sábado, 18 de octubre de 2003

Que me siga la tambora

Del 6 al 17 de Octubre de 2003

Radiografía del güerito en CuliacánÚltimamente todo mundo me dice que estoy muy flaco. El otro día me miré en el espejo y ciertamente me espanté. ¿Me habré transformado en la catrina de José Guadalupe Posada? Tras desayunar y despedirme del tío Juan y la tía Blanca en la ciudad de Los Mochis, agarré la rojigualda y emprendí el camino hacia Culiacán, la capital del estado de Sinaloa. Los doscientos kilómetros que separan ambas ciudades y, sobre todo, la amenaza de un nuevo huracán (Olaf) hicieron que me tomase las cosas con más calma de lo acostumbrado.
Procesión en honor de Nuestra Señora del Rosario en GuasaveEn mi camino me quedé a descansar en Guasave y Guamúchil, lugares que no aportaron gran cosa a nuestra bici-pato-aventura. En Guasave caché a un grupo de vecinos paseando a Nuestra Señora del Rosario, patrona de la localidad y en cuyo honor estaban celebrando alguna suerte de festejo pues la plaza delante del Santuario se encontraba invadida de juegos mecánicos y vendedores de objetos varios. En la ciudad famosa por la cría de caballos "pura sangre" apenas vi un burro (de cuatro patas) acarreando sobre su lomo sendos tinacos.
Respecto a la cabecera del municipio Salvador Alvarado (Guamúchil) ni siquiera el monumento a Pedro Infante en la Plazuela Municipal me animó a desenfundar mi cámara fotográfica para inmortalizar aquel instante.
Y así llegué a Culiacán, en una especie de carrera contra el reloj para evitar que Olaf llegase antes que yo al "lugar donde adoran al dios Coltzin", bautizada por los españoles (1531) como Villa de San Miguel de Culiacán, que fuera punto de avanzada desde donde partían los conquistadores hacia el norte del país.
En esa ciudad de 750,000 habitantes fui a pedir posada a la casa donde estuviera hospedado a mediados de enero de 1914 el mismísimo Venustiano Carranza. No es que yo sienta especial admiración por el "Barbas de chivo" pero casualmente en ese lugar, en el número 565 de la avenida Teófilo Noris, se encuentra en la actualidad la sede del Instituto Sinaloense del Deporte y como tengo buenas experiencias con los organismos deportivos estatales de este país... El caso es que me ofrecieron alojamiento gratuito durante cuatro días en el albergue para deportistas, con vigilancia las 24 horas del día.
Monumento a Zapata en el Bulevar Emiliano Zapata de la ciudad de CuliacánEdificio Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa en la ciudad de CuliacánTenía muchas dudas antes de llegar a Culiacán acerca de lo que iba a encontrarme allí. Algunas personas me habían aconsejado que no me quedase demasiado tiempo en una ciudad que cargaba sobre sus espaldas una negra realidad de violencia por pleitos entre personas relacionadas con asuntos de narcotráfico. Yo pensaba: "Bueno, mientras la bronca sea entre ellos... que se den en la madre si quieren"
En principio Culiacán no me pareció una ciudad particularmente insegura. Como tantos otros lugares de la República Mexicana imagino que tendrá sus zonas complicadas pero raramente me topo con ellas, y si lo hago, es posible que no me dé cuenta.
La ciudad donde los ríos Tamazula y Humaya se unen para dar lugar al Río Culiacán me sorprendió por su gran cantidad de puentes, unos para evitar el cauce de los ríos y otros para dar paso a carreteras elevadas.
Si he de ser sincero nunca llegué a encontrarle el chiste a la capital del estado de Sinaloa. Algunos lugares de la ciudad sí me parecieron interesantes: el Centro de Ciencias de Sinaloa, el Parque Culiacán 87 y el Difocur.
Lago en el Parque Culiacán 87 de la ciudad de CuliacánCentro de Ciencias de Sinaloa en la ciudad de CuliacánEl Centro de Ciencias de Sinaloa se encuentra en el número 2771 de la Avenida de las Américas, al norte de la ciudad. Está catalogado como uno de los mejores centros de su tipo en México y, además de sus diez salas de exhibición, cuenta con laboratorios para que los chavos que acuden de las escuelas puedan acercarse al complejo mundo de la ciencia desde un punto de vista eminentemente práctico.
El Parque Culiacán 87 se encuentra al sur de la ciudad y está considerado como el espacio recreativo más grande del noroeste del país. Un excelente lugar para irse de pinta que cuenta con parque, lago artificial, gimnasio, alberca olímpica, auditorio, canchas deportivas y juegos mecánicos.
Instalaciones del Difocur en la ciudad de CuliacánInstalaciones del Difocur en la ciudad de CuliacánInstalaciones del Difocur en la ciudad de CuliacánEl Difocur es un centro cultural de bellísima arquitectura y con muchos espacios para actividades de teatro, danza, cine, exposiciones. Está ubicado en la zona centro de la ciudad.
Además de estos tres lugares visité algunos otros: la Catedral de Nuestra Señora del Rosario (1855); el Palacio Municipal, uno de los edificios más Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario en la ciudad de Culiacánantiguos (1842) que se conservan en la ciudad; el Casino de la Cultura. Los tres se encuentran cerquita unos de otros, sobre la Avenida Álvaro Obregón en la zona centro.
Tal y como vengo detectando últimamente en algunas capitales de estado, Culiacán también se ha rendido a la "modernidad" y ha construido su espacio gigante e impersonal para albergar las oficinas del gobierno del Estado. Es la Unidad Administrativa y se encuentra sobre la calzada Independencia. Por aquel rumbo encontré un lugar bien curioso: la Capilla a Jesús Malverde en la ciudad de CuliacánCapilla a Jesús Malverde, el "Bandido Generoso" de finales del siglo XIX, el cual tiene fama de milagroso y es santo patrón de todo tipo de ciudadanos, principalmente de los que tienen problemas con la ley. En el interior de la "basílica": esculturas de santos pintadas en brillantes colores, veladoras, fotografías, testimonios de agradecimiento por los favores recibidos. Bien naca pero sabrosa me pareció la capilla en honor a "el Robin Hood de Culiacán"
Siguiendo con el capítulo de los lugares de culto me acerqué hasta la Lomita para visitar el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, que cuenta con hermosos vitrales. Desde su exterior se puede admirar una hermosa panorámica de la ciudad.
Templo de Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de CuliacánTenía yo interés en pasear por un lugar al que han bautizado como el Malecón (Paseo Niños Héroes). El caso es que a alguien se le ocurrió escribir aquello de "La ciudad, sin ser puerto, da la impresión de serlo por su clima cálido y el temperamento costeño de su gente" Ignoro si se trata de la misma persona a la que se le ocurrió llamarle malecón al paseo a lo largo del Río Tamazula. De todos modos yo le aconsejaría darse un paseo por el MALECÓN de Mazatlán y después reflexionar tantito.
Por último, debo confesar que hubo algunos lugares que a pesar de encontrarlos en mi camino no visité, no por falta de tiempo sino más bien por pura flojera. Éstos son: el Museo de Arte de Sinaloa (cerca del Difocur), la Galería Frida Kahlo (calle Teófilo Noris) y el Parque Constitución (en él se encuentra el Museo Regional de Sinaloa).
Así pues, me despedí de Culiacán, una ciudad de la que siempre recordaré tres cosas: las damas-policía de tránsito, pues el uniforme les quedaba francamente bien; un ejército de cerillos (los muchachos que gentilmente nos guardan nuestras compras en las bolsas a la salida de las cajas de los supermercados) formado a primera hora de la mañana a las puertas de un conocido centro comercial, siendo inspeccionados minuciosamente (aseo personal, ropa, calzado, gafete) por cerillos ascendidos a jefes de cerillos; y por último, la banda de cornetas y tambores perteneciente no sé a cuál escuela, que en las tardes se la pasaba ensaye y ensaye en la Plazuela Rosales.
Como últimamente en este país estoy dejando a un lado la vergüenza y la timidez (aunque todavía me queda bastante), me marché de Culiacán y con decisión me dirigí a la entrada de la autopista que une Culiacán con Mazatlán. Cuando llegué al peaje me subí a la banqueta, le di los buenos días al checador y seguí adelante. Mi consejo para los cicloturistas que deseen pedalear por las autopistas y carreteras de cuota mexicanas (infinitamente más seguras que las carreteras libres) es que, al llegar a las casetas, nunca utilicen el carril/los carriles destinados a los carros y camiones. En esos lugares siempre existe, en la orillita, un paso para peatones que es el que yo suelo utilizar. Hasta el momento nunca me han hecho pagar ni me han impedido el paso.
Tras pedalear alrededor de 120 kilómetros llegué a La Cruz de Elota (kilómetro 90 de la autopista), cabecera del municipio de Elota y distante unos 95 kilómetros de Mazatlán. Allí me quedé a descansar y en la mañana siguiente le seguí hasta Mazatlán.
De camino encontré una indicación que señalaba "Santuario Naturista del Pacífico" No crean, estuve tentado de investigar de qué se trataba aquello pero sabiendo que mis amigos mexicanos a menudo se despachan con la cuchara grande cuando de bautizar lugares naturales se trata, decidí continuar mi camino. Pasé la desviación a Dimas. A doce kilómetros se encuentra la Playa Las Labradas, donde había leído "se conservan una gran cantidad de piedras negras de gran tamaño y extremada dureza que fueron cinceladas por los más antiguos habitantes de estas tierras como testimonio de su paso por ellas" y según, constituyen las expresiones artísticas más antiguas del norte del país. Tampoco me detuve allí.
Donde sí lo hice fue en el kilómetro 72 de la autopista, lugar que a pesar de no contar con santuarios naturistas ni piedras milenarias, tiene estacionamiento con mirador, fuente de sodas y sanitarios. Me pareció un buen lugar para descansar y evitar pagar un cuarto en La Cruz de Elota.
Y finalmente llegué a Mazatlán. He de confesarles que desde hace algún tiempo tenía ganas de regresar a ese bello puerto, donde tenía un lugar limpio, digno y económico para quedarme.
Hacía algo más de tres meses que "el güerito" y la rojigualda se habían embarcado allí con rumbo a Baja California y regresaban nuevamente, él un poco menos güero y ella con algo más de lodo-polvo-arena en su armadura.
Mazatlán significaba en cierto modo el final de algo. El trazado del mapa de la bici-ruta se cerraba. La bici-pato-aventura podría haber terminado allí pero, sin embargo, nuestra aventura se asemeja a las ramas de un árbol. El árbol sería la ciudad de México y las ramas "la provincia" (creo que los chilangos ya me contagiaron su centralismo). El caso es que el punto y aparte, el punto y seguido o el punto y final de todo esto deseo que suceda en "la ciudad de la esperanza", de modo que tras descansar un par de días en Mazatlán continué con rumbo sur en una etapa (Mazatlán-Villa Unión-El Walamo-Las Garzas-Los Pozos-La Guásima-Playa Caimanero-Agua Verde-La Pedregosa-El Rosario-Escuinapa) que recomiendo realizar a quienes gusten de pedalear en bicicleta por lugares tranquilos y carreteras solitarias (los tramos de más tránsito son Mazatlán-Villa Unión y El Rosario-Escuinapa).
A Escuinapa llegaba también por segunda vez y he de decirles que en esta ocasión me sentí mejor que la primera. Una vez allí me planteé despedirme del estado de Sinaloa y adentrarme en el vecino Nayarit buscando una nueva ruta, misma que pasaba por Teacapán, casi en el límite entre los dos estados.
De Teacapán había leído que era "un puerto de pescadores con agradable ambiente natural", que sus playas estaban consideradas como "las más seductoras y vírgenes de Sinaloa, cuya incomparable belleza y tranquilidad cautivan a sus visitantes" y que el área era "una de las reservas ecológicas más importantes del noroeste mexicano por su abundante flora y fauna"
Todo parecía muy idílico. Por eso me sorprendió cuando, al preguntar a varias personas en Escuinapa acerca de aquel presunto paraíso, todas me respondieron lo mismo: "Es un pueblo chiquito" Parecía existir cierta diferencia de criterio entre el promotor turístico de Teacapán y los habitantes de Escuinapa (ambos lugares pertenecen al mismo municipio). Decidí recorrer los cuarenta kilómetros que separan Escuinapa de Teacapán y formarme mi propia opinión. De camino iba yo pensando en cómo había sido mi paso por el estado de Sinaloa. Realmente no podía afirmar que había conocido el estado en su conjunto pues algunos lugares que a priori parecían interesantes (El Fuerte, Choix, Cosalá, El Quelite, los paisajes de la carretera Mazatlán-Durango en su paso por tierra sinaloense) no llegué a visitarlos. De lo que había conocido (Los Mochis, Guasave, Guamúchil, Culiacán, La Cruz de Elota, Mazatlán, El Rosario, Escuinapa), excepto Mazatlán y El Rosario, los demás fueron lugares que no dejaron una huella muy profunda que digamos.
Pescadores en el puente de La Estacada, camino de TeacapánTambién tuve tiempo de recordar las cuatro noticias que más se repetían en la lectura de los periódicos del estado: la campaña institucional de intercambio de armas por dinero con el propósito de desarmar a un numeroso grupo de gente orgullosamente sinaloense que al parecer tiene costumbre de cargar fierro, los continuos alijos de droga interceptados por policías de diferentes cuerpos, la epidemia de dengue de la que nunca ofrecían datos acerca de la población afectada y la escasa cantidad de agua almacenada en las presas. Entretenido que iba yo con todos estos pensamientos, casi sin darme cuenta llegué a Teacapán. Efectivamente, el pueblo estaba chiquito pero yo me sentía bien allí. Busqué el hotel económico (Hotel Denisse, en la placita) y lo encontré cerrado. Me dijeron que la muchacha volvería en tres horas. Siempre he sido de la opinión de que "el que tenga tienda, que la atienda", así que mejor decidí que el Denisse no iba a acceder a "la popularidad y el prestigio" que le podía llegar a proporcionar la visita de dos distinguidos huéspedes: "el güerito" y la rojigualda.
Lancha amarrada en el embarcadero de TeacapánBoca de TeacapánDecidí continuar mi camino hacia tierras nayaritas pero había un pequeño obstáculo. Si no deseaba retroceder los cuarenta kilómetros que había recorrido para llegar hasta allí y regresarme nuevamente a Escuinapa, tenía que buscar la manera de superar la Boca de Teacapán, lugar por el cual el océano Pacífico, caprichoso él, se adentra en la tierra formando una red de esteros. En resumen, que hacía falta una embarcación para cruzar. Me acerqué hasta el muelle de Teacapán con el colmillo afilado y con mis armas defensivas prestas para ser utilizadas ante una eventual ofensiva. Pregunté por el jefe de lancheros.
- Buen día amigo, ¿hacen ustedes paseos turísticos?
- Sí claro, ¿a dónde quiere ir?
- Al embarcadero de San Cayetano... ¿por cuánto me sale?
- A San Cayetano lo llevo por... trescientos pesos.
- ¿Trescientos pesos? No, pues mejor me voy nadando.
- Es que el motor de la lancha tiene muchos caballos y consume mucho. Además aquí dependemos de Capitanía y tenemos que pagar derechos, llevar chalecos salvavida...
- Sí claro, ya le entiendo. Lástima que no tenga yo los trescientos pesos. Gracias de todos modos.
¿Se regresarán "el güerito" y la rojigualda a Escuinapa? ¿Se retractará "el güerito" de su palabra e irá a buscar alojamiento al Denisse? ¿Aceptará el jefe de lancheros entrar a una negociación con el gachupín?
En el próximo relato podrán leer el desenlace. Mientras tanto, "que me siga la tambora, que me toquen "El Quelite", después "El Niño Perdido" y por último "El Torito", pa' que vean cómo me pinto"
Facun.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Sinaloa

- Transporte marítimo entre Mazatlán y La Paz
- Transporte marítimo entre Topolobampo y La Paz
- Tren Chepe

- Vive Sinaloa

- Turismo Culiacán

- Museos en Culiacán

- ¡Narco-Cultura!

- El Sol de Sinaloa

2 comentarios:

Concepción Olivia Ramírez Castillo ha dicho

Qué impresión te has llevado de mi tierra Culiacán Sinaloa. Si bien no es la más bella, te aseguro que gente como la de acá difícilmente encontrarás. Somo cálidos y muy buenos anfitriones, nos encanta tratar a la gente a cuerpo de rey. En fin, qué te puedo decir si soy de aquí de la tambora y el clima cálido.
Muy interesante tu relato...
Saludos

Caballero Pedaleante ha dicho

Pues sí Concepción. La gente de Sinaloa ha de ser como tú dices. Ya me gustaría a mí volver por aquellas tierras para conocer Badiraguato, Cosalá, San Ignacio... regresar al bello puerto de Mazatlán, aventarme para Durango por el Espinazo del Diablo...
Saludos.