domingo, 26 de octubre de 2003

De regreso a Nayarit

Del 17 al 25 de Octubre de 2003

Playa de La PuntillaCuriosa la forma en que accedí por segunda vez a tierras nayaritas. Me desembarcaron en una solitaria y seductora playa de incomparable belleza (La Puntilla), uno de esos lugares en los que los únicos habitantes son los pájaros.
Después de platicar largo rato con el jefe de lancheros de Teacapán me dijo que mi mejor opción era pedir un aventón a una lancha de pescadores, de las muchas que en la mañana temprano habían salido a la pesca de camarón y que en aquel momento comenzaban a regresar a puerto. Finalmente, fue el mero jefe de lancheros el que hizo de intermediario con una de esas embarcaciones y les pidió que me cruzasen la boca, la Boca de Teacapán quiero decir, no la mía.
La lancha de pescadores me cruzó al otro lado y cuando les pregunté cuánto les debía me dijeron que nada. Quise darles cincuenta pesos pero ellos se negaron a aceptarlos. Me dijeron que guardase mi dinero para comprar agua. La lección aparecía nuevamente en mi camino: en México, cuando una puerta se cierra, hay otra que se abre. Siempre existe una segunda vía, a la cual se accede platicando.
- ¿Cómo le hago para llegar a San Cayetano amigos?
- Siga la playa güero, no hay pierde.
- Muchas gracias y suerte con la temporada de camarón.
- Váyase por la orillita güero que está menos pesado.
- Sí, gracias.
Después de caminar-pedalear-navegar durante algo más de una hora, mientras cientos de pájaros alzaban el vuelo a mi paso, llegué al poblado La Puntilla. De ahí le seguí a San Cayetano (camino de terracería) y de San Cayetano a Novillero por un endiablado camino empedrado. En Novillero avisté la carretera pavimentada que, tras una jornada de arena, tierra y piedras era el mejor recibimiento que pudiera darme aquel lugar.
Decidí seguir hasta Tecuala para quedarme allí a descansar pero los altos precios del hospedaje y el hecho de que casi todas las calles lucieran un estupendo empedrado en el piso que me desanimaron a peregrinar buscando un hotel económico, hicieron que continuase otro cachito más para llegar a un lugar del que un día escribí "No, no, que no me "invite" nadie a regresar a la ciudad de la gallina Caponata porque al caballero pedaleante no le vuelven a ver por allí"
Efectivamente, me tragué mis palabras y regresé a Acaponeta, donde cuando menos conocía un lugar económico donde quedarme. Y ¿qué creen? No me quedé una única noche a descansar en Acaponeta sino que fueron dos por la necesidad de dar mantenimiento a la rojigualda, que mis piernas descansaran y que mis tenis y mi ropa se secasen.
A propósito del mantenimiento de la rojigualda, en Acaponeta la llevé a un taller (cerquita del Mercado) donde encontré unos batos bien desmadrosos y muy buena onda. La pasé muy bien con ellos mientras platicaban sobre las incidencias de la parranda de la noche anterior. No les daré detalles sobre ello porque uno es discreto con los excesos ajenos.
De Acaponeta seguí para Santiago Ixcuintla, lugar al que también llegaba por segunda ocasión. Me despedí de la peligrosísima carretera México-Nogales a la altura del crucero de Tuxpan y llegué a Santiago por Coamiles y El Pozo de Ibarra. A partir de Santiago Ixcuintla comenzaba una nueva ruta, ya lejos de la México-Nogales, misma que espero nos lleve hasta Acapulco (Gro.) por la carretera costera del Pacífico.
Al puerto de San Blas, fundado durante la segunda mitad del siglo XVIII y en la actualidad uno de los principales centros turísticos del estado de Nayarit, llegué por La Presa, El Papalote, Villa Hidalgo y Guadalupe Victoria. Tenía cierto temor por las palabras que en su día me dijo mi amigo Andrés Montero de Ahuacatlán (Nay.): "En San Blas los mosquitos te comen vivo" pero una vez allí me di cuenta que no era para tanto.
Estero del Rey en San Blas. Al fondo, el Faro del PuertoEstero del Rey en San BlasEn las memorias mitológicas indígenas de Coras y Huicholes, las costas del actual Puerto de San Blas son origen de los pueblos autóctonos de América. El 12 de marzo de 1768 los misioneros, bajo la dirección del fraile Junípero Serra abordaron el buque "La Purísima" cerca de la bahía Matanchén (a seis kilómetros de San Blas) y embarcaron hacia Baja California. El 1 de julio de 1769 llegaron a San Diego, marcando el principio de la evangelización-colonización de California. Más tarde, cuando estalló la guerra de Independencia, el puerto fue escenario de enconadas batallas.
Ruinas del Templo de la Virgen del Rosario en el cerro de Basilio de San BlasRuinas del Edifício La Contaduría en el cerro de Basilio de San BlasEl Puerto de San Blas visto desde el cerro de BasilioEn el cerro de Basilio, además de poder admirar una bonita panorámica del puerto, se encuentran interesantes ruinas de dos edificios: La Contaduría y la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario "La Marinera"
El Edificio La Contaduría (1770) funcionó durante la época virreinal para la realización de diversos trámites administrativos y del Templo de la Virgen del Rosario, construido durante el último tercio del siglo XVIII, se conservan las ruinas de lo que fueron la nave de la iglesia y parte de la fachada, de estilo barroco sobrio.
Palmera en la Playa El Borrego de San BlasPlaya El Borrego en San BlasPuente derruido sobre el Estero San Cristóbal en San BlasPero, evidentemente, lo que buscan la mayoría de las personas que llegan hasta San Blas son sus playas. La más cercana al puerto, a escasos dos kilómetros del centro, es la Playa El Borrego, de tres kilómetros de largo y con las típicas enramadas frente al majestuoso Océano Pacífico. Hay muchas más playas hacia el sureste del puerto: Playa Rey, Las Islitas, Matanchén, Aticama, El Rincón, La Manzanilla, Miramar y Santa Cruz.
Otro de los atractivos que existen en las cercanías de San Blas es el paseo en lancha hasta La Tovara. El recorrido se inicia en el embarcadero de la Aguada, a la entrada de Matanchén (existen camiones que van de San Blas para aquel rumbo), distante unos siete kilómetros del puerto de San Blas. Existen dos opciones para el paseo: la pura Tovara o la combinación Tovara-Cocodrilario.
Rumbo a La TovaraManglares rumbo a La TovaraCabañas rumbo a La TovaraPues bien, he de confesarles que dicho paseo resultó, en mi opinión, una verdadera tomadura de pelo. Un lanchero que parecía estar en el autódromo Hermanos Rodríguez de la ciudad de México, nos guió a velocidad vertiginosa a través de aquellos canales. En determinados momentos yo pensé que íbamos a volcar. Ignoro el motivo por el cual aquel buey se deslizaba por aquel lugar como si llevásemos con nosotros un cargamento de coca y nos estuviese correteando la patrulla costera. Prácticamente no había chance de tomar fotografías, la exuberante vegetación de manglares, palmeras, primaveras, lianas y demás especies tropicales pasaba ante nuestros ojos a la velocidad del rayo. Las garzas, tórtolas, calandrias, palomas y demás aves se espantaban a nuestro paso y los animales acuáticos supongo que se hallaban en sus refugios.
Cocodrilo en el cocodrilarioCocodrilos en el cocodrilarioCocodrilo nadando en el río cercano al cocodrilarioAl llegar al cocodrilario el patrón nos dio media hora para visitarlo. Impresiona un buen ver los cocodrilos, unos en una especie de albercas (chiquitas) cerradas con malla ciclónica y otros nadando libremente en el mismo río por el que habíamos llegado con nuestro super-lanchero, el cual se encontraba descansando a bordo de su lancha mientras yo deseaba que alguno de aquellos cocodrilos se acercase hasta él y le mordiese en la parte esa que más nos duele a los caballeros.
Vegetación rumbo a La TovaraLa TovaraVegetación rumbo a La TovaraA vertiginosa velocidad continuamos hacia La Tovara donde nos dieron una hora, en un lugar donde lo único que se puede hacer es consumir en el restaurante pues lo de darse un baño allí está canijo por la suciedad del agua.
Cuando regresamos al embarcadero de la Aguada, los amigos mexicanos con quienes había compartido la lancha le dieron su propina al lanchero. Yo, sinceramente, de darle algo lo que le hubiera dado en aquel momento serían cuatro chingadazos por haber estropeado un paseo que podría ser verdaderamente hermoso si no fuera por él. De San Blas seguí hasta Las Varas por una carretera que, en algunos de sus tramos, se asemejaba más a una carretera de montaña que a una costera. Exigía esfuerzo pero al mismo tiempo era muy hermoso.
Jardín Arqueológico de ZacualpanJardín Arqueológico de ZacualpanCuando faltaban diez kilómetros para llegar a mi destino me topé en mi camino con la población de Zacualpan, lugar donde me habían dicho había un jardín arqueológico con piedras grabadas por el hombre primitivo. Acudí a visitar el lugar y qué quieren que les diga, estoy empezando a pensar que yo me llevo mal con las piedras grabadas, pintadas o rayadas. Supongo que para un especialista en el tema debe tener interés estudiar la forma de los trazos y su posible significado pero para mí, que me confieso ignorante en ésta y muchas otras materias, sencillamente aquello no tiene chiste. Con decirles que pasé más tiempo observando la construcción de la casa que se encuentra junto al jardín...
Me quedé en Las Varas con intención de visitar un lugar, donde curiosamente también existen piedras grabadas pero éstas no eran la razón principal de mi deseo por conocerlo sino el hecho de que ese lugar es muy especial para el pueblo huichol. Les estoy hablando del Santuario Prehispánico de Altavista, mejor conocido por los habitantes de la zona como La Pila del Rey, asentado sobre la cañada del arroyo de Las Piletas. Aunque existe un proyecto a medio plazo por parte del gobierno del estado de Nayarit para difundir la existencia del lugar y mejorar los accesos al mismo, en la actualidad si uno quiere visitarlo, es necesario contactar con la Junta Vecinal Pro-Conservación del Patrimonio Artístico, Histórico y Cultural de Las Varas.
Yo acudí a charlar una tarde con uno de los miembros de esa Junta, don Fidel Huerta Jacobo, que me recibió en su casa y negocio de reparación de electrodomésticos de la Avenida Revolución esquina con Michoacán (Las Varas), en la carretera a Zacualpan.
Con don Fidel platiqué largo rato y me preparó para la visita del día siguiente. Pronto comprendí que aquel lugar no era como tantos otros sitios arqueológicos que había visitado. En el caso de Altavista son los huicholes, grupo étnico que todavía no ha perdido el cordón umbilical que les une con el sol y la luna, la tierra y el mar, el viento y la lluvia, las plantas y los animales, los que hacen de Altavista un santuario contemporáneo, donde una vez al año se citan los marakames huicholes con los dioses.
Como el bueno de don Fidel no podía acompañarme en mi visita a Altavista, me dibujó un pequeño croquis para facilitarme las cosas (el acceso al lugar está complicado y no existe ningún tipo de indicación hasta llegar a él). Fueron tan extraordinarias las historias que me contó don Fidel acerca de aquel lugar que en la mañana siguiente, cuando en compañía de la rojigualda me aventé para allí, la sensación de búsqueda y descubrimiento viajaron con nosotros.
Con la rojigualda a la entrada del Santuario Prehispánico de AltavistaSantuario Prehispánico de AltavistaCuando llegué allí me encontré con un área de ochenta hectáreas de exuberante selva, a pesar de que parte de la vegetación ha sido tumbada para dar paso al pasto, alimento para el ganado de la zona. En el camino, en las laderas inmediatas y sobre el lecho del arroyo se encuentran las piedras grabadas (unas setenta de las más de dos mil que existen en el lugar según los estudios realizados).
Santuario Prehispánico de AltavistaSantuario Prehispánico de AltavistaSe estima que los grabados tienen una antigüedad de más de dos mil años y el labrado de las piedras podría constituir una plegaria destinada a los dioses tecoxquines para pedir la llegada de las lluvias y con ello la prodigiosa fertilidad de las tierras. Los tecoxquines (cortadores de pescuezos) fueron los antiguos habitantes que cubrían una extensa área de toda la costa sur de Nayarit y porciones aledañas de la sierra costera de Jalisco.
En Altavista uno siente la tentación de convertirse en explorador por unas horas pues son muchos los rincones que parecen estar invitándonos a su descubrimiento. Sin embargo, el respeto que merece el lugar y el sentido común, le aconsejan a uno frenar esa clase de ímpetus.
Este sitio fue visto como un lugar de veneración, donde había que agradecer la generosidad de la lluvia generadora de tanta fertilidad y recordar a los hombres el sagrado destino de cuidar los dones de la tierra. A mí me agrada muchísimo que sea precisamente el pueblo huichol el que mantenga esa tradición y me preocupa cuál será el desenlace de ese proyecto estatal para convertir Altavista en un nuevo punto de atracción turística. Con lo hermoso que fue cuando yo lo conocí...
En Las Varas conecté con la carretera federal 200 que, iniciando en la ciudad de Tepic (Nay.), recorre toda la costa del océano Pacífico hasta Tapachula (Chis.), en la frontera con Guatemala. Mi siguiente destino fue Puerto Vallarta (Jal.), uno de los principales destinos turísticos de este país.
En mi camino, todavía en tierra nayarita, me encontré con poblaciones bautizadas con nombres tan delicados como Peñita de Jaltemba, Rincón de Guayabitos o Sayulita mientras que en otros lugares la imaginación pareció estar ausente el día en que decidieron asignar los nombres y se quedó con Lo de Marcos.
Mientras iba yo pedaleando con rumbo al puente sobre el río Ameca, lugar donde se encuentra el límite entre los estados de Nayarit y Jalisco, tuve oportunidad de realizar un repaso mental de nuestro recorrido por tierras nayaritas. Recuerdo que Nayarit era uno de esos estados de los que desconocía absolutamente todo, ni siquiera hubiera podido decir el nombre de su capital. Hoy puedo afirmar que conozco tantito ese estado, he tenido buenas experiencias en él, la gente es bien linda y amigable, en general los precios son moderados y visitar Altavista fue poner un broche de oro a todo esto. Me hubiera gustado conocer algo de la sierra del estado, en los límites con los estados de Zacatecas y Jalisco. Poblaciones como Jesús María o Guadalupe Ocotán, seguramente hubieran aportado agradables experiencias a nuestra bici-pato-aventura pero en algún punto hay que poner el límite al pedaleo por cada uno de los estados de la República y, en el caso de Nayarit, fue su zona serrana la sacrificada.
Así pues, nos internamos en tierra jalisciense y para empezar trataremos de conocer tantito ese peso pesado de la industria turística del estado de Jalisco llamado Puerto Vallarta.
Será la próxima semana cuando abordemos el tema.
Facun.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Nayarit

- Secretaría de Turismo del Estado de Nayarit

- Ven a Nayarit
- Nayaritas
- Nayarit
- Tepic travel

- Festival Internacional de las Aves Migratorias de San Blas
- Grupo Ecológico Manglar

- Comunidades Hermanas

- El Sol de Nayarit