"Welcome to Tijuana: tequila, sexo y marihuana" dice la letra de la canción. ¿Habrá encontrado "el güerito" algo de todo esto en "la ciudad de los peligros"?Vayamos por partes pues para llegar a la ciudad de Tijuana tuve que recorrer un largo camino. Cuando escuché el nombre de Eréndira me sonó tan lindo que, al pedalear rumbo a Ensenada y encontrar en mi camino el crucero, no pude resistir la tentación de conocer aquel lugar.
La desviación se encuentra en la Carretera Transpeninsular a unos doce kilómetros de San Vicente (78 de Ensenada). A partir de aquí son veinte kilómetros por carretera pavimentada (con muchos agujeros) a través de un impresionante paisaje montañoso (contrariamente a lo que pudiera parecer el camino es liviano) hasta llegar al ejido. Se trata de un pueblo chiquito con varias tienditas debido a que se acerca hasta él bastante gente. Está ubicado muy cerquita del océano Pacífico y, a pesar de ser un lugar "turístico", se respira allí una tranquilidad envidiable.
En Eréndira se encuentra el youth hostel Coyote Cal's. El lugar tiene unas vistas excepcionales. Cuando llegué me recibió su propietario Rick, un simpático gringo que antes de registrarme y todo eso me ofreció un suculento desayuno. Me sorprendí con algunas de las peculiaridades de aquel lugar: su propietario Rick apenas hablaba español, todos los pinches letreros del hostal estaban escritos en la lengua de Shakespeare, todos los precios eran en dólares, todas las revistas y libros eran para hablantes de lengua inglesa.




Comprenderán entonces si les digo que yo era el único individuo en aquel lugar hablante de la lengua de Cervantes. Mis "amigos gringos" no se esforzaban en hablar español, yo me negaba a emplear allí "mi inglés académico de Oxford University", así que me dediqué a contemplar el mar, una de las cosas que más me relaja además de contemplar el fuego.También di un paseo hasta el pueblito (el youth hostel se encuentra a unos cuatro kilómetros del ejido Eréndira) y de regreso unos batos bien locos me llevaron en su carro hasta el Coyote. Me gusta encontrarme con este tipo de gente: rancheros que reparten su tiempo en trabajar, tomar cerveza y fumar "sustancias prohibidas" Son un poco peligrosos pero, sabiéndolos tratar, muy buena onda.
Aunque tenía intención de quedarme por más tiempo en Eréndira (el lugar lo merece sin duda), no me sentía cómodo entre la parroquia gringa. Llegué a sentirme extranjero en mi propio país (quise decir en México), así que en la mañana siguiente me marché rumbo a Ensenada (100 kilómetros).
Cuando llevaba recorrido la mitad de mi camino me detuve a descansar en Santo Tomás, justo delante de un cartelón que anunciaba la presencia de un lugar con alberca y espacios para acampar. La tentación fue demasiado grande y tuve que sucumbir ante ella. El lugar se llama El Palomar y está frente a la gasolinería de Santo Tomás. Tiene dos albercas, juegos para los niños, frondosos árboles, un montón de asadores con sus mesas y bancos, regaderas, baños, tomas de corriente en muchos puntos. Y todo está muy cuidado. Un lugar recomendable cuyo único pero es la cercanía de la Carretera Transpeninsular, que lo hace bastante ruidoso en la noche.

Ensenada me recibió al día siguiente con el anuncio de una ola de calor, inusual según me contaron, y cuyo origen parecía ser una masa de aire subtropical procedente del Golfo de California. Estaba claro que aquellas gentes no habían sufrido las altas temperaturas que me acompañaron en muchos lugares de Baja California. Para calor el de Los Cabos, Loreto, Mulegé, Santa Rosalía, San Ignacio...Los precios de alojamiento en la ciudad de Ensenada están cariñosos. Tuve que alejarme bastante del centro de la ciudad para encontrar un lugar que, resultó finalmente, el mejor hostal en el que se ha alojado el caballero pedaleante desde que inició sus andanzas por tierras mexicanas.
A 10 kilómetros al norte de Ensenada, por la carretera que conduce a Tijuana, se encuentra la población de El Sauzal de Rodríguez, antiguamente dedicada a la pesca y con una economía basada en la actualidad en los ingresos que dejan las personas que transitan por la carretera a Tijuana y en las maquiladoras (ensambladoras) establecidas dentro de sus límites.Convenientemente alejado de dicha carretera y con unas hermosas vistas al mar se encuentra en el número 344 de la avenida L el hostal El Sauzal, un lugar muy especial que refleja en todos y cada uno de sus rincones el cariño y las ganas que le pone María, su propietaria, para que sus huéspedes se encuentren mejor que en su propia casa de ellos. Los cuartos son compartidos (4 personas), amplios, con sólidas literas y estupendos armarios para guardar nuestras cosas. Las zonas comunes están impecablemente cuidadas.




Un jardín que parece un museo botánico, una biblioteca con abundante información (en inglés) sobre Baja California, México y Estados Unidos, una cantidad de detalles que convierten aquel lugar en una casa construida y adornada por las manos de muchas gentes, unos suculentos desayunos que nos permiten comenzar la jornada con inusitada energía pero, sobre todo, la presencia de María que, con su buen humor, su plática y su espíritu generoso hacen que cuando uno se marcha de allí, una parte de él se quede en aquella casa.Mi relación con la ciudad de Ensenada fue bien curiosa. A pesar de resultar un lugar particularmente agradable (estupendo clima tipo mediterráneo, hermosos paisajes, precios no tan altos como en otros lugares de la península) no dediqué el tiempo que suelo emplear en otras ocasiones para conocer los lugares en los que me quedo. Asistí a la Feria de la Industria de la Construcción, donde mi amiga Elena Pomar me presentó a los autores del futuro proyecto de ciclovías para la ciudad de Ensenada, un equipo integrado por cuatro personas que en un tiempo récord presentó un digno proyecto para que las bicicletas también cuenten con su propio escenario en la ciudad donde se concentra el mayor porcentaje de investigadoras e investigadores de México.
Fabiola y Pedro me llevaron a un convivio donde saboreamos uno de los pescados más exquisitos que se pueden comer en esa región: el dorado. Y, finalmente, con María conviví algunos gratos momentos en los que tuve oportunidad de reírme mucho y de conocer un poquito más de la vida de esa mujer que me trató como un rey en su casa de El Sauzal.De modo que de Ensenada únicamente conocí la zona industrial situada en el acceso sur a la ciudad, el Centro Cívico y Cultural Riviera, el Mercado de Mariscos, el Paseo del Malecón y el bulevar
costero Lázaro Cárdenas. No llegué a conocer la Bufadora (caverna situada en la base de un acantilado, formada por la acción del mar durante años, en donde se produce un curioso fenómeno con las olas que llegan hasta ella), tampoco entré en la cantina Hussong's (la más antigua de las Californias, fundada en 1892), no disfruté de la, para algunos, excitante vida nocturna de la ciudad y no me acerqué hasta la vecina región vitivinícola de valle de Guadalupe. Pero... ¿saben qué les digo?, que tampoco me siento apenado por todo esto pues fueron otros los momentos que tuve oportunidad de disfrutar en aquel lugar.Hay lugares de los que el caballero pedaleante se marcha en la mañana temprano sin mirar siquiera el lugar en el que se ha quedado esa noche. En el caso del hostal El Sauzal, resultó el primer lugar en el que, cuando cerré la puerta y subí a mi bicicleta, volteé pensando en los buenos momentos que había disfrutado en aquella casa. Pero Tijuana me estaba esperando y yo no podía retrasar más mi cita con "la tierra prometida" Aquella mañana de lunes 18 de agosto una espesa niebla me acompañó durante buena parte del camino.
Afortunadamente para mí la mayoría de los conductores optaron a la salida de Ensenada por utilizar la carretera escénica de cuota, así que por la libre apenas encontré circulación.
Las principales poblaciones por las que pasé en los algo más de cien kilómetros que separan las ciudades de Ensenada y Tijuana fueron: La Misión, Primo Tapia y Rosarito, lugares convenientemente espaciados para realizar los descansos de la etapa. Además existen otros muchos lugares, cuando la carretera discurre paralela a la costa del Pacífico, con hoteles, restaurantes, tienditas y changarros varios.
A partir de Primo Tapia el tráfico comenzó a incrementarse en una espiral que tuvo su punto culminante a la entrada de Tijuana. Con mucha precaución llegué hasta las instalaciones del Instituto Municipal del Deporte de Tijuana. Pedí que me dejaran quedarme en el albergue para deportistas y accedieron. Aquello fue una agradable sorpresa pues Tijuana no destaca precisamente por ofrecer alojamiento a precios económicos a sus visitantes.Para llegar a la Ciudad Deportiva es necesario dirigirse a la zona del río, hasta el lugar donde se encuentra el monumento a Cuauhtémoc. Desde aquí cruzamos a través de un puente la Vía Rápida Poniente, el río (su cauce porque yo al menos no vi agua) y la Vía Rápida Oriente. La Ciudad Deportiva queda entonces a mano derecha, al lado de las instalaciones de

la CFE (Comisión Federal de Electricidad). Las instalaciones del albergue las encontré bastante descuidadas. Pareciera que allí no se queda nadie... Lo primero que hice después de instalarme allí fue salir a caminar, mi ejercicio favorito en las grandes ciudades. Agarré la popular avenida Revolución y órale, comencé a caminarla mientras recibía a mi paso múltiples proposiciones ofreciéndome servicios de taxi, cambio de moneda, acceso a clubes de dudosa reputación, bares que aseguraban el no cover (que "sólo" pagas lo que consumes) y un largo etcétera que iba yo ignorando o desestimando educadamente a mi paso.
Al final de la avenida y sus alrededores, la parte más al norte de la ciudad, el ambiente está un poco más pesado. A mí me hizo recordar mis primeras incursiones en los lugares complicados de la ciudad de México: muchos ojos que te observan, te calibran, te clasifican, te tasan, algunas gentes que te salen al paso y te ponen a prueba...Fui caminando por el puente peatonal hacia el puesto fronterizo de San Isidro. En el camino muchos vendedores ambulantes, algunos lugares donde rentaban bicicletas para pasar de manera más rápida la frontera y numerosas tiendas de venta de licores. El lugar me recordó al Puente de Santiago, cuando en una parte de Europa todavía había fronteras y la ciudad de Irún era uno de los lugares de paso más concurridos entre España y Francia.
Por lo demás, largas filas de carros detenidos o circulando a vuelta de rueda, mucho comerciante informal caminando entre los carros ofreciendo su mercancía y un estúpido policía gringo que me dice "no photos" cuando intento retratar un cartel que da la bienvenida a los Estados Unidos.Es curioso, San Isidro es el puesto fronterizo entre dos países (México y Estados Unidos) pero únicamente son los gringos quienes te piden tus documentos. Pareciera que al gobierno mexicano no le importase quién salga de este país. Yo aquí me quedo, en el México lindo y querido. No tengo el menor interés en conocer el país que se ha convertido en el nuevo dios del mundo, que decide quiénes son los buenos y quiénes los malos de la película, que derroca gobiernos, declara guerras y cuyo ejército no deja más que cadáveres a su paso. Ningún pinche dólar va a salir de mi bolsa para alimentar todo esa estúpida maquinaria de terror.
Para conocer la ciudad de Tijuana, además de las "international borders" (San Isidro y Otay) hay que visitar su aeropuerto y su central camionera pues son lugares donde observar el ir y venir de esa población flotante que viaja, sueña y confía en un futuro mejor. Porque Tijuana en definitiva es eso: una gigantesca casa que se renta por horas, por días.



Sobre la calzada que conduce hasta el aeropuerto se extiende una gran barda metálica que separa los dos países. Sobre ella, una larga hilera de cruces como testimonio de aquéllos que no lograron hacerla, para quienes el sueño americano se volvió pesadilla y los agarró la pelona en su intento por cruzar la frontera. "No puedo ser indiferente ante el dolor de tanta gente" leo mientras camino por el estrecho espacio que separa la barda de la calzada de cuatro carriles. La mayoría de las cruces muestran los nombres, el origen y la edad de los difuntos. Casi todos los estados de la República están presentes, además de otros países como El Salvador o Guatemala. Algunas cruces lucen la inscripción "no identificado"
Se estima en unos veinte millones el número de mexicanos, con papeles o sin ellos, que viven en los Estados Unidos. Una caricatura de El Fisgón refleja muy bien la realidad que rodea a estas personas. "Los indocumentados mexicanos que trabajan en E.U. son un logro de la ingeniería genética avícola: para el país (México) son la GALLINA de los huevos de oro, tienen que ser muy GALLOS para cruzar la frontera, abusan de ellos los POLLEROS (traficantes de personas) y los servicios de envío de dinero los DESPLUMAN sin parar"
Además de la ciudad de los grandes centros comerciales, las amplias avenidas, las glorietas adornadas con gigantescos monumentos, los night-clubs y los lugares de diversión existe otra Tijuana: la de la gente que vive en los cerritos, donde las calles no están pavimentadas y los centros comerciales son las pequeñas tiendas de abarrotes donde todavía hay quien tiene cuenta abierta.En la Tijuana deslumbrante, la que intenta ofrecer una imagen de ciudad "de primer mundo", encontré mucha gente deambulando con la mirada perdida por sus largas avenidas, gente a la deriva en el mar de la miseria. Para desplazarme, además de mis piernas, utilicé el transporte público, que me pareció malo y caro. Me llamó la atención la presencia de los taxis colectivos, unos carros anchos y alargados que tocan el claxon cada que ven alguien parado en la banqueta.


Lo que sin duda más me gustó de la ciudad fue el Centro Cultural Tijuana, en la intersección del Paseo de los Héroes y avenida Independencia (zona Río), un lugar excepcional en el que se desarrolla la vida cultural oficial de esa ciudad. El edificio es fantástico y lo que podemos encontrar en su interior no se queda atrás: Sala de espectáculos, Salas para exhibición de muestras temporales, Sala de cine-video, Sala de Lectura, una estupenda librería y, por último, el Museo de las Californias.
Para mí visitar el Museo de las Californias fue como realizar un pequeño repaso a lo que había ido aprendiendo en los lugares visitados a lo largo de la península de Baja California. Para quien entre a la península vía Tijuana es un lugar excelente para dar una probadita del pasado y del presente de ese lugar.
En la parte exterior del Centro Cultural Tijuana se encuentra el Cine Omnimax, con tecnología de vanguardia en imagen y sonido, donde ver una película se convierte en un auténtico placer para los sentidos. También en la parte exterior del Centro Cultural se encuentra un hermoso jardín con reproducciones arqueológicas de Mesoamérica.
Bueno, ¿y qué pasó con el tequila, el sexo y la marihuana? Pues verán... con la vida de monaguillo que llevaba yo en el albergue de la Ciudad Deportiva, en donde debía estar a las diez de la noche si no deseaba dormir en la calle, no tuve oportunidad de disfrutar de esos pequeños placeres, habitualmente asociados con la noche. Aunque, para ser sinceros, tampoco me apenó demasiado.
Nos marchamos de Tijuana rumbo a Mexicali, la capital de Baja California Norte, donde me han dicho que tienen una temperatura muy agradable. Si no me lleva la chin... en el descenso de La Rumorosa, aquí estaré la próxima semana para platicarles acerca de la ciudad de los cachanillas.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Baja California Norte
- Secretaría de Turismo de Baja California Norte
- Mar de Cortés
- Bajanautas
- Enjoy Ensenada
- Aeropuerto de Tijuana
- Fideicomiso Público para la Promoción Turística de Tijuana
- Los Tucanes de Tijuana
- Ciclismo de montaña en Baja California
- El Paseo Rural en Bicicleta de Montaña. De Valle de Guadalupe a La Misión
- Recorrido Transpeninsular Baja 1600 en MTB
- El Sol de Tijuana
- Semanario ZETA
2 comentarios:
Si que pasaste volando por mi pueblo .. te hubiera gustado si te hubieras quedado mas tiempo .. tenemos la mala fama de que el que llega aqui .. ya no se quiere ir
Guardo gratos recuerdos de Ensenada y algún día tendré que regresar (sin bicicleta) a saludar a María de El Sauzal.
Saludos.
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