sábado, 7 de junio de 2003

Ay Jalisco no te rajes

Del 29 de Mayo al 6 de junio de 2003

En Cerro Colorado, camino de Mezquitic¿Qué me ha movido a conocer a la "gente que puebla lugares de plantas espinosas"? ¿Por qué si todas las "condiciones objetivas" me aconsejaban eludir este lugar en mi ruta hoy estoy aquí?
La respuesta es sencilla. Para conocer México, en mi modesta opinión, es imprescindible acercarse hasta sus comunidades indígenas. Es tan grande, y no siempre reconocida, la riqueza cultural de los grupos indígenas mexicanos que sería una frivolidad por mi parte no aprovechar esta aventura para aprender algo de esas gentes.
No vengo buscando la nota folclórica, ni a tomar la fotografía fácil, ni mucho menos a enseñar nada. Vengo a conocer, a aprender, a convivir si se da la oportunidad y, sobre todo, a intentar que la única huella que deje tras mi paso por este lugar sea la de las llantas de mi bicicleta, misma que la lluvia se encargará de borrar rápidamente.
Al inicio del relato hablaba de las "condiciones objetivas" que me aconsejaban eludir en mi ruta la zona que habitan los huicholes. Estas "condiciones objetivas" podría resumirlas en: la dureza del terreno para llegar hasta el "lugar de plantas espinosas", con la imponente presencia de la Sierra Madre Occidental y la ausencia de carreteras pavimentadas; el hecho de no contar, a pesar de haberlo intentado por diferentes vías, con ningún contacto en la zona que pudiera abrirme algunas puertas; el carecer de un mapa detallado de la zona con las distancias entre las comunidades; y finalmente, el inicio de la temporada de lluvias, que no le invita a uno precisamente a vivirlo en plena sierra.
A veces, hay algo misterioso en nuestro interior que nos hace, aun sin ignorar todos los impedimentos existentes a la hora de emprender algo, asumir las consecuencias de nuestros actos, porque aquello que deseamos hacer está por encima de todas esas incomodidades.
Pero vayamos por partes, primero les contaré cómo llegué hasta aquí.
La pasada semana nos habíamos quedado en Chalchihuites. Desde allí había planeado yo llegar a Valparaíso, puerta de entrada a la Región Huichol, en una jornada. Sin embargo, tardé cuatro. ¿Comprenden ahora por qué elegí el término de pato-aventura para designar mis andanzas por tierras mexicanas?
Paisaje desde la carretera de Jiménez del Teúl a Milpillas de la SierraVista de Jiménez del Teúl desde la carretera hacia Milpillas de la SierraCuando llegué a la población de Jiménez del Teúl y le pregunté a la señora Socorro cómo le podía hacer para ir hacia Milpillas de la Sierra ella agarró un banquito y me invitó a que la acompañase a la entrada de su tiendita, se subió al banquito y me dijo: "¿Ve usté joven aquel caminito que se ve allá en lo alto?" Sí señito, ya lo veo. "Pos es por allá" Ah...
Quizás aquello no era la Sierra Madre pero doy fe que podría tratarse de una de sus hijas, y bien desarrollada que estaba la señorita, con todas sus cositas bien puestas. Aquella situación ameritaba de un poco de reflexión y aunque en Jiménez del Teúl no hay ningún hotelito, la seño de la Ferretería Aries (al lado de Básicos Leo) me rentó un cuartito a cambio de cincuenta pesos. A mí me debió tocar la "suite presidencial" porque era un cuarto con tres camas, muy espacioso, super-limpio y con un cuarto de baño de lujo. Así que, tras descansar y aprovechar para alimentarme "con fundamento", en la mañana siguiente inicié la ascensión, evidentemente por camino de terracería, al "cerrito" Con dificultad llegué a Refugio de los Pozos y de ahí a Milpillas de la Sierra. En Milpillas realicé una encuesta entre "los aborígenes" acerca del rumbo a tomar para llegar a Valparaíso, encuesta que arrojó resultados tan dispares que me aconsejaron continuar hacia Ojo de Agua de la Batea, desde donde según mi Biblia, quiero decir mi mapa de la guía Roji, , podía agarrar hacia Valparaíso por Capulín de la Sierra.
Sin embargo, una vez en Ojo de Agua de la Batea, el camino hacia Capulín había desaparecido misteriosamente, no del mapa sino del terreno, y aunque yo quería ir a Valparaíso, el destino, es decir, todas las personas a las que pregunté en Ojo de Agua, se empeñó en mandarme para Fresnillo. Pues ni modo, me dije a mí mismo, vámonos tendidos como bandidos para Fresnillo.
La lluvia se encargaría pronto de frenar "en seco" mis ímpetus y tuve que buscar refugio en una comunidad menonita. Es curioso, después de pasar "de puntillas" por la ex-hacienda La Honda con el deseo incumplido de conocer tantito la vida de aquellas gentes, fue la lluvia la que me obligó en la Sierra Valparaíso a pedir refugio en la casa de una familia menonita. La señora de la casa me envió a "mi sitio natural", el establo, donde se encontraban jugando los más pequeños de la casa, que a pesar de no hablar español parecían muy sorprendidos y alborotados con mi presencia. Pronto se acercó el hombre de la casa, el jovencísimo padre de aquellas seis criaturas, con quien sí pude platicar mientras aguardábamos que cesara el diluvio.
En cuanto dejó de llover, como no deseaba quedarme en el establo y tampoco veía la posibilidad de que me ofrecieran otro lugar, me despedí de aquellas gentes y continué hacia El Niño Artillero, donde pedí a don Leandro (el comisariado ejidal) que me dejase de favor un lugar donde cobijarme y descansar hasta la mañana siguiente. Don Leandro me entregó la llave del salón de juntas y allá instalé mi campamento, puse a secar mis ropas y descansé para, en la mañana siguiente, marchar a Fresnillo que, según pude comprobar, seguía tan feo como lo había conocido la semana anterior.
Y, por fin, tras cubrir a buen ritmo los noventa kilómetros que separan Fresnillo de Valparaíso me encontré, ahora sí, en la puerta de entrada para visitar a la "gente que puebla lugares de plantas espinosas".
Curioso mensaje en la carretera de Valparaíso a HuejuquillaValparaíso está grande y cuenta con todos los servicios. Su gente es amable y sus mujeres, quizás las más bonitas que haya conocido a lo largo de mi viaje. Me sorprendió la prosperidad económica de este lugar pero platicando con la gente recibí la explicación: la clave está en la gran cantidad de dólares que llegan procedentes de los paisanos que viven y trabajan en el otro lado. Me contaron que muchas transacciones comerciales (compra-venta de carros y terrenos) se realizaban en puros dólares. Pronto puse rumbo hacia Huejuquilla El Alto, población dentro de los dominios del estado de Jalisco.
Detalle del kiosko de la Plaza de HuejuquillaKiosko de la Plaza de HuejuquillaParroquia de HuejuquillaSi Valparaíso me sorprendió, lo de Huejuquilla no fue para menos. Yo no esperaba encontrar una población en ese lugar que contase con tantos comercios. Hasta un par de hoteles encontré paseando por sus calles. Yo me quedé en un cuartito que me rentó la seño de la tienda de abarrotes que se encuentra en los arcos de la plaza principal. El lugar no se puede comparar con aquel otro de Jiménez del Teúl pero para pasar una noche...
En Huejuquilla comencé a ver los primeros huicholes (casi todos puros hombres) con su indumentaria tan colorida. Son varias las cosas que me llaman la atención del pueblo huichol: la primera, que los hombres (los primeros que suelen ceder a las nuevos usos y costumbres provenientes del exterior) no han perdido el hábito de vestir con su traje tradicional; la segunda, las múltiples formas de expresión artística con que cuenta el pueblo huichol; tercera, los cuatro elementos fundamentales en su vida (el sol, el maíz, el venado y el peyote); cuarta, sus formas de gobierno tradicionales; y por último, la peregrinación que año con año en época de secas realizan a Wirikuta, considerada tierra sagrada donde moran los dioses, con la doble finalidad de recolectar el peyote que posteriormente emplearán en sus ceremonias y hallar a los dioses para "encontrar la vida"
Paisaje desde la carretera de Huejuquilla a MezquiticContinuamos con las sorpresas. Cuando llegué a Mezquitic, esperaba encontrar allí un poblado huichol. Sin embargo, la realidad fue otra. Mezquitic es un pueblo de mestizos al que acuden algunos huicholes por razones comerciales, es decir, para comprar y vender. El lugar cuenta con dos hoteles pero yo me quedé en casa de doña Jobita (calle Vicente Guerrero, casi frente al restaurante Paty) quien me rentó un cuartito con dos camas y varios sillones a modo de estancia.
Curiosamente, yo era el único "rostro pálido" entre todos los huéspedes de doña Jobita. Mis compañeras y compañeros de hostal vestían con colores llamativos y platicaban entre ellos en una lengua extraña para mí. ¿Adivinan de quién estoy hablando? Efectivamente, la casa de doña Jobita estaba ocupada por un "güerito gachupín" y una veintena de personas de la etnia huichol. Tanto andar busque y busque y total que el azar me había llevado a compartir la misma casa que mis amigos huicholes. Tenían que habernos visto en la noche a todos concentrados en el patio de la casa alrededor del televisor, disfrutando del penúltimo capítulo de la telenovela "Las vías del amor"
La población de Mezquitic vista desde el mirador de la carretera hacia HuejucarPaisaje desde el mirador de la carretera de Mezquitic hacia HuejucarEn Mezquitic aproveché para "entrevistarme" con el director de la delegación del INI (Instituto Nacional Indigenista), organismo gubernamental que trabaja los asuntos indígenas de este país, trabajo cuestionado por numerosas organizaciones indígenas. Dos fueron los motivos que me llevaron hasta allí: primero, conocer la visión del director acerca del mundo indígena; segundo, ver si había chance de que alguno de los equipos de trabajo del Instituto me llevase a la Sierra y me mostrase "in situ" en qué se gastaba el presupuesto. De nuestra larga conversación llegué a la conclusión de que, sin ser yo miembro de ningún organismo reconocido por el gobierno mexicano, resultaba muy complicado que accediesen a llevarme "de paseo" por las comunidades donde radican los huicholes. Le planteé qué opinaba él de que agarrase la rojigualda y me presentase en las comunidades San Sebastián Teponahuaxtlan (Wautia) y Tuxpan de Bolaños (Tutsipa) que, junto a San Andrés Cohamiata (Tateikie) y Santa Catarina Cuexcomatitlan (Tuapurie) son los asentamientos más grandes del pueblo huichol en el estado de Jalisco, cuya población se estima en catorce mil gentes. Él, además de advertirme de la dificultad que presentaba el terreno para llegar hasta esos puntos, me aconsejó que desistiese de mi idea pues es necesario que pase mucho tiempo antes de ganarse el respeto y la confianza de los huicholes, cuyas experiencias con "el hombre blanco" no han sido a lo largo de la historia precisamente buenas.
El descanso del guerrero. En San Rafael, camino de Huejúcar, después de una etapa de montañaAsí que, una puerta (la gubernamental) se cerraba pero otra me estaba aguardando en casa de doña Jobita. Y fue allí, donde platicando con el venado (hermano del hombre y con él, la criatura más perfecta de la creación según la cultura huichol) que la doña tiene en el patio, reflexioné sobre aquel "problema tan grave" que tenía en mis manos.
- Hermano venado, mi deseo es conocer a la "gente que puebla lugares de plantas espinosas" pero no encuentro la llave que me abra esa puerta.
- ¿Por qué estás buscando la llave de una puerta que tienes abierta? ¿Acaso no estás rodeado aquí, en casa de doña Jobita, de hermanos huicholes?
- Sí, pero a mí me gustaría llegar a su territorio, convivir y aprender con ellos, que vieran que mi corazón es noble, ganarme su confianza y su respeto.
- ¿No crees que tu irrupción en una comunidad de la Sierra con tu traje de caballero pedaleante, tu rojigualda y tus tiliches amarrados cual buhonero resultaría, además de chistosa, un poco violenta? ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a aguardar antes de ser aceptado? ¿Cuáles son los víveres que vas a llevar para alimentarte durante el tiempo que permanezcas allí? ¿Dónde los vas a trasladar?
- Hermano venado, eres sabio y muy concreto en tus observaciones. Sólo tengo respuesta para la primera de tus preguntas. Me cai que los huicholes se iban a reír un buen cuando me vieran llegar con estas trazas. Creo que hasta me colocarían algún apodo. Una última pregunta, ¿qué hago para no defraudar a "los millones de lectores" que leen las crónicas del viaje en mi blog?
- Caballero pedante, perdón quise decir pedaleante, preocúpate por no defraudarte a ti mismo. Continúa tu camino, sacia tu sed de aventura, mexicanízate tantito, experimenta, aprende las lecciones del viaje, curte tu piel y "sigue como hasta ahora con el corazón del guerrero" Un día vas a regresar a casa de doña Jobita y vas a tomarte tu tiempo para convivir con los hermanos huicholes y para convencerles de que tu corazón es noble. Quizás, y sólo es una posibilidad muy remota, alguno de ellos te lleve a la Sierra, te invite a conocer la casa donde habita, las personas con quienes convive, el río donde se baña, los dioses con los que platica... y tú serás el hombre más feliz de este mundo.
Río que pasa por San Cristóbal de la Barranca, camino de GuadalajaraTodas mis dudas se habían despejado tras la conversación con el hermano venado. En la mañana siguiente abandoné Mezquitic y puse rumbo a la ciudad de Guadalajara, con el deseo de volver a encontrarme con los amigos que había dejado en "la ciudad amable" Tras tres duras e intensas jornadas de pedaleo para cubrir los 300 kilómetros que separan Mezquitic de Guadalajara, impresionado por el paisaje que encontré en mi camino, ahorita me encuentro planificando nuestro próximo destino: el estado de Nayarit.
Hasta la próxima semana.
Facun.

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