la carretera Puerto Escondido-San Pedro Pochutla (a 57 kilómetros de Puerto Escondido) encontré el crucero para Mazunte, Zipolite y Puerto Ángel. Tenía yo curiosidad por conocer esa zona así que lo seguí.
Después de pasar La Ventanilla llegué a Mazunte, donde se encuentra el Museo Vivo de la Tortuga. En el mundo existen ocho especies de tortugas marinas, tres de las cuales cuentan con una subespecie. En total, entonces, existen once variedades. De éstas, diez se distribuyen en aguas mexicanas y nueve se reproducen en sus playas.
En 1990 el Gobierno Federal decretó la veda total y permanente que protege a todas las especies de tortugas marinas. Sin embargo, en las comunidades humanas que se asientan en zonas totugueras, ante la ausencia de otras alternativas económicas, se siguen saqueando sus nidos y comercializando los huevos.
En el Centro Mexicano de la Tortuga de MazunteEl Museo Vivo de la Tortuga, dependiente del Centro Mexicano de la Tortuga, realiza una importante labor de concientización entre las personas que lo visitan para que aprendan a respetar a las tortugas. Cuenta con ejemplares de tortugas terrestres, marinas y de agua dulce. Uno aprende a conocer la edad de las tortugas, a diferenciar las hembras de los machos y los usos y costumbres de estos simpáticos animalitos. En la cercana Playa Escobilla, durante el año 2003, se han contabilizado casi dos millones de tortugas. Tras la visita a las tortugas le seguí a Zipolite, lugar del que había escuchado infinidad de historias. No sé cómo sería Zipolite hace unos años, aquel escenario al que recalaban vagamundos, hippies de ayer-de hoy-de siempre, desencantados y otras gentes "de mal vivir" Yo les platicaré del Zipolite que yo conocí en los albores de 2003.
Playa ZipoliteAtardecer en Playa ZipoliteMe llamó la atención los numerosos establecimientos que encontré de los giros abarrotero, restaurantero (la supuesta comida italiana está muy presente) y cibernético (hasta cuatro servicios de internet llegué a contar). Una tiendita proclamaba contar con "everything you need for the beach", algunos surfistas disfrutaban de las impetuosas olas encima de sus tablas y en mi paseo por la playa sólo contabilicé un individuo encuerado y no se trataba de su servidor de ustedes, que se ha vuelto muy recatado desde que vive en el México lindo y querido.
En resumen, que lo mejor de Zipolite fue poder rentar una rústica cabaña en la playa, sentarme durante unas horas a contemplar cómo las olas rompían con inusitada fuerza y, por encima de todo, el plato de espagueti que devoré como un perro hambriento.
En la mañana siguiente pasé sin detenerme por Puerto Ángel y salí al crucero de San Pedro Pochutla para conectar nuevamente con la carretera costera 200. Desde Pochutla hasta Salina Cruz (algo menos de doscientos kilómetros) son escasas las poblaciones asentadas al pie de la carretera y las poquitas que encontré no contaban con servicios de alojamiento, a excepción claro está del complejo turístico de Bahías de Huatulco, que me dio la impresión se trataba de un lugar demasiado "chic" para el caballero pedaleante y sus tenis raídos.
Etapa montañosa con fuerte viento lateral (de las que llegan a desquiciar a cualquiera) y en mi camino la compañía de un grupo de peregrinos de San Juan Chamula (Chis.) que regresaban de visitar a la Virgen de Juquila (Oax.).
El caso es que mis amigos chamulas, después de visitar a la virgencita, decidieron regresar a su enigmático e interesante San Juan... corriendo. Como el ritmo de la carrera de relevos de los chamulas y el de mi pedaleo tenían cierta afinidad, fueron muchos los instantes en que coincidimos en nuestro camino aquel día sábado 6 de diciembre de 2003.
Su infraestructura contaba con dos camionetas que transportaban a los relevistas y protegían la integridad física del cuate "o la cuata" que iba corriendo por la carretera costera con una antorcha en la mano. Los participantes descendían como paracaidistas de la camioneta y quedaban apostados en la cuneta de la carretera convenientemente espaciados para portar la antorcha y correr con ella en sus manos durante unos cientos de metros.
Cuando yo veía a aquellas gentes, vestidas según sus usos y costumbres y calzadas con huaraches, corriendo sobre el candente chapopote de la carretera costera me decía: ¿De qué chingaos te quejas tú que vas con culotte (remendado por mil lugares pero culotte), tenis Nai (n'hay pa' más en la actualidad pero originalmente Nike) y tu flamante rojigualda (una Orbea nada más y nada menos)?
Me encantaba observar a mi paso aquellas muchachas que esperaban pacientes que llegara su turno en la carrera de relevos. Su natural timidez les hacía evitar mi mirada y se establecía un juego muy divertido (al menos para mí). Con tanto entretenimiento, después de 120 kilómetros recorridos, casi sin darme cuenta, llegué a Santa María Huamelula, un pueblo chiquito como tantos otros por los que paso en mi pedalear pero que "pasará a la historia" por haber sido punto de descanso en nuestra bici-pato-aventura.
Me quedé con don Porfi (Porfirio Díaz López), quien regenta en Santa María el Comedor Económico San Francisco de Asís, lugar que permanece abierto las 24 horas del día y es visitado por traileros, choferes de camiones de pasajeros y viajeros en general. Durante varias horas estuve esperando la llave de un cuartito que don Porfi me iba a rentar. La llave nunca apareció (viva México) y finalmente don Porfirio lo que me rentó fue su hamaca de él, misma que utiliza en las noches para aguardar a sus clientes (viva México).
Después de desayunar y despedirme de don Porfi, en la mañana siguiente seguí mi camino hacia Santo Domingo Tehuantepec. Antes de llegar a Salina Cruz apareció en mi camino una estupenda carretera de cuota que según anunciaba seguía hasta Arriaga (Chis.), misma que agarré sin dudar un instante y que me llevó a Santo Domingo Tehuantepec, distante 93 Km del changarro de don Porfi.
En Tehuantepec me costó lo mío encontrar alojamiento a bajo costo y finalmente hallé a La Tehuanita, que no es mi penúltimo ligue sino el nombre de la Casa de Huéspedes donde me quedé.
Peregrinos a su llegada a Santo Domingo TehuantepecTehuantepec también supuso para mí la puerta de entrada al sureste mexicano, ese mágico territorio lleno de vida, de color, de señoras inmensas luciendo sus vistosos trajes y guardando el dinero entre sus chichis, de perros deambulando por el interior de los mercados, de otras voces y otras lenguas diferentes a la de Cervantes y que no tienen nada que ver con la de Shakespeare.
Paseando por sus calles me topé con otra peregrinación. Otros chiapanecos, en esta ocasión de San Cristóbal de las Casas, llegaron a Tehuantepec descalzos y entonando cantos en honor de la Virgen de Guadalupe. Faltaban cinco días escasos para la gran fiesta del 12 de diciembre y el sureste mexicano se iluminaba con la antorcha guadalupana.
Calle de Santo Domingo TehuantepecMotocarro en Santo Domingo TehuantepecPero sin duda, lo más interesante de Tehuantepec, fue descubrir un nuevo medio de transporte urbano: el motocarro de carga ligera nada más y nada menos. Aquellos endiablados artefactos son los reyes de las calles de Tehuantepec y constituyen el mejor aliado de las señoras amitas de casa, amitas de hogar, que regresan del mercado con el mandado.
De Santo Domingo Tehuantepec seguí a otro Santo Domingo (Zanatepec). Algo más de cien kilómetros por un terreno sorprendentemente llano, el istmo de Tehuantepec. Los primeros cuarenta kilómetros hasta La Ventosa bien, con un acotamiento generoso. A partir de allí el acotamiento desapareció y el número de tráileres aumentó considerablemente. Afortunadamente para mí, la presencia de numerosos peregrinos ralentizaba tantito esas velocidades supersónicas a las que circulan los traileros mexicanos.
Viendo a aquellos peregrinos corriendo, todos indígenas chiapanecos y muchos de ellos descalzos, llegué a la conclusión que los indígenas chiapanecos y la religión católica forman una combinación explosiva.
Límite entre los estados de Oaxaca y ChiapasTras recorrer 625 kilómetros por la costa de Oaxaca tenía yo ganas de cambiar de estado (geográficamente hablando) y me hizo mucha ilusión cuando apareció en mi camino el cartelón que anunciaba la presencia de tierra chiapaneca.
Chiapas me recibió con un retén de soldados (el primero de una larga serie), una excelente carretera y un fortísimo viento que ponía en cuestión mi deseo de finalizar aquella jornada en Tonalá. Cuando llegué a Arriaga, estaba decidido a quedarme allí para ver si Eolo se relajaba tantito pero después de dar la vuelta por Arriaga decidí que era mejor seguir batallando con el dios del viento y pedalear los 23 kilómetros que restaban para llegar a Tonalá, lugar en el que no encontré demasiados atractivos pero que, cuando menos, me ofreció precios económicos.
La carretera que sigue hasta Tapachula es bien chistosa. Me explico. La carretera libre y la carretera de cuota discurren durante muchos kilómetros de forma paralela. Las dos son carreteras de un carril por sentido y la diferencia está en que la carretera de cuota intenta justificar el cobro del peaje con cartelones que anuncian mil y un servicios que, cuando menos yo, no los vi por ningún lado. Otra peculiaridad es la cantidad de lugares por los que uno puede pasar de una carretera a otra para sortear las casetas. Y por último, la numerosa presencia de soldados del Ejército Mexicano y de policías especializados en cuestiones migratorias.
Barrigas Bar de PijijiapanCuando llegué a Pijijiapan me sorprendió encontrar una ciudad de casi cincuenta mil habitantes. El lugar me gustó por tres motivos: por la tranquilidad que se respiraba en sus calles, por la cantidad de personas que circulaban en bicicleta y por el Barrigas Bar.
12 de Diciembre de 2003. El día que el país se paralizó para honrar a la Morenita del Tepeyac, yo me aventé los algo más de cien kilómetros que separan Pijijiapan de Huixtla. No, pues también Huixtla estaba grande. A pesar de ser día feriado para muchos, la mayoría de los comercios tenían sus puertas abiertas. Y quienes no estaban comprando-vendiendo, pues dando la vuelta que no cuesta dinero y es ejercicio saludable para el cuerpo y el espíritu.
De Huixtla recordaré que fue el lugar donde comí las mejores quesadillas desde que salí de la ciudad de México. Pollo, chicharrón, flor de calabaza, hongos con queso... para qué contarles más.
Y llegó el gran día. Sábado 13 de diciembre de 2003. Cuando la mañana todavía dudaba en si prender la luz o seguir en lo oscurito, emprendí mi camino rumbo a la Frontera Sur. Si observan el mapa de la bici-ruta verán que a partir de la costa de Michoacán su trazado parece tener un objetivo claro: buscar el límite sur de la República... por la vía rápida, como si el dedo de un niño se hubiera deslizado por el mapa intentando seguir el contorno del mismo.
El toro de Osborne presente en la carretera de Huixtla a Ciudad HidalgoEn mi camino me invadieron una mezcla de sentimientos: por un lado, el placer por "poner fin a tanto sufrimiento" y por otro, la tristeza porque algo parecía morir en Ciudad Hidalgo. Pero allí estaba el toro de Osborne, para recordarme que "hay que crecerse ante el castigo" y un pueblito con un nombre muy original "Viva México"
Y por mi mente fueron desfilando algunas de las imágenes del viaje, esas que decidí que no tuvieran ninguna interferencia en forma de cámara fotográfica entre ellas y mis ojos pero que quedarán para siempre en mi memoria.
Con el Padre Víctor en la azotea de la parroquia de San Martín de Huixquilucan (edo. Mex.), mientras el cielo se iluminaba con los fuegos artificiales. Platicando al caer la tarde con don Miguel Ángel, el fotógrafo del Santuario de Chalma (edo. Mex.). Con mi amigo Raúl Jaime Ortiz de Cuernavaca, durmiendo rodeado de muñecas en casa de su comadre doña Docha de Taxco (Gro.). Paseando con Elizabeth por Texcoco (edo. Mex.). Compartiendo el desayuno con un grupo de trabajadores de una empresa de plásticos de Querétaro en el Parque El Ocotal (edo. Mex.). Cuando José Francisco Arturo Mendoza Rivero, en San Bartolo del Llano (edo. Mex.), me entregó cien pesos y me dijo aquello de "acéptalo como cuates" Compartiendo unos deliciosos espagueti con Fernando, Tomás y Porfirio en el Parque Los Venados (edo. Mex.). Escuchando "La mano peluda" con César, Pablo y Grecia en el Nevado de Toluca (edo. Mex.). Platicando de Medio Oriente con Mario Gallegos en Valle de Bravo (edo. Mex.). Disfrutando de la hospitalidad de Alfonso Vargas Romero y su familia en Paracho (Mich.). Caminando con Rogelio por su terreno de Paracho (Mich.). Agradeciendo la generosidad de la señora María Guadalupe Sara Cabrera en Jacona (Mich.). "Molestando" al Padre José Ochoa Vaca de la Parroquia San Francisco de Asís en Jiquilpan (Mich.). Platicando con Mar y Ángela en Maruata (Mich.). Con Iveth, Raúl, Yosi y Xóchitl en la cantina La Fuente de Guadalajara (Jal.). Con Álvaro, Elza y sus cuates viendo Caltzontzin en Guadalajara (Jal.). Con Moisés tomando fotografías desde la azotea del hostal en Guadalajara (Jal.). Platicando con don Enrique Trujillo González, cronista de San Gabriel (Jal.). Desayunando con María Engracia Guillén Herrera en Boca de Túnel (Ags.). Jugando a voleibol con un grupo de personas acampadas en el Parador Ecoturístico Las Manzanillas (Ags.). Charlando con Juan de Connecticut en Zacatecas (Zac.). Platicando de la Sierra de Órganos con don Luis Martínez Ledesma en Sombrerete (Zac.). Esperando a don Leandro, comisariado ejidal de El Niño Artillero (Zac.).
Paseando por la lava solidificada del volcán Ceboruco con Andrés Montero Flores de Ahuacatlán (Nay.). Escuchando las historias de don Fidel Huerta Jacobo en Las Varas (Nay.). Tomando café con Paty Hernández, su esposo y su hijo Diego en La Paz (BCS). Comiendo con "El Yito" en San Miguel de Comondú (BCS). Descansando en el catre de don Miguel en el Rancho Palo Chino (BCS). Degustando los frijolitos de don Ramón en San Javier (BCS). Tomando café con don Heriberto en Guerrero Negro (BCS). Durmiendo en el pequeño café del Parador Punta Prieta (BC). Con Elena Pomar, en la inauguración de la Feria de la Industria de la Construcción de Ensenada (BC). Con Fabiola y Pedro de Ensenada (BC), en casa de sus amigos franceses comiendo un exquisito dorado. Comiendo carnitas con María en El Sauzal de Rodríguez (BC). Tomando una chabela con Ernesto Castro en Mexicali (BC). Agradeciendo la confianza de los propietarios de los restaurantes de San Luisito y Los Vidrios (Son.). Componiendo la cadena de la bicicleta con unos cuates de Pitiquito (Son.). Durmiendo en el Albergue para transeúntes San Juan Diego de Caborca (Son.). Comiendo una torta con Gerardo Ramos y su esposa en Hermosillo (Son.). Recorriendo Puerto San Carlos en la camioneta de Vicente Chávez Carranza de Guaymas (Son.). Desayunando con la tía Blanca y el tío Juan en Los Mochis (Sin.). Turisteando con Carme y Bi por Chihuahua (Chih.). Tomando una cerveza con Raúl Sánchez Trillo y su compañera en Chihuahua (Chih.). Descansando en la hamaca de Porfirio Díaz López, don Porfi, en Santa María Huamelula (Oax.).
Gracias a todos ellos por los buenos momentos que hemos compartido. Gracias también a las autoridades deportivas de las ciudades (Morelia, Aguascalientes, Tijuana, Mexicali, Hermosillo, Culiacán y Colima) donde me quedé en las instalaciones deportivas. Gracias a Alba y Alfredo, Blanca Gutiérrez Galindo y Mauricio Ramos en la ciudad de México. A quienes han leído los relatos publicados por el caballero pedaleante, a quienes se han comunicado conmigo. Y, por supuesto, a la rojigualda por soportarme durante doce mil kilómetros.
Indicación de Guatemala a la entrada de Ciudad Hidalgo- Oye rojigualda, me temo que esto se está acabando.
- Bendito sea el Señor, ya tenía yo ganas de escuchar algún día esas palabras.
- Después de aquella curva está Ciudad Hidalgo, el punto final de nuestro viaje.
- ¿Y más allá?
- Más allá está Guatemala.
- Entonces, ¿ya estuvo?
- Pues... quién sabe.
- ¿Qué quieres decir con esa respuesta tan ambigua y al mismo tiempo tan mexicana?
- Pues que no sé a ciencia cierta qué nos depare el futuro. Necesito descansar tantito y poner en orden mis ideas.
- Qué pasó güerito, nunca te había visto llorar.
- No es llanto rojigualda, es el humo del cigarrillo, que me ha entrado en el ojo y me hace llorar.
- No inventes güerito.
Facun.

anterior relato - siguiente relato


Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Oaxaca

- Guía Oficial de la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca

- Secretaría de Cultura del estado de Oaxaca

- Aquí Oaxaca
- Oaxaca mío

- Puerto Ángel
- Costa Chica

- A Diario Oaxaca


- Mapa del estado de Chiapas

- Guía Oficial de la Secretaría de Turismo del estado de Chiapas

- Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas

- La ventana a la Frontera Sur
- Mundo Chiapas

- Enlace Zapatista
- Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria
- Escuelas para Chiapas

- Diario de Chiapas
- Centro de Medios Independientes, Chiapas
- Fronterizo Chiapas