sábado, 27 de septiembre de 2003

Y los trenes eran animales mitológicos

26 de Septiembre de 2003

El tren Chepe en la estación Divisadero"... y los trenes eran animales mitológicos, que simbolizaban la fuga, la huida, la vida, la libertad" Joaquín Sabina.
Por espacio de casi un siglo el ferrocarril fue uno de los principales medios de comunicación y transporte en México. Gran parte de la actividad económica, política y social giraba en torno a él y un sinnúmero de acontecimientos que marcaron la historia de este país están ligados a él. En México quedan muy pocas rutas que se puedan realizar en tren compartiendo el viaje con gente orgullosamente mexicana.
Pues bien, quiso el destino, siempre caprichoso él, que el mero día en que se cumplían ocho meses de nuestra bici-pato-aventura (viernes 26 de septiembre de 2003) "el güerito" abordase un tren en la ciudad de Los Mochis (Sin.) con destino a la ciudad de Chihuahua (Chih.). ¿Y la rojigualda? Por primera vez me separé de mi fiel compañera, la dejé encargada en casa de don Juan y doña Blanca en Los Mochis y disfruté no tener que cargar con ella de un lado para otro. Por cierto, tremendo el berrinche que se agarró cuando le anuncié que nos íbamos a separar unos días.
- Oye rojigualda, mañana te voy a llevar a casa de la tía Blanca. Allá te quedarás unos días mientras yo viajo en tren a Chihuahua.
- ¿Chihuahua? ¿Tren? ¿La tía Blanca? ¿Me estás cotorreando?
- No rojigualda, necesito descansar unos días de esto del pedaleo y además es una buena oportunidad para conocer la Barranca del Cobre, la Sierra Tarahumara, la ciudad de Chihuahua...
- Ah, ya veo que el señorito tiene ganas de conocer y de andar de vago unos días. Y yo qué, what about me? ¿No tengo yo también el mismo derecho que su señoría?
- Mira rojigualda, no pongas las cosas más complicadas. Necesito estar solo un tiempo, eso es todo. No deseo cargar contigo en el tren y además creo que, más que una ventaja, serías un estorbo para mí en esta parte del viaje.
- Pero bueno, ¿cómo te atreves a llamarme estorbo después de varios miles de kilómetros recorridos por las carreteras mexicanas? ¿Acaso no recuerdas los buenos momentos que hemos vivido durante los últimos casi ocho meses? ¿Así me pagas el hecho de no haber tenido una falla mecánica importante durante todo ese tiempo?
- La decisión está tomada y no daré marcha atrás.
- Hijo de la chilindrina, gachupín disfrazado de aventurero, mediocre narrador de acontecidos... te juro que te vas a acordar de esta. Tú no sabes bien quién es la rojigualda. Te denunciaré a la Sociedad Protectora de Bicicletas, Triciclos y Similares.
Después de dejar la rojigualda a buen recaudo sólo quedaba emprender el viaje a Chihuahua. Este relato es la crónica de un viaje, de un desplazamiento en tren a lo largo de 653 kilómetros y algo más de 18 horas de duración. Un viaje con el que siempre había soñado y que tuve oportunidad de hacer realidad aquel día a bordo del Chepe.
Hablando de sueños, la noche previa al gran día me costó dormirme. Estaba nervioso, excitado. Con mi boleto en la mano pensaba qué sucedería en la mañana siguiente si no lograba despertar a tiempo para agarrar aquel tren. Ese nerviosismo previo me hizo recordar las primeras excursiones de mi niñez pues en aquel entonces también resultaba complicado conciliar el sueño la noche anterior al gran día.
Con extremada puntualidad, casi cuarenta minutos antes de la hora H (las 07:00 a.m.), llegué a la estación de Los Mochis. No fue necesario agarrar un taxi pues utilicé el camión (Castro-Estación) que hace parada sobre el bulevar Rosendo G. Castro (esquina con Ignacio Zaragoza). El tren se encontraba calentando motores y, contrariamente a lo que esperaba, no encontré una aglomeración de gente dispuesta a abordarlo. Como en mi boleto no especificaba el número de asiento busqué un buen lugar para disfrutar de la película. La duda era qué lado del vagón elegir: izquierdo o derecho. Los escasos pasajeros que se encontraban para ese momento sentados resolvieron mi duda pues todos ellos habían optado por sentarse del lado derecho (según el sentido de la marcha), de modo que yo también me senté de ese lado.
Una vez acomodado comencé a reparar en el interior del vagón. Por momentos dudé y pensé que quizás el tren al que yo había subido era el "Primera Express" (primera clase) y no el "Clase Económica Turista" (segunda clase) para el que había comprado mi boleto.
- Oiga señor, ¿el tren de las seis ya salió para Chihuahua?
- Ya.
- Entonces, ¿éste donde estamos... es el de las siete?
- Así es mi joven.
El checador me miró como si fuera tonto pero yo me quedé más tranquilo después de sus respuestas. Estiré las piernas. Era fantástico, había lugar para hacerlo. Un doble vidrio me aislaba del exterior y entre ambos vidrios deslizaba una cortina (persiana) que uno podía bajar y subir a su voluntad e incluso regular la apertura de las hojas. El piso estaba limpio, los trabajadores impecablemente vestidos, personal de seguridad recorría los vagones y ¡atiza! también contaba con aire acondicionado. Ciertamente, yo no esperaba tanto lujo, quizás últimamente me esté asilvestrando. A las 07:00 horas, con inusitada puntualidad y con apenas una veintena de pasajeros en el vagón, el tren comienza a moverse. Las primeras luces del día dejan entrever las casitas que de forma más o menos ordenada se alinean a los lados de la vía. ¿Por qué será que en todos los lugares por los que pasa el tren las casas y colonias apostadas a ambos lados de la vía son habitadas por gentes de poco billete?
Poco a poco la ciudad de Los Mochis desaparece y nos adentramos en las fértiles tierras regadas por el agua del Río Fuerte. En San Blas (estación Sufragio) realiza el Chepe su primera parada y quien no ha cargado con suficientes provisiones tiene oportunidad de comprar agua, tortillas de harina e itacates adecuadamente preparados. Como desde el interior del vagón no hay posibilidad de realizar el trato, ya que los vendedores no suben a él (supongo que no están autorizados) y los posibles compradores estamos aislados por los vidrios, las operaciones comerciales se realizan desde el espacio destinado al ascenso y descenso.
A las diez de la mañana llegamos a la estación El Fuerte, distante unos diez kilómetros de la cabecera del municipio del mismo nombre. El Fuerte, ciudad colonial fundada en 1564 es, junto con Cosalá, uno de los lugares más interesantes en cuanto a arquitectura de estilo colonial del estado de Sinaloa.
En las cercanías de LoretoA las 11:20 arribamos a Estación Loreto, punto desde el que se accede a Choix, pueblo minero donde se dice que se encuentran las mujeres más bellas de Sinaloa. La tentación es grande pero está decidido que este viaje será Los Mochis-Chihuahua y Choix está todavía relejos de Chihuahua, a pesar de que hemos invertido algo más de cuatro horas en llegar hasta aquí. Se me ocurre consultar la hoja de ruta que me proporcionaron con los nombres de las estaciones y los tiempos de paso estimados. La estimación no debió ser muy buena porque según eso llevamos dos horas de retraso. Rumbo a TémorisRumbo a TémorisRumbo a TémorisRumbo a TémorisCamino de Témoris (Chih.) pasamos los primeros puentes (Agua Caliente y Chínipas) además del túnel más largo del recorrido, el túnel 86 con sus casi dos kilómetros de longitud. El retraso acumulado no es impedimento para que nuestro "tren bala" se detenga en los poblados de Los Pozos, Santo Niño y Julio Ornelas. Son estaciones que no figuran en la hoja de ruta, sin duda han de ser "estaciones pirata" Son paradas breves, de apenas un minuto de duración, pero que rompen esa vertiginosa velocidad con la que nos desplazamos.
El terreno se vuelve cada vez más montañoso. Una de las particularidades de nuestro trayecto es su perfil montañoso que, partiendo de una altitud cercana a los cero metros sobre el nivel del mar (Los Mochis), sube hasta una cota máxima de 2438 metros y desciende ligeramente hasta llegar a la ciudad de Chihuahua.
Rumbo a BahuichivoVista de TémorisEntre Témoris y Bahuichivo, ya en tierras chihuahuenses, además de detenernos en dos nuevas "estaciones pirata", pasamos por una de las partes más espectaculares del viaje. Es muy relajante observar ese extraordinario paisaje cómodamente sentado. Los "güeritos" presentes en el vagón se apresuran a preparar sus cámaras fotográficas y corren hacia la salida para captar las mejores imágenes. Sin embargo, ninguna imagen puede reflejar la grandiosidad de este lugar. Yo prefiero disfrutar del momento sin colocar ningún obstáculo delante de mi retina. Ya tendré tiempo para tomar fotografías cuando regrese.
En Bahuichivo y siendo las 15:00 horas (las 12:33 según los optimistas cálculos de la hoja de ruta) nos cruzamos con el tren de primera clase procedente de Chihuahua. Tengo curiosidad por ver cómo son las personas que viajan en él. Busco las diferencias entre quienes han pagado el doble que nosotros por realizar el mismo trayecto. De mi observación llego a una serie de conclusiones: primera, que el número de viajeros en el tren de primera clase es escaso y el blanco es el color de piel que predomina entre ellos; segunda, que las ropas que visten esos escasos viajeros son más elegantes que las nuestras; tercera, que los asientos donde descansan las pompas de esos escasos viajeros son aparentemente más cómodos; cuarta, que el vagón-cafetería cuenta con cómodas mesas adornadas con flores; quinta y última, ellos apenas llevan una hora de retraso y nosotros nos acercamos a las tres.
Señora vendiendo su mercancía en la estación San RafaelEstación San RafaelLa estación Bahuichivo es un buen lugar para bajar del tren si deseamos conocer Cerocahui, lugar que cuenta con la misión jesuita San Francisco Javier de Cerocahui, cascadas y hermosos valles. Pero nosotros continuamos hacia Cuiteco y después San Rafael, donde además de cruzarnos con el tren de clase económica procedente de Chihuahua encontramos las primeras señitos con indumentaria inequívocamente indígena vendiendo sus mercancías.
Como los atractivos exteriores han sido tan grandes en esta parte del trayecto casi no nos hemos percatado de cómo ha cambiado el aspecto en el interior de nuestro vagón. La piel de los viajeros que se han ido incorporando en las sucesivas estaciones (las oficiales y las pirata) se ha ido oscureciendo, el acento cambia, son otras las vestimentas y los calzados así como los medios empleados para acarrear el equipaje. La comida que traen consigo también es diferente: nuestras galletitas aparecen ridículas ante la solidez alimenticia de sus tamales. Afortunadamente, la globalización todavía no ha alcanzado determinados lugares.
Desde el mirador de la estación DivisaderoDesde el mirador de la estación DivisaderoDesde el mirador de la estación DivisaderoPosada Barrancas nos invita a quedarnos hospedados en uno de esos hotelitos con vistas y abandonar el barco (el tren quiero decir) pero, ni modo, hay que aguantar hasta Chihuahua. En pocos minutos superamos los cuatro kilómetros que nos separan de Estación Divisadero, el primer lugar después de diez horas de viaje en el que estamos autorizados a descender del tren y admirar la Barranca. El lugar está lleno de vendedores (precios elevados) pero también existe una tiendita (subiendo unas escaleritas) cuyos precios son más que aceptables. Después de agarrar nuestro refresco nos dirigimos al Mirador. El espectáculo es impresionante, el paisaje montañoso más conmovedor que jamás hayan visto estos ojitos. Me gustaría permanecer un buen rato en este lugar pero la parada es únicamente de quince minutos.
Libre ya el camino de trenes circulando en sentido contrario, el Tren Chepe se transforma en "Tren Bala" y surca las vías como un coloso. Circulamos durante algunos metros en paralelo a una carretera perfectamente pavimentada, lo cual resulta sumamente extraño.
A las 19:20 horas llegamos a Creel (2,330 metros de altitud), donde un "comité de bienvenida" compuesto por chicos y grandes de los diferentes establecimientos de hospedaje están aguardando a los viajeros. Un numeroso grupo de "mochileros" desciende en Creel, lugar dotado de todos los servicios y utilizado como punto de partida para realizar diferentes excursiones por la sierra.
El tren Chepe a su llegada a la estación CreelEl Chepe ha prendido sus focos, ya no hay luz suficiente para ir observando el paisaje y somos los únicos "güeros" del vagón. Mientras "el Rápido del Pacífico" nos obsequia con una nueva parada extra (Bocoyna) nosotros nos recreamos observando a nuestros compañeros de viaje: los hermanos que con sendas bolsas de plástico enfundadas en sus manos a modo de guantes juegan a atraparse; la muchacha que hace un ratito tomaba notas ahora platica distendidamente con una señito que se ha acercado hasta ella; el muchacho con aspecto de estudiante que viaja solo continúa ensimismado.
¡Ten cuidado con los huevos! le grita un señor a su esposa mientras ella avanza por el corredor con tres carteras de huevos atadas con mecate. Ellos han subido en San Juanito, el punto más alto de nuestro recorrido (2,438 metros) y según uno de los más fríos del estado de Chihuahua.
Aunque entre San Juanito y La Junta mi hoja de ruta no me informa de la existencia de paradas oficiales son cinco las ocasiones en las que el tren se detiene. Esto parece ya un pesero. Apuesto a que si alguien gritase ¡Bajan!, el tren se detendría. Para optimizar los tiempos de parada uno de los supervisores se encarga, un par de minutos antes del fatídico instante, de dar el aviso en el vagón, acercar a los pasajeros hasta la puerta de salida y prepararlos para el desembarque. ¡Vámonos, vámonos! les dice a los que bajan. ¡Vénganse, vénganse! a los que suben.
Es curioso, en algunos lugares donde el tren se detiene no se aprecia luz alguna. Me imagino que estas gentes irán provistas de lámpara de mano o, mejor aún, de un frontal como los mineros que les deje las manos libres para cargar sus bultos.
Una brevísima parada en La Junta y otra hora más para llegar a Ciudad Cuauhtémoc, donde se encuentra la comunidad menonita más grande del mundo. Los menonitas, que constituyen la iglesia evangélica más antigua, llegaron a Ciudad Cuauhtémoc dentro de un programa de colonización de tierras auspiciado por el presidente Álvaro Obregón. Procedentes de Canadá, aunque su origen es alemán, dedican su vida a trabajar sus campos, producir queso y cumplir con sus obligaciones religiosas.
En Ciudad Cuauhtémoc, cuando faltan cuarto para las once, desciende la práctica totalidad del pasaje (curiosamente nadie con aspecto menonita) y sólo quedamos a bordo los muy valientes, los que todavía estamos dispuestos a aguantar el último jalón que nos lleve hasta la ciudad de Chihuahua. De los escasos pasajeros, más de la mitad están dormidos. El resto sufre en silencio el traqueteo y el crujido que emiten las articulaciones del Chepe mientras el personal de limpieza se afana trapeando el piso del vagón.
¡Estamos llegando, estamos llegando! exclama entusiasmado el revisor. A mí me recuerda al marinero que después de navegar mucho tiempo a la deriva descubre un pedazo de tierra y grita ¡Tierra a la vista! El entusiasmo del que hace gala el revisor no contagia a nadie en el vagón porque quien más quien menos está pensando: "Ya era pinche hora"
Los últimos minutos a bordo del tren aprovecho para reflexionar sobre este viaje. Quizás me haya preocupado demasiado del retraso, las paradas extra y la lentitud con la que se ha desplazado. Pero lo importante no es eso sino los maravillosos paisajes que he tenido oportunidad de contemplar. Además, en cierto modo me alegro que las personas que viven en esos pequeños ranchitos también puedan llegar hasta sus casas en tren, a pesar de que eso signifique un poco más de retraso para nosotros "los viajeros de largo recorrido"
Son las 01:30 horas de la madrugada y llegamos a una ciudad desconocida. Al descender del vagón alguien exclama: ¡Ah, Chihuahua!
Facun.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Sinaloa

- Transporte marítimo entre Topolobampo y La Paz
- Tren Chepe

- Vive Sinaloa

- El Sol de Sinaloa


- Mapa del estado de Chihuahua

- Viaje a la Sierra Tarahumara por Emilio Petersen

- Diario de Chihuahua

2 comentarios:

Expansion ha dicho

Hola me gusta lo que escribiste y esta frase es perfecta ninguna imagen puede reflejar la grandiosidad de este lugar, es un lugar k necesita la gente conocer no puedes describir lo bello k es, a mi me encanta la sierra y el recorrido hasta los mochis es maravilloso, y ver toda esa naturaleza te da paz y trankilidad. saludos
Daniela

Caballero Pedaleante ha dicho

Así es Daniela.
México tiene pocos recorridos que se puedan hacer en ferrocarril pero sin duda el trayecto entre Los Mochis (Sin.) y Chihuahua es uno de los viajes más bellos que uno puede hacer en este planeta tierra.
Saludos.