Nuestro viaje es "un viaje de imágenes, de vivencias, de amigos" De encuentros con desconocidos que al cabo de unas horas se convierten en amigos. Don Vicente Chávez Carranza es un claro ejemplo de ello.Tras disfrutar durante unos días de la belleza de las mujeres de Hermosillo y de la exquisita amabilidad de sus habitantes llegó el momento de continuar mi camino por tierras sonorenses. Puse rumbo a Guaymas, un puerto que con el paso de los años ha perdido mucho de su antiguo esplendor, cuando en él se construían barcos de gran calado.
En mi camino (142 kilómetros) encontré una indicación para llegar al sitio arqueológico La Pintada, un cañón que cuenta con diferentes pinturas sobre piedras que hicieron algunas etnias sonorenses hace más de mil doscientos años. Para acceder al lugar es necesario llegar al kilómetro 202 de la carretera Hermosillo-Guaymas (a unos sesenta kilómetros de Hermosillo), donde se encuentra el Restaurante La Pintada. A partir de ahí me dijeron que eran unos diez kilómetros por camino de terracería.
Yo no lo visité porque, sinceramente, las pinturas rupestres no me apasionan pero quizás, si hubiera sabido de antemano que treinta kilómetros más adelante (kilómetro 172 de la carretera Hermosillo-Guaymas), en el crucero para Bahía de Kino, iba a encontrar una gasolinería con servicios y renta de cuartos con aire acondicionado, hubiera hecho un esfuerzo.
Cuando llegué al "Lugar que da comida", Guaymas, busqué la zona donde me habían dicho vivía don Vicente. Me presenté, le dije de dónde venía, a dónde iba y le platiqué de mi amistad con el hijo de su compadre. Fue suficiente para que el buen Vicente me abriera las puertas de su casa. Quizás hayan escuchado alguna vez hablar de la hospitalidad mexicana. Sin embargo, cuando uno lo experimenta en su propia persona, se da cuenta del corazón y la generosidad que tienen las gentes que pueblan esta tierra.




En Guaymas y sus alrededores conocí muchos lugares a los que seguramente no hubiera llegado sin contar con un contacto en aquel lugar. De la ciudad me llamó la atención que varios edificios de indudable valor histórico se encontraban en estado de abandono, que las aguas del puerto estaban francamente sucias y que las calles precisaban de una manita de gato o, cuando menos, de una buena limpieza.


Conocí que han sido tres los presidentes de la República originarios de este lugar: Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Abelardo L. Rodríguez. Frente al Palacio Municipal, bella construcción de la época del porfiriato, en la llamada Plaza de los Tres Presidentes, se levanta un monumento en su memoria. En los alrededores del Palacio Municipal se localizan el Monumento al Pescador, símbolo del puerto, y el Templo Parroquial San Fernando (siglo XIX). Cerquita de este templo hay un pequeño museo para quien desee conocer, a través de fotografías y objetos diversos, cómo era Guaymas hace unos cuantos años.


Distante apenas quince kilómetros de Guaymas, en el vecino San Carlos, se encuentra uno de esos centros vacacionales que en toda oficina de información turística que se precie le aconsejan a uno conocer, pensando que por el solo hecho de ser extranjero uno lleva la cartera llena de billetes que desea ir repartiéndolos a su paso.Yo llegué a la que está considerada como una de las marinas naturales para lanchas y botes más grande de México con mi amigo Vicente y su camioneta y nos reímos un buen cuando accedimos a uno de los hoteles más exclusivos del lugar, según para que me hicieran un presupuesto. Allá me sentía yo como en un mundo raro, como en una burbuja de cristal blindada que me "protegía" y me aislaba del mundo exterior. Es por esto que no me quedé. Como excusa no me dirán que es mala...


También recorrimos una zona residencial privada con "casitas" valoradas en varios millones de pesos, extraordinarias vistas a la bahía y, curiosamente, caminos sin pavimentar. Pero, sin duda, lo que más me gustó de la zona de Guaymas-San Carlos fue la gran cantidad de cerros que existen en las inmediaciones, destacando la presencia del Tetakawi o Tetas de Cabra.





Hablando de cerros, en otra ocasión me llevaron hasta el cerro "El Vigía", desde donde se tiene una extraordinaria panorámica de Guaymas y sus alrededores. Finalmente Inti, el hijo de don Vicente, me llevó al lugar conocido como "El Paraje" uno de esos lugares a los que poquita gente accede y donde es posible saborear la soledad y la naturaleza en todo su esplendor.
Si a todos esos bellos rincones que conocí en Guaymas y sus alrededores, añadimos los exquisitos platillos que tuve oportunidad de probar (unas enormes almejas chocolatas, una suculenta gallina pinta, una exquisita ensalada de camarón y unas sabrosas tostadas de cochito) y, sobre todo, la hospitalidad que me brindó don Vicente y su familia, comprenderán si les confieso que guardo un excelente recuerdo de ese lugar del estado de Sonora.Tras despedirme de don Vicente y su familia continué la pedaleada hacia Ciudad Obregón. En mi camino encontré Empalme, antiguo centro ferrocarrilero hoy sede de un gran parque industrial y a cuya entrada es posible observar la presencia de los pescadores de camarón sumergidos en el agua hasta la cintura y lanzando una y otra vez sus redes.
Más adelante la carretera discurre a un lado de la tierra de los yaquis, que junto con seris, mayos, pimas, ópatas y pápagos son algunos de los grupos étnicos del estado de Sonora. El territorio de los yaquis constituye una de las regiones agrícolas más importantes de México aunque en los últimos siete años está afectado por una prolongada sequía e incluso se están planteando solicitar la declaración de "zona catastrófica" Tenía cierto interés en conocer aquel lugar habitado por los descendientes de aquellos bravos guerreros, la familia más numerosa, homogénea y bravía de cuantas encontraron mis "parientes" gachupines cuando llegaron a tierras sonorenses. Sin embargo, fueron muchas las personas que me desaconsejaron acercarme hasta esos pueblitos de nombres tan curiosos para mí (Rahúm, Belem, Huirivis, Bácum, Pótam, Cócorit, Tórim y Vícam). ¿El motivo? Pues quién sabe. Hay ocasiones en que es mejor no hacer muchas preguntas.



Ciudad Obregón me sorprendió por sus anchas avenidas, sus lindas mujeres y su intensa vida comercial. Pasear por algunos tramos de la calle Veracruz y la avenida Náinari me recordó a la colonia Polanco y a las Lomas de Chapultepec de la ciudad de México. Casas de moderno diseño con estupendos jardines aparecían en mi camino y yo me quedaba boquiabierto como un niño pequeño.Cuando después de recorrer la Avenida Guerrero llegué a la Laguna del Náinari el lugar me decepcionó bastante. Donde yo esperaba encontrar un lugar de recreo para los habitantes de aquella ciudad apenas hallé un "charquito" de agua y escasas zonas verdes como para tumbarse a descansar.
La segunda ciudad más grande del estado de Sonora marcó también el reencuentro con los tacos de a cinco pesos, la comida corrida de a treinta y los vasos de agua de cebada de a litro por ocho pesos. En el tema de los hoteles no tuve tanta suerte. Me quedé en el hotel Plaza (Galeana esquina con Veracruz), un lugar recomendable si tenemos en cuenta la relación calidad-precio.Visité el Museo de Los Yaquis (Calle Allende esquina con 5 de febrero, planta baja de la Biblioteca Municipal "Jesús Corral Ruiz"). El museo está bonito y brinda la oportunidad de conocer diferentes aspectos acerca de los usos y costumbres, organización política y social, danzas, celebraciones y lengua (el cahíta) de "los que hablan a gritos" También supe de la serie de injusticias de las que han sido objeto a lo largo de la historia con las consiguientes rebeliones de una raza que dicen, tiene el orgullo de no haber sido vencida, a pesar de que en una época incluso fueron deportados muchos de ellos a plantaciones de otras regiones del sur del país (Oaxaca, Yucatán.
Sin embargo, a mí me interesaba también conocer qué tan ciertos eran los comentarios que había escuchado en el sentido de que los yaquis ya no trabajaban sus tierras, que se dedicaban a rentárselas a los yoris (los mestizos, los que no son yaquis) y aquellos hombres otrora ágiles, fuertes y musculosos ahorita se la pasaban tomando.
Acudí a la biblioteca pero, entre lo poquito que había allí acerca de los yaquis, no encontré nada publicado recientemente que me sacara de dudas. Pareciera que para los yoris lo único interesante de los yaquis sea su celebración de la Semana Santa y la Danza del Venado. Y así, con la duda, marché al "Lugar del nopal", Navojoa, lugar en el que lo más relevante fue encontrar el primer hotel de a cien pesitos desde el inicio de nuestro recorrido por el estado de Sonora.
En la Plaza Santa Fe, en el edificio que antiguamente ocupara la estación de ferrocarril, visité el Museo Regional del Mayo, donde me llamó la atención la gran cantidad de usos que el pueblo mayo le da al carrizo.
Mucho me habían platicado de la vecina Álamos, distante 53 kilómetros de Navojoa. Que era la ciudad colonial más hermosa de Sonora y una de las más bellas de México, que en ella se encontraban numerosas construcciones centenarias de tipo colonial, que contaba con calles y callejones empedrados con un encanto muy particular... De modo que hice un pequeño esfuerzo para desviarme de mi camino hacia Los Mochis y visitar el antiguo Real de Minas de la Purísima Concepción de los Álamos.

Contrariamente a lo que me ha sucedido en otros lugares que anuncian a bombo y platillo sus excelencias, en esta ocasión no sufrí una decepción. Me gustó Álamos y la pedaleada de 53 kilómetros mereció la pena.Al encanto propio de esta población formada en el último tercio del siglo XVII a raíz del descubrimiento de las minas de "Promontorios" y "La Aduana", se le suma el hecho de que desde Navojoa apenas hay nada en el camino. Únicamente en Minas Nuevas (Km. 45) me "asaltó" una banda de chamacos al grito de ¡Chiles, chiles! y uno de ellos, indudablemente cegado por su espíritu comercial me dijo aquello de: "Usted fue el que dijo a la vuelta" a pesar de que era la primera vez que el caballero pedaleante pasaba por aquel lugar.
La Plaza de Armas de Álamos resultó la más bella de cuantas he conocido en mi camino. Esas gigantescas palmeras que se elevan al cielo por encima de las construcciones le dan un toque singular. El kiosko de la plaza está impecable y todas las casas que se ubican en los alrededores son dignas de ser fotografiadas.

La Iglesia Parroquial, consagrada en 1784 a Nuestra Señora de la Concepción y levantada en el mismo lugar que ocupó a fines del siglo XVII la misión edificada por los jesuitas que fuera destruida por una rebelión mayo en 1722, supone el ingrediente de construcción religiosa que nunca puede faltar en toda Plaza de Armas mexicana que se precie.También en la plaza se encuentra el Museo Costumbrista, una espléndida muestra acerca de la historia de Álamos, su pasado minero y una colección de objetos donados por diferentes familias de la región que nos acercan a la vida cotidiana del Álamos de antaño. Además, la figura del vecino de Álamos Doctor Alfonso Ortiz Tirado, quien además de doctor fuera un afamado tenor mexicano, ocupa un lugar especial en el museo.


Cerquita de la Plaza se encuentra el Palacio Municipal, estructura de ladrillo y piedra de fines del siglo XIX que en mi modesta opinión desentona un poco respecto del estilo más o menos homogéneo del resto de construcciones.El chiste de Álamos está en pasearse por esas cuadras adyacentes a la Plaza de Armas y deleitarse la vista con las construcciones coloniales perfectamente conservadas. Algunas de ellas han sido transformadas en lujosos hoteles y otras han sido adquiridas por mis amigachos gringos que se han establecido "embriagados por la magia y quietud bucólica del lugar"
Mencionar que el alojamiento en el lugar "donde los dioses hicieron coincidir la selva y el desierto, la orquídea y el cactus, el venado de la montaña y la boa constrictor" está cariñoso. Quizás resulte mejor quedarse en Navojoa y agarrar un camión que nos lleve hasta Álamos y nos regrese a Navojoa. Aunque si podemos darnos el capricho de quedarnos en uno de esos lujosos hoteles que se encuentran en las inmediaciones de la Plaza de Armas... pues perfecto.
Finalmente me quedé con la duda de la relación que la Doña (María Félix) había tenido en vida con el lugar en el que nació, El Quiriego (cerquita de Álamos). En el Museo Costumbrista no observé ninguna mención al respecto y únicamente la Casa de la Cultura lleva el nombre de la diva mexicana. Pareciera que la Doña y Álamos no hacían mancuerna.
De regreso a Navojoa me sorprendió una intensa lluvia y la noticia de que el huracán "Marty", después de atacar con furia la costa de Baja California, se dirigía a la costa de Sonora. Era mi primer huracán en tierras mexicanas. Contrariamente a esa opinión tan extendida de que los mexicanos dejan todo en manos de la improvisación, pude observar de primera mano los preparativos de la fase de alerta ante la inminente llegada del huracán. Los comerciantes comenzaron a colocar cinta canela en los vidrios de sus expositores, las clases en las escuelas se suspendieron, la gente hacía acopio de víveres y los albergues estaban preparados para acoger a las personas que lo necesitasen. La tarde del lunes 22 de septiembre de 2003 Navojoa era una ciudad desierta. A última hora "el Marty" cambió ligeramente su trayectoria, en Navojoa hubo lluvias y vientos moderados pero donde peor lo pasaron fue en Guaymas, lugar en el que me encontraba yo unos días antes.
Cuando las cosas se calmaron volví a emprender mi camino rumbo a Los Mochis, 160 kilómetros que recorrí de un jalón, en la que pasó a convertirse en la etapa más larga de nuestra bici-pato-aventura.
Nos despedimos del estado de Sonora, que ocupa el segundo lugar en cuanto a extensión territorial entre todos los estados de la República Mexicana (el primer lugar lo ocupa el vecino Chihuahua). Soy consciente de que he conocido únicamente una parte del estado pero aún así me atrevería a afirmar, basándome en mi particular experiencia, que existe un Sonora de Hermosillo hacia arriba (norte) y otro de Hermosillo hacia abajo (sur). En el norte hallé pocas cosas dignas de mención. En el sur encontré las mujeres más lindas, un auténtico peligro para la integridad de mi vida nómada y vagabunda.
Y tanto en el norte como en el sur, una buena red de carreteras, un terreno sorprendentemente parejo y un calor que, para quienes venimos de climas más bien fríos, fue como una auténtica losa que día con día minaba las ya de por sí reducidas fuerzas que me quedan para pedalear por el país de los topes.
Será cuestión de recobrar la calma y cargar baterías para completar el todavía largo camino que nos resta recorrer para llegar a la ciudad de México.
Aquí estaré la próxima semana con un nuevo acontecido.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Sonora
- Comisión de Fomento al Turismo del Estado de Sonora
- Instituto Sonorense de Cultura
- Cultura y Arte en Sonora
- Sonora Mágica
- Transporte marítimo entre Guaymas y Santa Rosalía
- Oficina de Convenciones y Visitantes de San Carlos
- Club de Beisbol Yaquis de Cd. Obregón
- El Imparcial
- Periódico El Vigia, desde Guaymas, Sonora
- Diario del Yaqui
4 comentarios:
Muy interesante y hasta inspirador tu blog. Algo que debieron advertirte es viajar por Sonora durante Julio - Agosto... te comento que corriste un gran riesgo de desidratación. Otro comentario es que el museo de los Yaquis ahora mejorado, se reubicó de Cd. Obregón a el poblado de Cócorit y la Laguna Náinari tuvo algunos cambios como los puestos de Cocos y Raspados estandarizados,iluminación y una cascada, también con iluminación añadida a la estatua del discóbolo, como parte de mejoras que están haciendo a Ciudad Obregón más atractiva.
Gracias por los comentarios e información extra =) que nos das por medio de tu blog.
Muchas gracias por tu comentario y por darnos a conocer las acciones de mejora que están llevando a cabo en el el Valle del Yaqui.
Saludos.
Facundo un saludo y un abrazo,
De Vicente tu amigo de Guaymas, Sonora, esperon que estes bien! Y gozes de salud.
Saludos,
Vicente Chavez
Mi amigo y compañero Vicente.
Gusto en saludarlo. De salud estoy bien, gracias a Dios. De lana ando algo peor pero espero pronto juntar unos pesos para cruzar el charco una vez más.
Ahí le caigo algún día para saludarle a usted y a su linda familia.
Espero que todo esté en orden por allí y le envío un abrazo para todos.
Salud amigo Vicente.
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