sábado 15 de noviembre de 2003

Tras las huellas de Juan Rulfo

Del 11 al 14 de Noviembre de 2003

Cartel con un fragmento de El llano en llamas en la carretera de Sayula a San GabrielVine a Sayula porque me dijeron que acá nació el 16 de Mayo de 1917 un ESCRITOR, un tal Juan Rulfo.
Siempre me ha gustado recrear las historias que he leído en los libros y conocer los lugares que fueron importantes para las personas que escribieron esas historias.
Recuerdo que cuando leí por primera vez Pedro Páramo, hace unos años ya de aquello allá en "la madre patria", pensé que algún día yo también recorrería aquellos lugares y respiraría aquella atmósfera que Juan Rulfo reflejaba en su obra.
Cuando me di cuenta de lo cerquita que me encontraba de lugares como Sayula, San Gabriel y Apulco no dudé un instante en acudir hasta allí en busca de las huellas del para mí mejor autor de la literatura mexicana que, a pesar de que su obra escrita no fue tan numerosa como acostumbran hoy día los vendedores de libros que colocan sus "best-sellers" en los aparadores de las librerías, no es menos cierto que lo que Juan Rulfo (1917-1986) escribió, fue bueno y breve y, por consiguiente, dos veces bueno.
Les invito en este relato a recorrer conmigo algunos de esos lugares y leer fragmentos de la obra de Juan Rulfo. Es necesario aclarar desde un principio que, cuando Rulfo cita en su relato a Comala, no se está refiriendo al Comala "el pueblito blanco" del estado de Colima que mencionábamos en nuestro relato "Desde la ciudad de las palmeras" El de Rulfo es un Comala imaginario que tiene más similitudes con el San Gabriel jalisciense que yo conocí que con el Comala colimense.
Pila bautismal de piedra en el atrio de la Parroquia de la Inmaculada Concepción en SayulaCasa natal de Juan Rulfo en SayulaSegún su fe de bautismo y su acta de nacimiento, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno nació en Sayula un 16 de mayo de 1917. En el número 32 de la calle Francisco I. Madero (hoy número 124 A de la calle Ávila Camacho) encontré la casa.
De Sayula me encantaron los numerosos portales que, en un total de diez, se pueden admirar en el Centro Histórico. Portales bautizados, la mayoría de ellos, con los nombres de los héroes nacionales, de diferentes estilos arquitectónicos y que guardan en su memoria un sinfín de historias.
Portal Morelos en SayulaPortal Hidalgo en SayulaEntrada a casa en el Portal Colón de SayulaLos portales, además de constituir un estupendo refugio en días lluviosos, sirven para prolongar el espacio de los comercios que se cobijan en ellos y, en ocasiones, albergan esas casas con patio interior que tanto me agradan. Casas que normalmente tienen sus puertas abiertas, como si nos estuvieran invitando a traspasar el umbral de las mismas o cuando menos a asomarnos.
Aunque fue Sayula el lugar donde nació el escritor, los primeros años de su vida los pasó en San Gabriel. Los cuarenta kilómetros que separan Sayula de San Gabriel discurren por un terreno parejo: veinte de subida y veinte de bajada.

El camino subía y bajaba: sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja.

En mi camino, a 25 kilómetros de Sayula, me topé con Apango.

De Apango han bajado los indios con sus rosarios de manzanillas, su romero, sus manojos de tomillo. No han traído ocote porque el ocote está mojado, y ni tierra de encino porque también está mojada por el mucho llover. Tienden sus yerbas en el suelo, bajo los arcos del portal, y esperan.

Calle principal de ApangoLa "avenida principal" de Apango lucía solitaria aquella mañana soleada de mediados de noviembre de 2003 con un viento frío que penetraba hasta los huesos. Pude constatar que las obras del futuro centro de salud iban a buen ritmo (lento) mientras la maestra, con su radio grabadora en la plaza, intentaba hacer bailar a sus pequeños al ritmo de Cielito Lindo primero y Guadalajara después.
Las notas de Guadalajara se apagaron cuando irrumpió el panadero, con su camionetota haciendo sonar su claxon. La señito de la tienda compró quince pesos de bolillo. No, definitivamente, el mayoreo todavía no ha llegado a Apango.

Los indios levantaron sus puestos al oscurecer. Entraron en la lluvia con sus pesados tercios a la espalda; pasaron por la iglesia para rezarle a la Virgen, dejándole un manojo de tomillo de limosna. Luego enderezaron hacia Apango, de donde habían venido. "Ahí será otro día", dijeron. Y por el camino iban contándose chistes y soltando la risa.

El Llano Grande con el cerro El Petacal en el centro, visto desde la carretera de Sayula a San GabrielSiguiendo mi camino, conforme iba bajando, apareció una hermosa vista del Llano Grande, ese extenso bajío situado entre los volcanes de Colima, Cerro Grande, la sierra de Manantlán y la de Tapalpa.

En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más adelante, la más remota lejanía.

El Llano Grande se extiende por los municipios de San Gabriel, Tolimán, Tonaya, Tuxcacuesco y Zapotitlán de Vadillo.

Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos.

San Gabriel visto desde la carretera de Sayula a San GabrielLa carretera sigue bajando y San Gabriel aparece en el fondo del valle.

Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche.

Es hermoso eso de admirar el paisaje cuando uno va bajando en su bicicleta y únicamente debe preocuparse de frenar de cuando en cuando para no perder el control de la situación.

Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.

Cuando llegué a San Gabriel me acordé de unas declaraciones que hizo Juan Rulfo sobre su actividad literaria: "No puedo escribir de lo que veo. Tengo que imaginármelo" Aquella atmósfera tórrida que reflejaba Juan Rulfo en Pedro Páramo parecía surgir de su imaginación.

No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre.

Kiosco de la Plaza de San GabrielArcos del Portal en San GabrielSan Gabriel es un buen punto para utilizarlo como base para nuestros recorridos por tierras rulfianas. Aquí vivió Juan Rulfo hasta los nueve años. El pueblito está francamente bonito y, sobre todo, se respira una exquisita tranquilidad. Existe un único hotel, que aceptó negociar el precio que pagué por tres noches de alojamiento.
En San Gabriel tuve la fortuna de conocer a don Enrique Trujillo González, cronista de la ciudad y responsable de la Casa de la Cultura. Tenía yo ganas de conocer a un cronista del México lindo y querido pues se trata del segundo de los oficios más atractivos que he conocido en este país (el primer lugar en el ranking de momento lo ocupa mi actual oficio, es decir, el de vago).
Al bueno de don Enrique lo caché, lupa en mano, revisando unos documentos manuscritos del siglo nosécuántos escritos en un español ciertamente complicado de entender. Con él tuve oportunidad de platicar largo rato acerca de la obra de Juan Rulfo y de su querido San Gabriel. Él me echó la mano para diseñar una serie de recorridos bicicleteros por tierras rulfianas y me ayudó a corregir los innumerables errores que mi mapa de carreteras del estado de Jalisco (Guía Roji, edición 1999) contenía en relación con aquella región del sur de Jalisco.
También me contó que allá por 1934 San Gabriel, de forma totalmente arbitraria, fue renombrado como Venustiano Carranza y fruto de una batalla en la que don Enrique fue pionero, después de casi sesenta años, en 1993, las aguas volvieron a su cauce y el nombre original de la población volvió a ser utilizado de forma oficial.
Lo primero que hice fue recorrer San Gabriel.

Recorrió las calles solitarias de Comala, espantando con sus pasos a los perros que husmeaban en las basuras. Llegó hasta el río y allí se entretuvo mirando en los remansos el reflejo de las estrellas que se estaban cayendo del cielo. Duró varias horas luchando con sus pensamientos, tirándolos al agua negra del río.

Explanada del Templo del Señor de la Misericordia en San GabrielCasa de San Gabriel donde pasó su infancia Juan RulfoEn el número 8 de la calle Hidalgo, a espaldas del Templo Parroquial, encontré la casa donde vivió hasta los nueve años Juan Rulfo y al final de la calle Gabino Velasco, al lado del Templo a Nuestra Señora de Guadalupe, la escuela Primaria a la que acudió, hoy Jardín de Niños "Idolina Gaona Ruiz"
Después comencé a "investigar" en los alrededores, lo cual me llevó primero a Telcampana (a cuatro kilómetros de San Gabriel en dirección a Cuatro Caminos, lugar donde se juntan los rumbos de San Gabriel, Tolimán, El Grullo y Ciudad Guzmán).

Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías. Las ventanas de las casas abiertas al cielo, dejando asomar las varas correosas de la yerba. Bardas descarapeladas que mostraban sus adobes revenidos.

Ruinas de antigua hacienda en TelcampanaRuinas de antigua hacienda en TelcampanaRuinas de antigua hacienda en TelcampanaEn una antigua y ruinosa hacienda de Telcampana, en el mes de mayo, se representan pasajes de los cuentos de Juan Rulfo dentro de los actos que año con año se celebran con motivo de la "Ruta Rulfiana"

Miré las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba. ¿Cómo me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba ? La capitana, señor. Una plaga que nomás espera que se vaya la gente para invadir las casas. Así las verá usted.

Después le seguí a Apulco (a 18 kilómetros de San Gabriel por la carretera hacia El Grullo). Apulco es un hermosísimo lugar, cuya iglesia presenta todavía los efectos del sismo de enero de 2003, donde Carlos Vizcaíno, el abuelo materno de Juan Rulfo, tenía una hacienda a la cual parece ser fue llevado el escritor después de su nacimiento durante un tiempo que no logré descubrir cuánto fue exactamente.
Hacienda de ApulcoInterior de la hacienda de ApulcoTorre de la iglesia de ApulcoAquella hacienda en la actualidad es un monasterio cuyos moradores, adoradores del Santísimo, al parecer se la pasan el día rezando. Como a mí no me gusta interrumpir a la gente cuando está en su chambita, habiendo sido advertido que la rehabilitación de la antigua hacienda se había realizado sin respetar el diseño original y finalmente, anteriores experiencias de otras personas me informaron que las visitas allí no eran bien recibidas, decidí no tirar del mecate que hacía sonar la campana del monasterio anunciando mi presencia.
El cerro El Petacal visto desde la carretera de San Gabriel a TolimánEl cerro El Petacal visto desde la carretera de San Gabriel a TolimánEl cerro El Petacal visto desde la carretera de San Gabriel a TolimánDe modo que me marché rumbo a Tolimán, al encuentro del "Cerro Enencantado". El Cerro El Petacal aparece como una isla en medio del llano y caminé entre plantaciones de ágave, milpas y nopaleras para acercarme un poquito más.
Dicen que cuando se celebró la primera misa católica en la región, en el lejano siglo XVI nada más y nada menos, del interior del cerro surgió un ruido muy feo. Cuando algunas personas se acercaron hasta allí descubrieron una gran cantidad de ídolos, los dioses que adoraban los más primeros habitantes de aquellas tierras. Desde entonces este cerro ha gozado de mala reputación, ha sido visto como algo diabólico y, por supuesto, ha servido para alimentar la fantasía de muchas gentes con historias acerca de los supuestos tesoros que guarda en sus entrañas.
En algún lugar leí que un grupo de católicos de Llano Grande estaba promoviendo actualmente establecer una gran estatua de Cristo Rey en las alturas de El Petacal. Aguas porque como le provoquen de esa forma, el cerro se puede transformar en uno de esos caballos salvajes que no admiten ser montados por nadie.
Ya sólo quedaba buscar las huellas de la Media Luna, la hacienda rodeada de enormes extensiones de terreno que fuera morada de las tres generaciones de los Páramo.

Mire usted -me dice el arriero, deteniéndose- ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltíe para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltíe para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal.

Respecto a la Media Luna, no llegué a encontrar nada que tuviera cierta afinidad con la Media Luna que brotó de la imaginación de Juan Rulfo.
Fue emocionante recorrer todos estos lugares que fueron el escenario en el que pasó Juan Rulfo los primeros diez años de su vida. Descubrí varias cosas: primero, que hoy día no es posible encontrar en aquella región del sur de Jalisco el ambiente que describe Juan Rulfo en su obra y segundo, que no me dio la impresión de que aquella fuese, según había leído en un periódico estatal, "una de las zonas más atrasadas del estado de Jalisco"
Acudí a despedirme de don Enrique, que continuaba en aquel cuartito donde los libros y el material permanecen arrumbados por la voracidad de un gobierno municipal que va reduciendo día con día el espacio destinado a la cultura. Le deseé que él también algún día pueda cumplir su sueño: viajar a España y bucear entre los documentos de los archivos "de la madre patria" buscando las claves que le lleven a descifrar los misterios históricos de su querido San Gabriel. A pesar de todas las dificultades que don Enrique enfrenta en su trabajo todavía tuvo ganas de bromear conmigo diciéndome que esperaba ser invitado a la boda de "el principito español" pues me mostró orgulloso una carta que había recibido hace años de la Casa Real agradeciéndole la felicitación navideña que él había enviado.
Después de este pequeño paréntesis por el estado de Jalisco nuestra bici-pato-aventura continuará por tierras de Colima buscando la costa de Michoacán. Cuando abandoné San Gabriel un último pensamiento me vino a la mente, nuevamente la voz de Juan Rulfo se escuchaba en El Llano.

Allá hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad. El amanecer; la mañana; el mediodía y la noche, siempre los mismos; pero con la diferencia del aire. Allí donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida...

Hasta la próxima semana.
Facun.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Jalisco

- Secretaría de Turismo del Estado de Jalisco

- Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco

- Turismo en Jalisco
- Mi Jalisco

- Juan Rulfo
- Cuentos de Juan Rulfo
- Fotografías de Juan Rulfo

- La Jornada Jalisco

2 comentarios:

APANGO ha dicho

HOLA SOY ALBERTO EUGENIO RODRIGUEZ VICTORIA,
MISPADRES RAMON RODRIGUEZ MORALES Y SIXTA VICTORIA SANTANA SON ORIGINARIOS DE APANGO JALISCO Y CON GUSTO AQUI LES DEJO ESTAS FOTOS DE APANGO Y EL OJO DE AGUA

http://www.metroflog.com/apangojalisco
http://www.metroflog.com/apangojalisco

Caballero Pedaleante ha dicho

Gracias Alberto por compartir tus fotos.
Saludos.