martes, 29 de julio de 2003

Por la ruta de las misiones

Del 19 al 28 de Julio de 2003

Un alto en el camino hacia Ciudad Constitución para visitar a la virgencitaLos verdaderos conquistadores de la Baja California, los misioneros jesuitas, redujeron a los "gentiles" californios al gremio de la fe católica y dejaron un legado arquitectónico muy bello: las misiones.
Esta semana conoceremos varios ejemplos de ese legado en una ruta que va desde Ciudad Constitución hasta Loreto pasando por La Purísima, San José de Comondú y San Javier, en el marco incomparable de la Sierra La Giganta.
Pero vayamos por partes pues la pasada semana nos habíamos quedado en La Paz. Ni modo de recorrer los 211 kilómetros que separan las ciudades de La Paz y Ciudad Constitución en una jornada. Yo lo planteé en dos y, a pesar de que sabía que no existía ningún lugar (hotel o similar) para quedarme en un punto intermedio (por no haber no había ni pueblos tras pasar Chametla y El Centenario), allá me lancé al viva México, a ver qué pasaba.
En el hotel de cinco estrellas de El CienTras recorrer cien kilómetros llegué al pueblito El Cien, donde se encuentra la única gasolinería desde La Paz hasta Ciudad Constitución. Consciente de que allá se encontraba mi lecho aquella noche comencé a platicar con las escasas personas que encontré. Finalmente me enviaron a una casa abandonada (antiguo campamento) que se encuentra frente a la gasolinería (al otro lado de la carretera). Como los cuartos estaban bastante mugrosos me quedé en la parte de atrás, bajo un pequeño techo que confiaba me resguardase en caso de lluvia. A media tarde apareció un velador (¿qué tendrá que guardar allí aquel buen hombre?) y la noche estuvo tranquila.
En la mañana siguiente, con las primeras luces, continué el camino hacia Ciudad Constitución en medio de la soledad más absoluta, únicamente interrumpida por los escasos carros que circulaban aquella mañana de domingo por la Carretera Transpeninsular, dos núcleos habitados (Las Pocitas y Santa Rita) y algunos "restaurantes" que surgían en medio de la nada.
Unos veinte kilómetros antes de llegar a Ciudad Constitución escuché rugidos de leones (de motores quiero decir). Se trataba de una carrera de carros (Loreto-500), de esos que preparan para correr "off road" (desde que estoy en Baja California Sur mi inglés está mejorando un buen). Había mucha expectación y a mí me tocó pasar a lomos de la rojigualda por el pasillo formado por la gente apostada a ambos lados de la carretera para presenciar la carrera. Un cuate comenzó a echarme porras y contagió al resto del público. Yo al principio me sentía un poco avergonzado pero en estas que "el güerito" aprieta los dientes, se aferra al manillar, se incorpora de su asiento y comienza un sprint de unos doscientos metros que logra enfervorizar a aquellos locos con sus hieleras llenas de chelas. No, pues si vieran el relajo que se armó... ¡Cómo rugía la raza!
Bulevar Agustín Olachea de Ciudad ConstituciónIglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Ciudad ConstituciónPlaza de Armas Ignacio Zaragoza en Ciudad ConstituciónEl bulevar Agustín Olachea fue la puerta de entrada a Ciudad Constitución, centro político y administrativo del municipio de Comondú, una ciudad joven con apenas cincuenta años de existencia, nacida a finales de la década de los cuarentas producto del decreto presidencial de Miguel Alemán Valdés que inició un programa de colonización. Aquellas gentes llegadas de diferentes estados de la República Mexicana lograron con su esfuerzo transformar el desierto en un vergel productivo y hoy Ciudad Constitución es un exitoso lugar dedicado principalmente a la agricultura, en la que destacan sus anchas calles (donde curiosamente los carros iban bien despacito), el trazado lineal de las mismas y la gran cantidad de palmeras que se ven por todos lados.
A Ciudad Constitución llegué el último día de la Expo Comondú, máxima fiesta de los comundeños. Los 111 kilómetros que había pedaleado aquella jornada no fueron impedimento para, después de haberme dado un regaderazo, visitar las instalaciones de la Feria. Tras cruzar media ciudad llegué al Estadio, lugar donde se encontraba el supuesto relajo. Pagué diez pesos por entrar al recinto. Tenía ganas de beber cerveza libremente (en México está prohibido beber alcohol en la vía pública) pero los 20 pesos que costaba el bote (la lata) de cerveza me desanimaron. El precio de los jarritos también estaba cariñoso (40 pesos), de modo que opté por comerme unos burritos de machaca (deliciosos) y tomarme un café de talega (exquisito).
Creo que después de conocer las fiestas de San Fermín de la ciudad de Pamplona y la Feria de San Marcos de la ciudad de Aguascalientes el universo festivo de este planeta ofrece pocas sorpresas y la Expo Comondú no aportó nada nuevo a lo que ya había visto y vivido en esos dos lugares.
Paisaje desde la carretera de Ciudad Constitución a La PurísimaPaisaje desde la carretera de Ciudad Constitución a La PurísimaPaisaje desde la carretera de Ciudad Constitución a La PurísimaTras una jornada de descanso en Ciudad Constitución puse rumbo a La Purísima. Me eché los 140 kilómetros que separan estos dos lugares (carretera pavimentada) en una sola jornada pues en mi camino encontré pocos atractivos. Después de Ciudad Insurgentes e Ignacio Zaragoza, la nada era lo más predominante por aquellos rumbos. Ni siquiera en La Poza Grande encontré un motivo para quedarme allí a descansar, lo que unido a una que otra serpiente que había cruzado la carretera a mi paso, terminaron de convencerme para llegar a La Purísima aquel mismo día a como diese lugar.
Acceso a La PurísimaEl cerro El Pilón visto desde la carretera que une La Purísima con San IsidroAcceso a San Isidro¡Ay amigos míos! ¡Qué sensación más agradable experimenté cuando finalmente llegué a La Purísima! Después de kilómetros y kilómetros pedaleando en medio de un paisaje desértico, las frondosas palmeras que encontré a su entrada convertían aquel lugar en un auténtico oasis. Fue como una explosión de fuegos de artificio en su punto culminante.
Lamentablemente, de la Misión de la Purísima Concepción me dijeron que no quedaban ni sus ruinas ya que fue construida de adobe. A pesar de que ya lo conocía había otro motivo que me había traído hasta allí: el cerro El Pilón. Cuando en la ciudad de La Paz me mostraron una fotografía de ese impresionante cerro, me dije a mí mismo que debía conocer aquel lugar. Y allí estaba, delante de mis ojos, el cerro que en el siglo XVIII dio a los padres jesuitas la imagen abstracta de la virgen María, interpretándolo como un mensaje divino para establecerse en esa zona. La verdad es que yo no reparé en buscar similitudes en la figura del cerro pero de que estaba impresionante, lo estaba.
En San Isidro (a cuatro kilómetros de La Purísima) renté un cuartito (al lado de la "central camionera") para pasar la noche aunque quizás hubiera sido mejor idea dormir en la calle pues aquel cuartito era un auténtico horno.
Paisaje en el camino de San Isidro a San José de ComondúPaisaje en el camino de San Isidro a San José de ComondúPaisaje en el camino de San Isidro a San José de ComondúEn San Isidro termina la carretera pavimentada y comienza el camino de terracería (treinta kilómetros) que conduce a San José de Comondú. El camino es más apto para circular con un tanque que con una bicicleta. Me costó mucho tiempo superarlo porque a menudo debía bajarme de la rojigualda y continuar caminando por aquel pedregal. No me parecía correcto realizar la ruta de las Misiones lanzando improperios y juramentos, de modo que tuve que cargarme de mucha paciencia para superar aquel via-crucis.
En el fondo del valle el pueblito de San José de ComondúMisión de San José de ComondúFinalmente llegué a San José de Comondú y nuevamente una sensación de paz y tranquilidad me invadió cuando desde lo alto divisé aquel pueblo tan chiquito enclavado en una escondida y fértil cañada y en medio de frondosos árboles. Un segundo oasis. De la Misión de San José de Comondú únicamente se puede apreciar una de las naves pues según me contaron el resto de la construcción fue desmontada por un arrogante general al que aquellas piedras le gustaron mucho para edificar sus residencias.
A tres kilómetros de distancia de San José se encuentra San Miguel, lugar donde conocí a "El Yito", un tipo muy amable y platicador, cuya señora me preparó una deliciosa comida a base de pescado. "El Yito" me recomendó un lugar que resultó estupendo para descansar, donde se puede disfrutar de la sombra de las palmeras y palapas y darse un baño en la presa. Y allí, debajo de una gigantesca palapa, con la compañía de una chiva bien terca que pretendía comerse mi mosquitera, dormí profundamente al arrullo del agua y los diferentes sonidos procedentes del jardín.
Paisaje desde el camino de San José de Comondú a San JavierPaisaje desde el camino de San José de Comondú a San JavierLa mañana siguiente comenzó mal y continuó peor. Nada más superar la primera pendiente pronunciada camino de San Javier (50 kilómetros por camino de terracería) sobrevino el primer ponchazo de la llanta trasera de la rojigualda. Mala suerte pensé y me dediqué a colocar una cámara nueva. En los siguientes doce kilómetros tuve que realizar la misma operación en siete ocasiones con el agravante de que pronto se me agotaron las cámaras nuevas y debía de parchearlas allí mismo mientras el sol "acariciaba" mi piel. Cuando, a la altura de Los Hornos se ponchó la llanta trasera por octava vez, decidí cambiar de estrategia. Cambié la cámara y continué caminando, empujando la bicicleta, pues parecía ser la única forma de que la llanta trasera no se ponchase nuevamente.
Créanme si les digo que empujar una bicicleta cargada de cosas por la sierra, con fuertes desniveles y un piso lleno de piedras sueltas que dificultaban mantenerse en pie fue una de las tareas más duras a las que me he enfrentado a lo largo de nuestra bici-pato-aventura. Evidentemente, por aquel pinche camino no circulaba ningún carro ni en los alrededores había vida humana.
Paisaje desde el camino de San José de Comondú a San JavierPaisaje desde el camino de San José de Comondú a San JavierDecidí continuar adelante y racionar las provisiones de agua pensando que aquella noche la iba a pasar allí. Pasé un rancho (Las Ánimas) donde no encontré ni alma. Continué adelante y, cuando llegué al primer lugar habitado (rancho Palo Chino), nuevamente una sensación de tranquilidad me invadió. Había empleado casi una jornada en recorrer los 27 kilómetros que separaban aquel rancho de San José de Comondú pero allí estaba don Miguel, que me dio agua, me preparó un café y me dejó un catre para descansar. Tuve oportunidad de platicar largo y tendido con don Miguel y me contó cómo era su vida en el rancho con sus chivas, sus gallinas, su perro y su gato. Nunca había llegado a un ranchito de estos (de los pobres) y aquel lugar me pareció un hotel más lujoso que aquellos que había conocido en la región de Los Cabos. Allá no había casi nada pero la presencia de don Miguel llenaba todas las "carencias" Acostado bajo aquel techo de hoja de palma pensé en lo complicado que me resultaba entender cómo alguien puede vivir en medio de tantas privaciones: sin luz eléctrica, prácticamente aislado y con un paisaje tan duro alrededor. No encontré respuestas a todo ello porque pronto me venció el sueño.
Con la rojigualda a la entrada de la Misión de San Francisco Javier Viggé Biaundó en San JavierMisión de San Francisco Javier Viggé Biaundó en San Javier












En la mañana siguiente me despedí de don Miguel y continué mi camino hacia San Javier. Salí decidido a recorrer los algo más de veinte kilómetros que me restaban caminando pero el camino estaba en mejores condiciones y decidí hacerlo pedaleando, logrando el milagro de no ponchar una sola vez. San Javier resultó ser un pueblo realmente chiquito donde lo único destacable es la Misión de San Francisco Javier de Viggé Biaundó (1744) que se conserva perfectamente. No sólo es la mejor conservada sino que también se considera la máxima expresión de la arquitectura misional ("La Reina de las Misiones").
Vista del pueblito de San Javier desde la entradaPaisaje desde el camino de San Javier a LoretoEn San Javier descansé en uno de los huertos donde todavía es posible ver alguno de los antiguos olivos plantados en tiempo de los jesuitas por los indígenas. A ese lugar acudí por mediación de don Ramón, la persona encargada de cuidar las instalaciones de la Misión de San Javier, quien tiene allí una casita. Don Ramón se portó muy bien conmigo y estuvimos platicando largo rato.
Ya sólo quedaba llegar a Loreto (37 kilómetros por camino de terracería) para completar la ruta de las misiones. El camino de San Javier a Loreto está en buenas condiciones y el paisaje que se contempla desde él es muy hermoso. Lo recorrí sin contratiempos y cuando llegué a Loreto me sentí muy dichoso. Aquel día (26 de julio de 2003) se cumplían seis meses desde el inicio de nuestra bici-pato-aventura y llegaba a aquel lugar tras superar una de las pruebas más duras a las que me había enfrentado hasta ese momento: la batalla de La Giganta.
Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó en LoretoPaseo Juan María Salvatierra de Loreto












Detalle de la Cruz de raíces, escultura natural en forma de cruz, en el Patio Cultural del Museo de las Misiones de LoretoCruz de raíces, escultura natural en forma de cruz, en el Patio Cultural del Museo de las Misiones de Loreto











Loreto es un pequeño poblado turístico (cuya oficina de información turística permanece cerrada sábados y domingos durante el "periodo vacacional"), asentado a la orilla del Mar de Cortés, donde se fundó la primera misión de Las Californias, la cual fue llamada Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó (siglo XVIII), punto de partida para la posterior expansión de todo el imperio misional. El edificio ha sufrido numerosos trabajos de reconstrucción en su estructura. Anexo a la iglesia se encuentra el Museo de las Misiones. Cuenta con seis salas de exposición permanente, con un rico acervo de 230 piezas ligadas a la etapa misional de las Californias. Visitándolo uno aprende muchas cosas. Por ejemplo, durante el periodo de permanencia de los jesuitas en tierras californianas (1697-1767) la población indígena pasó de 41500 gentes a 7149.
Playa de LoretoDársena de LoretoEl Mar de Cortés visto desde la playa de Loreto. Al fondo, la isla del CarmenGaviota en la playa de LoretoQuizás lo mejor de Loreto sea la tranquilidad que se respira en sus calles, los paseos al atardecer por el malecón y los árboles que nos permiten protegernos del rigor del sol. En un libro aparecía como uno de los pueblos más bellos de México pero en mi modesta opinión no es para tanto. Los precios siguen siendo elevados e injustificables teniendo en cuenta la calidad de los servicios.
Nuestra bici-pato-aventura continúa hacia el norte. Nuestro destino inmediato es Guerrero Negro, donde daremos por finalizado nuestro recorrido por Baja California Sur y nos adentraremos en Baja California (Norte). Si no me engulle el Desierto El Vizcaíno, aquí estaré la próxima semana.
Facun.

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Otros enlaces de interés:

- Mapa del estado de Baja California Sur

- Coordinación Estatal de Turismo de Baja California Sur

- Puro Valle
- Ruta de las Misiones
- Tierra incógnita
- Mar de Cortés
- Bajanautas

- Ciclismo de montaña en Baja California
- Recorrido Transpeninsular Baja 1600 en MTB

- El Sudcaliforniano