¿Qué mejor para iniciar nuestro recorrido por el estado de Zacatecas que hacerlo en Chicomostoc, "el lugar de las siete cuevas"?Para algunos historiadores Chicomostoc es el mítico lugar desde el que los aztecas iniciaron su peregrinación hacia el valle de México para fundar la gran Tenochtitlan. Según otros estudios, el inicio de esa peregrinación estaría ubicado en la isla Mexcaltitán (estado de Nayarit).
Sea como fuere, a 13 kilómetros de Villanueva con rumbo a la ciudad de Zacatecas, existe una desviación a mano derecha que conduce al cabo de un par de kilómetros hasta el Sitio Arqueológico La Quemada, el cual recibe este nombre porque hacia el año 1000 el lugar sufrió un incendio.



La zona arqueológica de La Quemada destaca en medio de un amplio valle. Desde ella se tiene una panorámica completa de toda la región, lo que les permitía a sus antiguos pobladores tener un control total de la misma. El periodo de esplendor de este lugar se sitúa entre 300 y 700 D.C.Lo que hoy podemos observar de aquel antiguo asentamiento es el Salón de las Columnas, la cancha para el juego de pelota, la pirámide Votiva, la muralla y en la parte superior, una serie de terrazas que albergaban diferentes edificios.
En el lugar existe también un Museo de Sitio con una colección de piezas y objetos encontrados durante los trabajos de exploración.
Lo que me resultó más interesante de mi visita a La Quemada fue conocer la existencia de una compleja red de caminos que comunicaban este lugar con otros sitios del valle, caminos que no precisaron utilizar quienes aquella mañana de domingo 18 de mayo de 2003 llegaron con todo y helicóptero hasta allí y que, a pesar de que estuve investigando acerca de la identidad de tan distinguidos visitantes, no logré averiguar nada con exactitud.Así que, me despedí de aquellos anónimos tripulantes que se negaron a darme un rai, avancé unos cientos de años en el calendario y unos pocos kilómetros en mi camino, para llegar a la ciudad de Jerez de García Salinas, lugar donde nació un 15 de junio de 1888 el poeta Ramón López Velarde, cuyo busto me dio la bienvenida al entrar por la calzada La Suave Patria.

Como llegué hasta Jerez interesado por la figura del poeta, en cuanto estuve instalado, me dirigí al número 33 de la calle de la Parroquia para visitar la Casa-Museo Ramón López Velarde.La vida del "poeta esencial y supremo" transcurrió entre las ciudades de Jerez, Zacatecas, Venado (SLP), San Luis Potosí y México. El 1 de junio de 1921, pocos días antes de morir, aparece publicado en la revista "El Maestro" el poema La suave patria, uno de los últimos que escribió y el que mayor divulgación ha tenido del conjunto de su obra. En él realiza una descripción tierna, clara y bella de México, llena de sensibilidad y amor hacia su país. De Jerez me gustó particularmente el Jardín Páez y, en general, el ambiente relajado que se disfruta en la ciudad, donde el ritmo pausado de la provincia se respira en todos sus rincones.


Con fragmentos de La suave patria revoloteando en mi cabeza (Suave Patria: te amo no cual mito/sino por tu verdad de pan bendito/como a una niña que asoma por la reja/con la blusa corrida hasta la oreja/y la falda bajada hasta el huesito) continué hacia el norte, en busca de la ciudad ubicada en las faldas del cerro de Proaño y la segunda en importancia después de la capital del estado. Me refiero a Fresnillo, ciudad tan grande como fea, pero necesario punto de descanso en mi camino hacia Sombrerete.Encontré refugio y una exquisita amabilidad de todo el personal que me recibió en el Ágora José González Echeverría, el principal centro cultural de la ciudad y, curiosamente, tantito retirado del centro de la misma. En este lugar se exhibe la aportación que un grupo de fresnillenses ha realizado al mundo de la cultura y el arte. Mi primera sorpresa fue al visitar la sala Pedro Valtierra y descubrir la fotografía tomada un 3 de enero de 1998 en Xóyeb, municipio de

Chenalhó (Chiapas) en la que aparece un grupo de mujeres indígenas chiapanecas enfrentándose en un forcejeo a un soldado del Ejército Mexicano, imagen que le sirvió al fotógrafo de San Luis de Ábrego para ser distinguido con el Premio Rey de España 1998, galardón otorgado por la agencia de prensa española Efe. En la sala se exhiben otras fotografías, todas ellas de excelente calidad, que hicieron avergonzarme tantito de las que tomo yo con mi cámara "de última generación"En el Ágora existen otras cinco salas: la dedicada al célebre músico y compositor Manuel M. Ponce; la de Francisco Goytia, pintor de la idiosincrasia mexicana; la de Tomás Méndez, uno de los mejores compositores mexicanos de música folclórica y popular; la de Daniel Peralta, pintor y escultor que ha sido comparado en maestría y talento con Francisco Goytia; y finalmente la de Mateo Gallegos, muralista que ha plasmado en su obra diversos episodios de la historia de Zacatecas y del país.
En el Ágora José González Echeverría se encuentra asimismo el Museo de Minería Napoleón Gómez Sada, que consta de seis salas en las que se exponen: indumentaria, elementos de trabajo, documentos, piezas de mineralogía y testimonios que reflejan la importancia que tuvo la industria minera en la ciudad de Fresnillo.
Después de "culturizarme" tantito en el Ágora agarré un camión para Plateros, ubicado a 5 kilómetros de Fresnillo y en cuyo santuario se encuentra la imagen del Santo Niño de Atocha, que ha de ser bien sociable pues cada año le visitan tres millones de personas. No conseguí conocer la historia oficial ni la oficiosa de la pequeña imagen a quien cariñosamente le dicen también "el tejanito", "el chaparrito" y "Manuelito" pero según pude ver en la colección de miles de exvotos que se encuentran colocados a un lado del santuario, son muchas las personas que "le van" al Santo Niño.
Los exvotos son testimonios en forma de cuadro o dibujo que los fieles entregan en el santuario una vez que el Santo Niño les ha echado la mano para salir con bien de sus broncas. La mayoría hacían referencia a la curación de diferentes enfermedades pero a mí me llamó la atención el exvoto de un cuate que decía textualmente: "Gracias le doy al Santo Niño de Atocha por haber librado mi camioneta de un embargo"Con mi visita al Santuario de Plateros di por finalizada mi exploración de los principales lugares de peregrinación religiosa de México: la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México, el Santuario del Señor de Chalma (estado de México), la basílica de San Juan de los Lagos (Jalisco) y el Santuario de Plateros (Zacatecas). Creo que es imprescindible llegar hasta estos lugares para conocer un poquito mejor este país. Así que, misión cumplida.
De Fresnillo a Sombrerete se puede llegar por dos caminos: uno corto y otro largo. ¿Adivinan cuál agarré yo? Efectivamente, el largo. Ya veo que me van conociendo. El caso es que en mi mapa aparecía una carretera dividida (con dos carriles por sentido) entre Fresnillo y Río Grande, así que no lo dudé un instante y me dirigí hasta el lugar que, curiosamente, cuenta con un gran puente sobre un río que cuando yo pasé, mayo de 2003, presentaba un caudal inexistente.

Río Grande es el típico pueblito al que se acercan las personas que viven en los ranchos y comunidades aledañas a hacer sus compras. Me gustan estos lugares porque hay muchas tienditas donde venden botas y sombreros, sillas de montar, machetes y todas esas cosas imprescindibles para trabajar en el campo.De Río Grande podía haber agarrado hacia Sombrerete pasando por González Ortega pero, sin embargo, seguí derechito hasta Miguel Auza. ¿El motivo? Lo que yo denominaría como "la erótica de la frontera" Las fronteras, aunque en este caso sean las internas de un país, ejercen sobre mí una extraña atracción. Me gusta experimentar esa sensación de encontrarme en el límite, en la barrera, en ese punto que todo niño travieso desea franquear para conocer cómo se siente del "otro lado"
No me tomen por pinche loco y déjenme que les explique tantito. El caso es que la población de Miguel Auza se encuentra cerquita del límite entre los estados de Zacatecas y Durango y yo quise llegar allí para, en caliente, tomar una importante decisión para el futuro de nuestra pato-aventura: continuar con rumbo norte o virar hacia el oeste para buscar el sur.
Aplacé tantito tomar esa trascendental decisión porque en aquel momento, al llegar a Miguel Auza, lo importante estaba en el estadio Jalisco de la ciudad de Guadalajara, donde se estaban enfrentando en el duelo de vuelta para calificar a la liguilla final del Torneo de Clausura 2003 del futbol mexicano, el rebaño sagrado de las chivas de Guadalajara y la máquina celeste del Cruz Azul. Los de la escuadra celeste traían una ventaja de 4 por 1 pero los tapatíos lograron, en un vibrante juego, igualarla y finalmente calificar para la liguilla. Después de las emociones futboleras y mientras saboreaba una gordita de chicharrón, me enfrenté a mi destino. La suerte estaba echada. Pedí águila y salió águila. Eso quería decir que mi destino más inmediato era Sombrerete y no Torreón. El norte de México tendrá que esperar para ver a "el güerito" arrastrándose por las carreteras de aquellos rumbos pero créanme si les digo que, cuando vi en mi camino aquella indicación de Chihuahua 772 kilómetros, por un instante pensé en seguir la recomendación que un día me dio mi amigacho Porfirio: "No te detengas hasta llegar a Chihuahua". Ah Chihuahua...
En Miguel Auza vi por primera vez a los miembros de la comunidad menonita. Pregunté a la autoridad (un policía municipal que encontré defendiendo el palacio) qué onda con aquellos güeritos que vestían de aquel modo tan peculiar (los varones overol, camisa de manga larga y sombrero; las damas vestido largo sin ninguna clase de escote, una pañoleta sujeta al cuello, sombrero, medias y un pequeño listón entrelazado con el cabello). Él me dijo que eran menonitas (constituyen la iglesia evangélica más antigua) que llegaron hace años al municipio de Miguel Auza como "paracaidistas", procedentes de Canadá aunque su origen era Alemania, que posteriormente compraron tierras, las mejores del municipio y que se la pasaban trabajando en sus campos.
También le pregunté cómo eran las relaciones entre dos grupos que parecían tan diferentes: los orgullosamente mexicanos "miguelaucenses" y aquellas personas, protagonistas de uno de los tantos capítulos de éxodo que han vivido a lo largo de su historia. Me dijo que, contrariamente a lo que se pudiera pensar, no habían surgido grandes problemas de convivencia.
El caballero pedaleante es curioso por naturaleza, así que a la mañana siguiente puso rumbo a Sombrerete pero, de camino, quiso conocer el lugar donde viven los menonitas. Y así fue como llegué a la ex-hacienda La Honda. Lo primero que llamó mi atención al llegar a aquel lugar fue la gran prosperidad económica que se reflejaba en los múltiples talleres y negocios instalados a la orilla del camino de terracería. Gasolinería, ferretería, carpinterías, supermercados, una pizzería y hasta un deshuesadero de carros. Y un montón de aperos nuevecitos listos para trabajar en el campo.Los menonitas con los que platiqué fueron muy amables conmigo cuando les pregunté cómo podía salir de aquel laberinto de campos hacia la población de González Ortega. Sin embargo, los vi tan entregados a sus faenas en el campo y a la fabricación de queso, que no me pareció adecuado distraerles demasiado en sus tareas cotidianas. A mí todo aquello me hizo recordar La casa de la pradera, aquella serie de televisión que veía cuando era niño y que jaló tanto en la España de los setentas. Creo que la ex-hacienda La Honda es un excelente lugar para realizar un buen trabajo fotográfico. Claro que, para ello, primero es necesario conocer a las personas que allí viven, convivir con ellas y, sobre todo, respetar el modo de vida que han elegido. Tras dejar a aquellas gentes tan curiosas y rebozado como croqueta por el polvo que levantaban las trocas con las que compartía el camino de terracería, llegué a la gasolinería de González Ortega donde unos cuates que se encontraban pisteando a media mañana mostraron serias dudas acerca de si "el güerito" sería capaz de llegar con la rojigualda hasta Sombrerete. Aquellos comentarios, lejos de desanimarme, me dieron alas y echándole muchas ganas llegué, cansado pero llegué, a la Villa de Llerena Real y Minas de Sombrerete, donde en 1555 un pequeño grupo de españoles se estableció al pie de un cerro con forma de tricornio.
En Sombrerete existen varios templos pero como me encontraba tantito saturado de construcciones religiosas opté por visitar la Sierra de Órganos, distante alrededor de treinta kilómetros y caracterizada por las enormes columnas de roca basáltica dispuestas en filas, que forman una extensa variedad de figuras que despiertan nuestra imaginación. Les contaré cómo llegué hasta allí, pues a pesar de ser un Parque Nacional, las indicaciones no son muy numerosas que digamos. De Sombrerete agarré la carretera número 45 con dirección a Durango y, tras pedalear casi veinte kilómetros y pasar un retén militar, encontré una indicación a mano derecha con la inscripción 









Sierra de Órganos. Comenzó un camino de terracería, pasé por San Francisco de Órganos, en la intersección Agua Zarca-Doroteo Arango agarré Doroteo Arango y en la de Doroteo Arango-Órganos agarré Órganos. Pronto llegué a la caseta de acceso al Parque Nacional Sierra de Órganos. El lugar tiene su encanto (también numerosas plantas espinosas) y es una gozada pasear entre las rocas basálticas y dejar volar nuestra imaginación para "bautizar" las diferentes formaciones. Quise acampar pero la inminente presencia del líquido elemento (la lluvia) aconsejó que regresara a Sombrerete. Cuando yo visité el Parque Nacional Sierra de Órganos (a fines del mes de mayo de 2003) se encontraban terminando los trabajos de construcción de un grupo de cabañas, que según me contaron pronto estarían preparadas para ofrecer alojamiento.Si en Sombrerete desean conocer a la persona que, posiblemente, conozca mejor la Sierra de Órganos pueden contactar con don Luis Martínez Ledesma, propietario de la mueblería "La casa de usted", en la avenida Hidalgo, cerquita de la plaza principal. Don Luis les mostrará la gran cantidad de fotografías que ha tomado en la Sierra y cómo ha "bautizado" él las diferentes formaciones.



Tras despedirme de don Luis puse rumbo a Chalchihuites para visitar el impresionante centro astronómico y ceremonial de Alta Vista, distante escasos seis kilómetros de la cabecera municipal. La cultura que se desarrolló en este lugar (entre 200 y 1000 D.C.) fue la de chalchihuites, palabra cuyo significado es "piedra preciosa" o "piedra verde" Las estructuras que se pueden apreciar en el Sitio Arqueológico de Alta Vista están relacionadas con la doble finalidad del lugar como centro astronómico y ceremonial: el Templo de los Cráneos, el Salón de las Columnas, el Laberinto, la Pirámide del Sol y la Plaza Principal.Comenzábamos este relato en La Quemada y ponemos punto final al mismo en Alta Vista. En medio hemos conocido algunos lugares del estado de Zacatecas, uno de los más montañosos de la República Mexicana. Nuestras piernas dan fe de ello pero la exquisita amabilidad con que hemos sido tratados en tierras zacatecanas nos hace olvidar esas pequeñas incomodidades. Y como prueba de ello nos marchamos ahora a la Sierra Huichol para conocer a la "gente que puebla lugares de plantas espinosas". Conocido es que no hay rosas sin espinas. Esperemos no salir espinados de nuestra próxima aventura.
Les espero la próxima semana.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Zacatecas
- Secretaría de Turismo del Estado de Zacatecas
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- Travel Zacatecas
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- El Antiguo Chicomostoc
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- Historia y relatos del Santo Niño de Atocha
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- La Jornada Zacatecas
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