A lo largo de nuestra bici-pato-aventura me está tocando lidiar muchos toritos, muchas situaciones complicadas de las que hasta el momento he logrado salir con bien.Tras el doctorado que realicé en la Universidad de Tequila sobre ese "líquido narcótico y blanco" que tanto me gusta, puse rumbo hacia tierras nayaritas. Nunca imaginé que un día mis pedaladas me iban a llevar hasta aquellos rumbos pero una vez allí, se trataba de conocer lo mejor posible el lugar que en tiempos prehispánicos fuera asentamiento de grupos indígenas: Coras, Huicholes, Tepehuanes y Mexicaneros, los cuales se encuentran actualmente asentados en las agrestes montañas del Nayar, perteneciente a la cordillera de la Sierra Madre Occidental.
La carretera libre Guadalajara-Tepic nos ofrece un impresionante paisaje montañoso en la intersección de los estados de Jalisco y Nayarit. Yo levantaba mi cabeza y veía caminos serpenteantes que subían y subían, como si el mismísimo cielo fuera su destino. Ante ello, preferí concentrarme en cosas más inmediatas, en la siguiente curva, en seguir con la vista el camino que agarraban los camiones que me rebasaban.
Dos detalles me hicieron caer en la cuenta de que me encontraba en el estado de Nayarit: el cambio horario con la llamada hora oficial de las montañas (una hora menos respecto al centro) y el cambio en los envases de los refrescos de "la chispa de la vida"
Pronto llegué a Ixtlán del Río, ciudad dominada por una imagen de Cristo Rey erigida en lo alto de un cerro y punto final de mi etapa. Ixtlán fue un importante nudo de comunicaciones y cruce de caminos entre el centro y el norte de México y hoy día es de esas ciudades "violadas" por una carretera que soporta un tráfico incesante y que divide el pueblo en dos partes: la orilla derecha y la izquierda de la avenida Hidalgo.El motivo de querer conocer Ixtlán no fue evidentemente para escuchar a los camiones aplicando el freno motor a su paso por ella sino visitar el sitio arqueológico de Los Toriles, distante un par de kilómetros del centro de la población y en donde la época conocida como las "tumbas de tiro" alcanzó su esplendor entre los años 600 y 1050 d.C.





La zona arqueológica Los Toriles está considerada la más importante del occidente del país y presenta un conjunto de palacios y otras construcciones con pórticos, columnas, altares con escalinatas y grandes plazas ceremoniales, legado arquitectónico, artístico y religioso de los pueblos más antiguos de América.Entre estas construcciones destaca el misterioso Templo Circular de Ehécatl -el equivalente de Kukulkán en el Mundo Maya- en el que llaman la atención sus ventanas troneras en forma de cruz latina, que le dan al templo una peculiar distinción de cualquier otra construcción prehispánica. Además del Templo Circular de Ehécatl existen más de una docena de construcciones en estado de conservación aceptable. A la entrada del recinto arqueológico existe un Parador Turístico donde se puede visitar un Área de Investigación Arqueológica con la reproducción de una Tumba de Tiro y un Museo de Sitio.
De Ixtlán salí en la mañana temprano rumbo a Jala (17 kilómetros) para una vez allí ascender al volcán Ceboruco (2200 metros de altitud) por camino empedrado de 18 kilómetros. La última erupción del Ceboruco ocurrió en 1870 y su actividad actual se reduce a unas cuantas fumarolas. Jala me recibió con una camioneta de sonido en la que el municipio informaba "a toda la población que debido a los apagones de luz el sistema de agua potable se descarga. Les pedimos comprensión y les informamos que seguiremos suministrando el agua con las pipas a la puerta de sus domicilios, así que estén preparados con sus cubetas. También les informamos que el drenaje está siendo taponeado por excrementos de cerdo. Les pedimos paciencia pues la máquina de desazolve la tenemos que rentar y está próxima a llegar"De paciencia me tuve que armar yo mientras esperaba durante una hora que alguien hiciera aparición en el "hotel" Don Rubén, según me comentaron el único lugar de hospedaje en Jala. Creo que sólo en México es posible llegar a un hotel a las nueve de la mañana, encontrarlo cerrado, sin nadie que responda la llamada del timbre, y al cabo de exactamente una hora continuar todo en idéntica situación. Quizás por esto alguien se refirió a Jala como una "pintoresca población donde el tiempo parece haber detenido su curso" Cansado ya de jaladas decidí marcharme de aquel lugar sin tener muy claro cuál sería mi siguiente destino aquella mañana. Cuando en mi camino apareció la localidad de Ahuacatlán pensé que aquel podría ser buen lugar para curarme el coraje que hice al pie del Ceboruco.
¿Sí les he dicho en alguna otra ocasión que en México, cuando una puerta se me cierra, es porque otra más interesante está aguardándome? Pues bien, con el hiper-optimismo que caracteriza mis andanzas por tierras mexicanas tuve la fortuna de llegar al hotel Quinta del Real de Ahuacatlán, ubicado en el 124 C de la avenida 20 de Noviembre, donde me estaba esperando Andrés Montero Flores, propietario del establecimiento y que resultó ser un excelente guía durante mi estancia en su ciudad.
A lo largo de nuestro paseo conocimos el templo de San Francisco de Asís, la Plaza de Toros "El Recuerdo", la casa donde nació Prisciliano Sánchez Padilla (primer gobernador constitucional del estado de Jalisco en 1825) y la Casa de la Cultura. Todas las construcciones tenían detrás interesantes historias que Andrés iba desgranando. También nos acercamos hasta los terrenos invadidos por rocas sólidas producto de los flujos de lava del volcán Ceboruco. El paisaje, inhóspito y pedregoso, constituido por ásperos derrames basálticos de origen volcánico, me recordó a aquel que disfruté cuando estuve en las faldas del Paricutín. Desde un mirador Andrés me fue narrando diferentes episodios de la conquista. Era tal el entusiasmo con que acompañaba sus explicaciones que por un momento pensé que se nos iba a aparecer el mismísimo Nuño de Guzmán y yo me iba a enfrentar con aquellos gachupines al grito de ¡Viva México cabrones!
Finalmente, Andrés me mostró una interesante colección de fotografías del Ahuacatlán de principios del siglo XX, una muestra de piezas arqueológicas, una pequeña exposición fotográfica sobre los vestigios prehispánicos que él ha investigado en la zona y recortes de periódico de cuando el corredor francés Jamel Balhi llegó a su casa, en una de sus etapas de la vuelta al mundo. Me reí mucho cuando Andrés me contó que el presidente municipal de Ahuacatlán tenía todo preparado para despedir con honores a tan distinguido visitante pero, cuando quisieron dar inicio al evento, los tenis del de Notre Dame ya se encontraban trotando por el suelo de la vecina Ixtlán, de modo que los de Ahuacatlán se quedaron plantados, con todo y fiesta.

Me despedí de mi amigo Andrés deseándole suerte en su proyecto de convertir el Quinta del Real en un referente cultural para la zona y agradeciéndole las atenciones que había tenido conmigo. Mi siguiente destino era Santa María del Oro, localidad donde en el siglo XVIII funcionaban tres pequeñas minas o reales y que en la actualidad su principal atractivo lo constituye su laguna, denominada por algunos como "La Encantada", ubicada en un cráter volcánico de la Sierra Madre Occidental, rodeada por cerros y distante nueve kilómetros (carretera pavimentada) de Santa María del Oro.




El lugar está bonito pero no llegó a encantarme. Como muchos otros lugares, una parte de su orilla está ocupada por restaurantes que ofrecen "suculentos" platillos de pescado que yo nunca como, hay embarcaciones a motor que navegan dentro de sus aguas y un club privado (Santa María Resort) como señal inequívoca del clasismo que afecta a la sociedad mexicana.
Yo me limité a tomar algunas fotografías y a intentar buscar el camino que me llevara a dar un paseo rodeando de forma completa la laguna. No tuve mucho éxito porque mis pedaladas me llevaron por un camino de terracería hasta El Buruato, donde no había laguna ni ná.Algunos de los restaurantes levantados en la orilla de la laguna rentan cuartos y otros permiten acampar en sus terrenos. Yo me quedé en el pueblo de Santa María, en el número 22 de la calle Emiliano Zapata, donde la señora del local donde venden pollos rostizados me rentó un cuartito (también rentan cuartos en el número 44 de la calle Juárez).
Y así, un poco desencantado tras mi visita a "La Encantada", pedaleé hasta alcanzar la capital del estado de Nayarit, la ciudad de Tepic, que será la protagonista del próximo relato.
Hasta la próxima semana. Se me cuidan.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Nayarit
- Secretaría de Turismo del Estado de Nayarit
- Ven a Nayarit
- Nayaritas
- Nayarit
- Tepic travel
- Ixtlán del Río
- Rumbos al Aire
- El Sol de Nayarit
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