Ay mamacita, qué miedo, el güerito y la rojigualda por la autopista.Para disfrutar del descenso de la Rumorosa, primero tuve que abandonar una mañana temprano "la ciudad de los peligros" (Tijuana) y recorrer los aproximadamente 200 kilómetros que separan las ciudades fronterizas de Tijuana y Mexicali. No, no me eché los doscientos kilómetros en una jornada. Lo hice en tres y en mi camino conocí algunos lugares interesantes de los que a continuación les voy a platicar. Vamos allá.
Casi una hora me llevó salir de la ciudad de Tijuana. A pesar de que las seis de la mañana pudiera parecer una hora temprana, la maquinaria que mueve esa gran urbe ya estaba poniéndose en marcha para entonces. Las trabajadoras y trabajadores (como diría Fox), todavía medio dormidos (esto lo digo yo), se dirigían a sus puestos de trabajo en las zonas industriales por las que el caballero pedaleante circulaba a lomos de la rojigualda a la búsqueda de la carretera libre para Tecate.
La calma relativa con que transcurrió mi paso por la zona urbana se transformó por completo al conectar con la federal #2. No sé cuánta gente había optado aquella mañana de jueves 21 de agosto de 2003 por la otra alternativa, la carretera de cuota, pero doy fe de que la libre estaba muy animada. Carretera angosta, ausencia de arcén lateral, un par de sustos con mis amigos traileros... Todo ello me intimidó de tal modo que decidí... ¿regresarme a Tijuana? No, lo que decidí fue buscar cualquier camino posible antes que circular por aquel infierno. Y así pedaleé hasta Tecate (50 kilómetros): unas veces por caminos de tierra en paralelo a la carretera principal, otras en sentido contrario a la circulación y las menos, cuando no existía otra alternativa, por la carretera federal monitoreando constantemente el espejo y encomendándome a diosito para que me echara la mano en aquellos difíciles momentos. Tanto protegerme y pedalear "off-road" hizo que mis piernas y mi mente solicitasen un merecido descanso, así que cuando llegué a Tecate no tuve muchas dudas en quedarme a descansar en esa ciudad, también fronteriza. El lugar más económico que encontré fue el Hotel Juárez en el número 230 de la Avenida Juárez. No es un paraíso pero si uno desea pasar de mojado al otro lado seguro que allí le dan razón.
En Tecate se encuentra la Cervecería Tecate, una marca de chela o de cheve como dicen allí, que se consume mucho en el noroeste del país. Como no tenía mucho que hacer me fui hasta la fábrica para ver si me daban chance de visitarla. En estas que llego a la puerta y le pregunto al custodio: "Buenas tardes amigo, ¿es posible visitar su fábrica?" Y que me responde: "Claro que sí señor. La próxima visita guiada es a las tres. Pásele y tómese una cerveza de cortesía" Totalmente sacado de onda me dirigí al Jardín Cerveza y allá me senté a tomarme mi chela.
Después Alma, una linda muchacha, me ofreció una visita guiada completamente personalizada (para mí solito porque no había más personas interesadas). Alma me contó muchas cosas acerca del proceso de fabricación de la cerveza, la historia de la marca Tecate y me llevó a las diferentes secciones de la planta. Yo, la neta, la escuchaba pero estaba tan sorprendido con la simpatía, la buena onda y la profesionalidad con que desempeñaba su labor aquella muchacha que sólo captaba algunas cosas que luego mi mente no lograba conectar. Aún con todo, sí les puedo contar que me llamó la atención la limpieza de todos los lugares por los que transitamos y el alto grado de automatización del proceso de elaboración de la cerveza, que reduce el personal que trabaja en la planta a unos cuantos técnicos encargados del mantenimiento de las máquinas y otros que vigilan la calidad del producto.
Cuando nos despedimos, Alma me disparó otra cerveza y me regaló un bidón para que lo llenase de... agua y lo llevase conmigo en la bicicleta. En resumen, la fábrica Tecate me causó una excelente impresión. Si tienen la fortuna de que sea Alma quien les acompañe en su visita, díganle que a puntito estuvo de hacerme cambiar la Victoria por la Alma, quiero decir por la Tecate.
Ya vale de "hacer publicidad" Mejor vámonos a La Rumorosa, pequeña localidad de sugerente nombre ubicada entre Tecate y Mexicali. Esa jornada agarré un poquito más de confianza a eso de pedalear por la carretera y había menos circulación, de modo que lo único que tuve que hacer fue poner un ojo en la carretera y otro en el espejo retrovisor de la rojigualda. Cuando observaba en él la presencia de un objeto voluminoso acompañado de ese melodioso sonido inconfundible de los tráileres mexicanos, el mismo que comienza a hacerse presente en mis peores pesadillas, directamente me salía por voluntad propia del cuadrilátero y retornaba a él cuando la amenaza había pasado.
En mi camino (60 kilómetros) la mayor población que encontré fue El Hongo, aproximadamente a la mitad del camino, así como varios ranchos reconvertidos en lugares para el esparcimiento familiar con posibilidad de acampar. Entre los kilómetros 73 y 72 de la carretera federal (libre) #2, poco antes de llegar al poblado de La Rumorosa, se encuentra la desviación para llegar al Sitio Arqueológico El Vallecito, lugar que conserva vestigios de pinturas rupestres. La desviación está junto al restaurante "El Chipo" y se recorren un par de kilómetros antes de llegar al Sitio Arqueológico.

Allá me fui con ganas de saciar mi sed de pinturas rupestres pues las de la Sierra de San Francisco (Baja California Sur) las había eludido en mi recorrido. A pesar de que unos metros antes de llegar al Sitio Arqueológico un cartel anunciaba "No podrán visitar las pinturas sin la compañía de un custodio" el custodio que me tocó a mí en suerte, después de indicarme el itinerario a seguir, me dejó a mi libre albedrío. Y así fui caminando entre el resguardo del tiburón, el del diablito, el del hombre enraizado, el del indio y el de los solecitos. Bueno, qué quieren que les diga... ¿La neta? Me gustaron más las piedras sobre las que estaban las pinturas y el espacio donde se localizaban que las pinturas en sí. Aun reconociendo su innegable valor histórico y cultural, algunas de las pinturas me costó trabajo localizarlas, otras de plano no las vi. Claro, como allí no había custodio que me indicase donde estaban "los dibujitos"...
Para quienes les gusten las historias relativas a los conocimientos astronómicos de los antiguos pobladores de estas tierras les diré que en el llamado resguardo del diablito, en el solsticio de invierno (21 de diciembre), un rayo de luz solar penetra al resguardo por la mañana y toca directamente los ojos de la figura humana pintada de rojo, conocida como el Diablito.
Y por si alguien se pregunta por el significado de estas pinturas aquí les va lo que leí en una de las placas informativas del Sitio. "Las pinturas rupestres y los petrograbados no constituyen un lenguaje escrito, sino una forma de comunicación de mensajes que quizá estuvieron relacionados con ciertos acontecimientos, seres mitológicos y puntos geográficos... Es muy difícil desentrañar el significado de las pinturas. ¿Sería éste un sitio ceremonial?"En el Sitio Arqueológico El Vallecito es posible acampar. Junto a la entrada hay un lugar con mesas y asadores. También hay sanitarios impecablemente limpios. No es ironía, lo que más me llamó la atención del Sitio Arqueológico El Vallecito, además de las piedras, fueron los sanitarios: limpios, papel para secarse las manos, papel para limpiarse lo otro... Un auténtico lujo.
El caso es que yo pensaba acampar allí pero después de leer el cartel que rezaba "PRECAUCIÓN. En este sitio habita la víbora de cascabel. No ataca si no se le molesta", dije: ¡Ay Papantla!, ¿y si a una hermana víbora de cascabel, a pesar de no ser molestada por mi persona, se le antoja una probadita de estas piernas torneadas y esculturales que gasto desde que me encuentro pedalee y pedalee por el México lindo y querido? No mamacita, mejor me marcho a La Rumorosa. Y así fue como llegué al hotel Rumorosa, el único existente en la localidad y convenientemente ubicado al pie de la carretera para que mis sueños tuvieran como banda sonora el melodioso rugido de los motores de los tráileres.
Mientras trataba de conciliar el sueño andaba yo pensando en el cartel que, unos kilómetros antes de llegar a La Rumorosa, me anunciaba que nos encontrábamos a una altitud de 1300 metros sobre el nivel del mar. Teniendo en cuenta que la ciudad de Mexicali se encuentra a -4 metros sobre el nivel del mar llegué a dos conclusiones: el descenso de La Rumorosa iba a estar cañón y si a la altura a la que me encontraba se sentía calorcito... Mexicali, que no se encuentra en la costa sino en el interior, debía de ser un auténtico horno.Sabias deducciones que en la mañana siguiente tuve oportunidad de comprobar. La primera sorpresa fue cuando, tras dejar atrás el poblado de La Rumorosa, apareció ante mis ojos una carretera de cuota (autopista). Eché mano de mi mapa de Baja California y por más que lo miraba no encontraba otra alternativa para llegar hasta Mexicali. En España las bicicletas tienen prohibido acceder a las autopistas. En México no lo tengo claro. Como aquí casi todo es posible...
El caso es que me acerqué hasta la caseta de cobro temeroso de que fueran a frenar en seco mi deseo de experimentar las sensaciones que sin duda llevaba aparejado el descenso de La Rumorosa.
- Buenos días amigo, ¿las bicicletas también pagan?
- No, joven. Pásele pero se me va por la orilla.
- Gracias. Que tenga bonito día.
La bajada de La Rumorosa consta de veinte kilómetros, en los que se pasa de una altitud de 1300 metros sobre el nivel del mar a otra de más o menos cero metros. Ni las imágenes ni mis torpes palabras son capaces de reflejar lo que se siente encima de una bicicleta bajando por aquel lugar.

La carretera es de dos carriles para el sentido de bajada y no discurre junto a la de subida sino que cada carretera es independiente. El piso está impecable, excepto algunas zonas en las que presenta ondulaciones. No existe arcén lateral así que uno debe agarrar uno de los dos carriles como si fuera un vehículo rápido. A lo largo del descenso existen varios lugares para descansar.Uno va bajando por allí pensando en voz alta: "que no venga camión, que no venga camión" Yo estaba tan entusiasmado disfrutando del paisaje que me rodeaba que poco me faltó para caerme en un par de ocasiones. Afortunadamente, la libré. Conforme vas bajando sientes cómo cada vez un aire más caliente acaricia tu cara, tus manos, tus piernas. Piensas en los frenos de tu bicicleta, imaginas el espesor de las piezas que hacen fricción sobre el rin, su temperatura. Cuando un carro te rebasa sientes que eres afortunado por poder transitar por esa carretera de dos carriles.

Al mismo tiempo imaginas el esfuerzo que han debido hacer quienes en lugar de encontrarla de bajada como tú, se toparon con ella de subida. Intentas imaginar cuántos altos en tu camino deberías realizar para subirla, cómo se sentirían tus piernas una vez coronada la cima... Y de tan entretenido que estás con todos estos pensamientos, casi sin darte cuenta, llegas al final y exclamas: ¡Ya chingué La Rumorosa! ¡Y sin caerme!A continuación viene un terreno parejo, con alguna señal advirtiéndonos de la peligrosidad de las tormentas de arena. Prontito llegas a Mexicali, a sus grandes avenidas, mismas que tienes que recorrer para llegar al centro de la ciudad. Ya estás en "el infierno", en la ciudad del verano de seis meses. El calendario señala el día de hoy la fecha de 23 de agosto de 2003. Desde la ventana de tu habitación todo parece en calma pero cuando traspasas la puerta, el calor te golpea como un derechazo al mejor estilo de Tyson.
Si me atrevo a salir de esta habitación con aire acondicionado, la próxima semana, hablaremos sobre Mexicali.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Baja California Norte
- Secretaría de Turismo de Baja California Norte
- Mar de Cortés
- Bajanautas
- Ciclismo de montaña en Baja California
- Fideicomiso Público para la Promoción Turística de Tecate
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