Me despedí del sur del estado de Jalisco con una última mirada a los volcanes. En mi camino hacia Colima, por la autopista, aparecieron la pareja de volcanes. Allí estaban el Volcán de Fuego y el Volcán Nevado de Colima.Una vez leí que quien pasaba por la Piedra Lisa de la ciudad de Colima y se caía, era señal de que algún día regresaría a la ciudad. Otra versión afirmaba que bastaba únicamente con deslizarse por ella.
Pues bien, quizás sea necesario establecer una tercera suposición que nos lleve a afirmar que "aquél que fotografíe la Piedra Lisa, algún día regresará a Colima"
El caso es que iba yo por el libramiento de la ciudad en mi camino hacia Tecomán cuando un inoportuno ponchazo (¿alguna vez serán oportunos?) de la llanta trasera de la rojigualda me obligó a detenerme. Cambié la cámara y cuando me aprestaba a inflarla me di cuenta que la bomba manual que llevo conmigo para dicho menester, sorprendentemente, había dejado de funcionar.
Yo, que me había limitado a fotografiar la Piedra Lisa, me vi obligado a regresar a la ciudad de Colima a comprar una nueva bomba pues mi capacidad pulmonar está bien mermada para hinchar llantas con tanto fume y fume.
Una vez resuelto el pequeño contratiempo, al día siguiente continué mi camino. Tecomán me recibió con sus calles principales cerradas al tráfico para permitir que se celebrase el desfile de los chavitos de las escuelas. Era la víspera del 20 de Noviembre, Día de la Revolución en el México lindo y querido.


Crucé el puente sobre el río Coahuayana, límite natural entre los estados de Colima y Michoacán. Me encontraba nuevamente en tierras michoacanas pero en esta ocasión en un territorio totalmente desconocido para mí, el que forman los pueblitos asentados a los lados de la carretera federal costera 200.Me quedé en San Juan de Alima. Era la primera vez a lo largo de nuestra bici-pato-aventura que llegaba a un hotel con vistas al mar (hotel Costa Azul).

San Juan de Alima es un conjunto de hoteles (no muchos) y una playa. Ni siquiera llegué a ver una iglesia, lugar que, de alguna forma, identifica a los pueblitos.Seguí pedaleando por la costa michoacana hasta llegar a Maruata, lugar que mi amigo don Mario Gallegos, de Valle de Bravo (edo. Mex.), me había recomendado conocer. En Maruata, un tipo posiblemente emparentado con Al Capone, me rentó una cabaña (sin baño). El lugar se llama "El dedo de Dios"
La playa de Maruata está muy bonita y la gente del pueblo es bien curiosa. Muchos de ellos platican en su lengua (náhuatl) y les gusta escuchar la música (mestiza) a todo dar, costumbre muy mexicana por otro lado.

En Maruata conocí a Mar y Ángela, dos muchachas vecinas de La Floresta (Barcelona). Platicamos mucho acerca de nuestras respectivas experiencias viajeras en este país. Ángela, que ya había estado anteriormente en Maruata, me contó muchas cosas acerca de los cambios que había observado en aquel lugar con el paso de los años. Al parecer, Maruata "va ganando adeptos" año con año aunque, de momento, la situación no es "alarmante" y las épocas de mayor ocupación "cabañera" (allí no hay hoteles) coinciden con los días feriados en México.Una de las cosas que más me llamó la atención al pasear por el pueblito fue que, a pesar de la frecuente llegada de personas ajenas a la comunidad y los consiguientes ingresos económicos que ello debe generar, las gentes de allí parece que siguen desarrollando el mismo estilo de vida de siempre (los hombres, de la hamaca a la silla y de la silla a la hamaca) y sus casas, al menos exteriormente, no presentan grandes cambios. La neta, creo que Maruata es un raro ejemplo de "desarrollo turístico sustentable" y en ello creo que tiene mucha "culpa" el buen gobierno del ejido.

Otro de los atractivos de Maruata es el hecho de que sea la principal playa donde se reproduce la tortuga negra y en la comunidad cuentan con un vivero de tortugas. Ángela me contó bonitas historias de cuando tuvo oportunidad de acompañar a los tortugueros y pudo presenciar cómo las tortuguitas depositaban los huevos en la playa. Ella se sorprendió del tamaño gigantesco de aquellas tortugotas, si las comparamos con las que tuvimos siendo niños, las típicas tortugas enanas en aquellas peceras que contaban con una isla paradisíaca en el centro.Para no hacerles el cuento largo les diré que me gustó Maruata. Me pareció un lugar excelente para pasar unos días (fuera de esas fechas puntuales en las que acude mucha gente) y tener la oportunidad de descansar, convivir con las gentes de la comunidad (dejando a un lado el posible pariente de Al Capone, las personas que conocí fueron muy amables conmigo), intentar entrarle al asunto de las tortugas...
Quizás algún día el caballero pedaleante regrese a Maruata para "escribir sus memorias" pero en aquel momento optó por seguir su camino y recorrer los cien kilómetros que separan Maruata de Caleta de Campos.
Carretera que sube y baja, todas las indicaciones que apuntan a Playa Azul, hermosos parajes solitarios, bonitas vistas, la Sierra Madre del Sur presente, mi cuerpo serrano destilando grandes cantidades de sudor... En fin, lo reglamentario.Mi esfuerzo tuvo su recompensa y ésta llegó cuando encontré un cuarto en el hotel Los Arcos de Caleta de Campos con unas vistas al mar muy hermosas. Y es que, amigos míos, debo confesarles que "el tour" por la costa michoacana iba viento en popa a toda vela, o "a toda madre" que se dice por aquí. Me río yo de la Baja California.
De Caleta poco que contar excepto que su calle principal y la plaza parecían un tiradero el día que yo llegué (21 de noviembre). Curiosamente, no vi un solo bote para depositar la basura. Como no me gusta pasearme entre la basura, después de comerme unos tacos, me marché a contemplar el mar que todavía los caletenses no han "enmierdado" El mar, la mar, itxasoa... relajante espectáculo tras un día de dura batalla bicicletera.Al día siguiente la pedaleada de setenta kilómetros hasta Lázaro Cárdenas estuvo más liviana. El camino resultó más asequible y pude pedalear a buen ritmo y sin fatigarme tanto. A la altura del poblado La Mira se encuentra la desviación hacia Playa Azul. La curiosidad me llevó a acercarme hasta aquel lugar (6 kilómetros desde el crucero) que, a priori, parecía "el buque insignia" de las playas de la costa michoacana.
Llegué a la conclusión que Playa Azul es la típica playa que les agrada a mis amigos mexicanos. Mucha enramada donde degustar exquisitos platillos o refrescarse el paladar con un jugoso coco mientras se escucha la última de los reyes de reyes, Los Tigres del Norte, a todo dar en la rocola. Ah, y también hay playa y mar.A partir de La Mira el tráfico fue incrementándose notablemente hasta llegar a Lázaro Cárdenas, "importante puerto industrial, donde importaciones y exportaciones diariamente son transferidas"
Como en Lázaro Cárdenas me dio la impresión que uno no tiene mucho que hacer, excepto si se es marinero o comerciante, no prolongué demasiado mi estancia en la ciudad en la que el precio de los periódicos (michoacanos) se incrementa entre un 10 y un 20% sobre su costo normal, dizque porque los distribuidores se los dan más caros. Definitivamente, hay cosas en este país que no logro comprender.
Seguí mi camino y en esta ocasión fue el río Balsas, límite natural entre los estados de Michoacán y Guerrero, el que tuve que superar para adentrarme en tierras del estado que toma su nombre del héroe nacional nacido en Tixtla, Vicente Guerrero (1783 -1831), quien luchó por la independencia de México bajo las órdenes de José María Morelos.Ciento quince kilómetros separan Lázaro Cárdenas de Zihuatanejo. Llegué a contar hasta cinco retenes militares, todos ellos en el estado de Guerrero, y afortunadamente en ninguno de ellos me hicieron detener. El camino es liviano, con subidas y bajadas muy ligeras. Yo me imaginaba que así sería mi recorrido por la carretera costera pero mi paso por la costa de Jalisco y Michoacán fue más tortuoso.
En Zihuatanejo me quedé en el Angela's Hostel. Se encuentra en el mero centro de la ciudad, calle Pedro Ascencio, cerquita de la Parroquia de Santa María de Guadalupe. Es un lugar recomendable.


Zihuatanejo es el típico lugar de turismo de masas, al que acude mucha gente por medio de los denominados "paquetes turísticos". Los mayoristas del sector han realizado un buen trabajo para vender este destino que yo compararía con el Benidorm de "la madre patria"Los precios son asequibles, asequibles para quienes los pueden pagar claro. Yo sé que en México existe muchísima gente cuya prioridad en esta vida es sobrevivir, subsistir, llenar su estómago cada día. Eso de vacacionar en Zihuatanejo es para ellos tan ciencia ficción como lo es para mí alojarme en el Sheraton o todos esos hoteles a cuyos nombres les agregan los términos Inn o Resort. Por todo ello, cuando digo "precios asequibles" no quisiera que lo tomasen como un insulto aquellas personas que no pueden permitirse pagarlos.
El caso es que la gente de poco billete (como su servidor de ustedes) vacaciona en Zihuatanejo y los potentados lo hacen en el vecino Ixtapa, distante únicamente quince kilómetros. Un ejemplo más de la necesidad imperiosa que tienen los ricos por no mezclarse con la plebe, evitándose de ese modo exponerse a "contagios"
Además de sus diferentes playas, Zihuatanejo cuenta con muchísimos lugares donde comer y beber. Hay también bares con "música viva" y, claro, los típicos establecimientos playeros de venta de huaraches, ropa de playa y todos esos artículos afines que todo buen mexicano olvida incluir en su equipaje.
Zihuatanejo en la noche invita a desvelarse escuchando a los cantantes que ruletean por los bares y le dan el toque bohemio que todo destino de playa lleva asociado.
Me despedí de Zihuatanejo con la sonrisa en la boca después de leer la norma número cuatro del Reglamento de la Unidad Deportiva: "Prohibido los malos actos en las parejas" ¿Acaso se referirá a los malos tratos?
Puse rumbo a Acapulco. Doscientos cuarenta kilómetros que dividí en dos jornadas. En la primera de ellas, cuando llevaba recorridos algo más de cien kilómetros, apareció en mi camino San Luis de la Loma. Negocié un cuartito con televisión por cable y me puse a ver el juego de Liga de Campeones entre el Olympique de Marsella y el Real Madrid, en uno de esos escasos momentos en que tengo oportunidad de ver en la tele algo mejor al noticiero de Javier Alatorre o el de Joaquín López Dóriga.
Ya sólo faltaba recorrer los ciento cuarenta kilómetros que me separaban de Acapulco
Lo hice a buen ritmo, disfrutando de la sensación que proporciona el hecho de completar un nuevo cachito en mi camino hacia un final que cada vez está más cercano. Al llegar a Acapulco nuevamente constaté las tres claves entre las que había oscilado mi paso por la Costa Grande de Guerrero: la suciedad y la basura, la belleza de sus mujeres y el calor.
Tiempo tendremos la próxima semana para platicar acerca de Acapulco pero ahora es el momento de trabajar duro para hacerles llegar un nuevo relato.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Colima
- Secretaría de Turismo del Estado de Colima
- Secretaría de Cultura del Estado de Colima
- Fuego Bike Internacional Colima
- Diario de Colima
- Mapa del estado de Michoacán
- Secretaría de Turismo del Estado de Michoacán
- De pata de perro
- Michoacán Travel
- La Voz de Michoacán
- La Jornada Michoacán
- Mapa del estado de Guerrero
- Guerrero turístico
- La Jornada Guerrero
- Diario de Guerrero
- Despertar de la Costa
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