Mi primera visión de la ciudad de Zacatecas fue peculiarísima. "El pueblo en sí está mal construido, las calles son estrechas y sucias y la población es de mal carácter"
De este modo se refería en 1846 el inglés George F. Ruxton, un tipo algo sangrón, en su libro Aventuras en México para definir la villa minera de Zacatecas.
Más de 150 años después otro tipo, a veces también algo sangrón, llegó a la ciudad de Zacatecas y de lo que allí pudo observar versa esta semana nuestro relato.
Cuando acudí a uno de los módulos de información turística de la ciudad y mostré mi desacuerdo con la escasa información que me habían proporcionado, me remitieron a las oficinas del Consejo Estatal de Turismo, dependiente del gobierno del estado de Zacatecas y ubicadas en el segundo piso del número 403 de la avenida Hidalgo.Allá, tratando con los meros-meros, les expliqué que deseaba escribir algo digno sobre aquel lugar y les pedí más información acerca de la ciudad que se estableció hace muchos años al pie del cerro de La Bufa, habitado entonces por un pequeño grupo de zacatecos. Una amable damita me regaló una interesante revista sobre el centro histórico de la ciudad, un libro sobre su historia y la guía de México desconocido del estado de Zacatecas.
De bien nacidos es ser agradecido, así que cuando abandoné aquellas oficinas me dije a mí mismo que debía echarle muchas ganas para conocer aquel lugar. Tarea que, la neta, no resultó una pesada carga sino todo lo contrario. ¿Qué mejor para un hombre desocupado como yo que tener delante una mujer (quiero decir una ciudad) a la que desnudar con su mirada y explorar cada rincón de su cuerpo (quiero decir de sus calles)?
Intuyendo que mi estancia en la "Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas" se iba a dilatar tantito, busqué alojamiento en uno de esos callejones tan pintorescos que tiene el centro histórico de la ciudad, concretamente en aquel que le dicen Mono Prieto. Y así fue como llegué al Hostal Villa Colonial.
Este establecimiento, que atendiendo a la grandilocuencia de su nombre bien pudiera hacernos pensar en un lugar de esos que lucen varias estrellas en su puerta, es en realidad un hostal juvenil (youth hostel), un lugar donde descansar y convivir en un ambiente familiar, mientras disfrutamos descubriendo la antigua villa minera.

Para comenzar a conocer la ciudad a la que llegaron en 1546 Juan de Tolosa, Diego de Ibarra, Baltasar de Bañuelos y Cristóbal de Oñate, nada mejor que contratar los servicios de un helicóptero. Claro que, si no tenemos lana suficiente para hacerlo, siempre nos queda el consuelo de abordar el teleférico que une los cerros de "El Grillo" y "La Bufa"
En los aproximadamente ocho minutos que se tarda en recorrer los escasos 650 metros que separan ambos cerros seremos testigos de la complicada traza urbana de la ciudad, dibujada a lo largo de la columna vertebral de su cañada, el Arroyo de La Plata.Para quienes desconfíen de eso de estar suspendidos de un cable de acero a 85 metros de altura, deben saber que "sus cabinas y equipo de operaciones y control son de origen suizo, lo que garantiza la plena seguridad de su funcionamiento" Pinche malinchismo, enfermedad incurable del México lindo y querido.


En el cerro de La Bufa, "una cresta grande de peña viva que tiene señoreada la ciudad", encontraremos diferentes atractivos: la capilla de Nuestra Señora del Patrocinio, patrona de la ciudad; la Plaza de la Revolución Mexicana, con tres estatuas ecuestres que representan a Pánfilo Natera, Francisco Villa y Felipe Ángeles, que en 1914 combatieron en la batalla conocida como "La Toma de Zacatecas" en la que se enfrentaron los huertistas y los villistas; el Museo Toma de Zacatecas para conocer tantito acerca de ese interesante episodio de la Revolución Mexicana; y la Estación Meteorológica, ubicada en un curioso torreón construido en 1906.Para regresar a la ciudad yo les sugiero que lo hagan caminando, pues de este modo conocerán algunas colonias populares cuyas construcciones contrastan con las de la ciudad de sabor colonial, escenario de diferentes estilos arquitectónicos: barroco, neoclásico, ecléctico y neogótico, pues en estas colonias los ingredientes fundamentales de sus construcciones son la varilla y el tabicón.
Del cielo al subsuelo. La ciudad que vio frotarse las manos a los conquistadores españoles a raíz del descubrimiento del rico yacimiento minero de San Bernabé, cuenta con el atractivo de la Mina El Edén. La visita inicia con un recorrido de 540 metros en un trenecito, para a continuación echar pie a tierra y caminar a través de las galerías del cuarto nivel de la antigua mina, cuya explotación comenzó en 1586 y cesó en 1960. La visita puede ser interesante para valorar el esfuerzo que suponía para los mineros de aquella época arrebatarle a la tierra sus minerales aunque a mí lo que más me sacó de onda fue que en el interior de la mina, donde se realizaba la trituración y molienda de los minerales, actualmente funciona la discoteca "El Malacate" ¿Serán también suizos los ingenieros que desarrollaron este proyecto?
Una vez que ya hemos sobrevolado la ciudad y explorado sus profundidades podemos empezar a caminar su centro histórico, declarado en 1993 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, aunque todavía hoy (Mayo de 2003) el gobierno de Zacatecas no tenga constancia escrita de tal distinción. Pasear por el centro histórico de la ciudad es un verdadero placer, es asistir en vivo y en directo a un hermoso espectáculo de urbanismo y arquitectura. La magnificencia de sus edificios denota la opulencia de sus antiguos habitantes.


Al pasar por delante del Teatro Calderón, de estilo afrancesado, uno puede imaginarse a aquellas señoras con vestidos largos, acompañadas por caballeros tocados con sombrero de copa, guantes y bastón. El antiguo Mercado González Ortega, reacondicionado y convertido en Centro Comercial bajo "criterios contemporáneos", añora el bullicio, los olores y los sabores de antaño. Las gorditas de la señá Lupita sucumbieron ante la irrupción de las tiendas donde se paga con Visa, se envasa al vacío y se denominan boutiques, todo ello en un espacio neutro e impersonal.

Si nos dirigimos a la Plaza de Armas, frente a la cual fue exhibida la cabeza de Miguel Hidalgo tras su ejecución en la ciudad de Chihuahua, podremos admirar: el Palacio de Gobierno, construido a principios del siglo XVIII y que guarda en su interior un mural que representa la historia y la cultura de Zacatecas; el Palacio de la Mala Noche, actual sede del Tribunal Superior de Justicia de Zacatecas, construido por el empresario minero de origen vasco Manuel Retegui; y finalmente, en el costado norte, una casona que a mí me encandiló.
Si queremos saborear el encanto de las plazuelas de la ciudad que en una ocasión fue definida como "una flor de cantera surgida en medio del árido paisaje que la rodea", podemos visitar la de Goitia, una de las más concurridas y donde se presentan espectáculos al aire libre o la de Genaro Codina (en homenaje al compositor de la Marcha de Zacatecas), la más concurrida de las que yo conocí.

La ciudad cuenta también con algunos parques y jardines. Entre los primeros destacaría: la Alameda; el Parque General Enrique Estrada ("el Central Park zacatecano"), ubicado al lado de el Acueducto del Cubo; el Parque La Encantada, excelente lugar para pasear, correr o descansar. En cuanto a los jardines los hay bien coquetos como el Juárez, el de la Madre y el Independencia, este último frente a la Biblioteca Mauricio Magdaleno.

En cuanto a la arquitectura religiosa, además de admirar la Catedral, máximo exponente del barroco de toda América Latina y cuyas fachadas poseen la más rica ornamentación del país, existen otros templos como son: Santo Domingo, San Agustín, San Francisco, la Capilla de Mexicapan y uno que a mí me gustó especialmente, el de la Virgen de Fátima.


De la media docena de museos con que cuenta la ciudad, además de el de la
Toma de Zacatecas, yo visité tres. En el Museo Rafael Coronel, ubicado en lo que antiguamente fuera el Convento de San Francisco, podrán admirar, entre otras cosas, una colección de más de cinco mil máscaras elaboradas entre los siglos XVIII y XIX y utilizadas en diferentes danzas y ceremonias. Del Museo Zacatecano me quedo con las fotografías expuestas en la escalera de acceso y en el patio interior del mismo que nos retratan rasgos de la cultura y costumbres de los huicholes. Y al Museo Universitario de Ciencias, en el edificio de Rectoría de la Universidad Autónoma de Zacatecas, acudí ante el reclamo que suponía para mí la exhibición de una colección de antiguos aparatos de medición, aunque para ser sincero la muestra me decepcionó tantito. 



Pero sin duda, lo más interesante de la ciudad de Zacatecas es caminar por sus calles y callejones y platicar con su gente que, a pesar del agreste paisaje que domina su entorno, se muestra alegre y hospitalaria. Al pasear por sus callejones uno tiene la impresión de sentirse observado pues raras veces la presencia de un extraño rompe la rutina de la vida de sus moradores.
Además, a mí me recordaban a aquellos escenarios medievales donde el silencio se interrumpía repentinamente con el grito de ¡agua va! surgido desde alguna ventana.Si las primeras horas de la noche nos sorprenden en los callejones de la ciudad de Zacatecas es muy probable que escuchemos las notas de los instrumentos de alguna banda de música recorriendo las calles y plazas del centro histórico de la ciudad. Se trata de las famosas callejoneadas, andanzas nocturnas de gentes que tienen algo que celebrar y que se hacen acompañar por el tamborazo, una
pequeña banda de música entre cuyos instrumentos destaca la tambora y un burrito cargado con mezcal. A lo largo del recorrido se va sumando más gente a la comitiva y los que festejan invitan a todo mundo a mezcal. Esta costumbre es el espejo donde se refleja el carácter zacatecano: alegre, generoso y siempre dispuesto a convivir.La progresiva expansión de la ciudad de Zacatecas ha significado la aparición de un municipio conurbado, Guadalupe, donde el mayor atractivo lo constituye el
Museo de Guadalupe, en el que todas sus obras pictóricas son de temática religiosa y está considerado uno de los mejores y más antiguos museos del país. En el edificio contiguo se encuentra el Museo Regional de Historia, donde se exhibe una interesante colección de antiguos medios de transporte: carretas, carruajes, carrozas y carros.Con el sabor añejo que nos brindan esos carros expuestos en el Museo Regional de Historia de Guadalupe ponemos fin a nuestra visita a la ciudad de Zacatecas. A modo de resumen les diré que disfruté mucho durante mi estancia en aquel lugar. Me reí mucho platicando con don Ernesto, el padre del joven que está al frente del Hostal Villa Colonial. Don Ernesto me contó las tres mentiras del mexicano: una, préstame una feria que mañana te la regreso; dos, nomás la puntita mi amor (cuando la dama se opone a tener relaciones sexuales con penetración); y tres, para mañana lo tengo sin falta. Si llegan a conocer a don Ernesto, pregúntenle acerca de la flojera que afecta a los comerciantes de la ciudad y dejen que a continuación él haga una pequeña parodia acerca del momento de abrir y cerrar los comercios.


El Centro Histórico de la ciudad de Zacatecas me trajo a la memoria recuerdos del Casco Viejo de la ciudad de Pamplona. Desde la terraza del Villa Colonial observaba la vida de las azoteas, esos lugares que sirven de refugio a los solitarios, donde tienden la ropa las señitos, donde juegan los niños y donde las acciones cotidianas se convierten en maravillosas estampas fotográficas.Si tuviera que poner algún pero, si tuviera que decir algo que no me gustó de esa ciudad, fue la política de permitir únicamente a los ciudadanos zacatecanos el acceso gratuito a los museos los días domingo. Es el primer lugar del México lindo y querido donde me encuentro con semejante norma absurda. Me dolió saber que dicha medida la había adoptado un gobierno perredista.
Otro detalle que me resultó molesto durante mi estancia en la ciudad de Zacatecas fue el escaso respeto que mostraron mis compañeritos de cuarto en el hostal Villa Colonial hacia el sueño ajeno. Con decirles que no logré dormir ni siquiera una noche bien... Hasta los japoneses, gente a la que tenía yo por educada, resultaron ser unos "toca-pelotas" Aquellos hijos del sol naciente hicieron que me enojase la última noche que pasé en el Villa Colonial. No quiero pensar qué hubiera pasado de tener un cuerno de chivo a la mano. ¿Me estaré volviendo un poco rucailas?
Pero dejemos estas pequeñas incomodidades a un lado. Que no empañen nuestro paso por "la ciudad con rostro de cantera y corazón de plata". Nuestra aventura debe continuar y, una vez conocida la capital del estado, buscaremos nuevos rincones que nos hagan tener una idea más precisa del "lugar donde abunda el zacate".
Será la próxima semana.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Zacatecas
- Secretaría de Turismo del Estado de Zacatecas
- Secretaría de Cultura del Estado de Zacatecas
- Travel Zacatecas
- Visite Zacatecas
- Museos en la ciudad de Zacatecas
- La Jornada Zacatecas
- El Sol de Zacatecas
2 comentarios:
El espacio es poco,la historia que encierra esta ciudad es grande,lastima que mucha historia estè distorsionada.Caso de ello es la mina del Edèn.Su nombre original es Mina de Guadalupe, segùn consta en la carta geologica-minera elaborada por Joseph Burkardt,(tècnico alemàn) hacia el año 1834.En en interior de las minas,no se realizaban procesos de
trituracion ni molienda,sòlo la extracciòn propiamente dicha del mineral.El proceso metalurgico se realizaba en instalaciones en superficie,en las llamadas Haciendas de Beneficio.En Zacatecas existieron
màs de 300 minas y un maximo aproximado de 60 Haciendas de Beneficio.Algunas de las minas han quedado sepultadas bajo la mancha urbana,es el caso de la mina de Quebradilla.Hace 200 años,en el punto àlgido de actividad de esta mina,contaba con una fuerza de trabajo de mas de 2000 hombres,màs de la mitad de ellos en el interior de la mina,auxiliados por aproximadamente 800 caballos,que accionaban 16 malacates en ocho tiros,para extraccion y desagûe y cuyas profundidades rebazaron los 200 metros.Todo esto,mina e instalaciones,vestigio y testimonio historico de la actividad minera,fueron cegados,demolidos y practicamente olvidados.El mineral procedente de la mina de Quebradilla,se procesaba o beneficiaba en la Hacienda de Cinco Señores,de la cual solo existe la capilla,conocida en la actualidad como La Sagrada Familia.El campo de Base-Ball aledaño eran los patios de la Hacienda.La mina de Malanoche,celebre por la riqueza que dio al minero español Manuel de Retegui,y por cuyos frutos construyò el señorial edificio conocido como Palacio de la MALANOCHE,dicha mina se transformo en el TIRADERO MUNICIPAL DE BASURA
La cantera tomò y debiò su forma,gracias a la plata.
Exite una antigua copla que reza asì :
" Si la de San Bernabè,no diere tan buena ley,no casara Diego de Ibarra,con la hija del Virrey".
Hay mucha Historia en Zacatecas,pero tal parece que a los propios y no a los extraños,nada les importa de ese legado.Saludos, F. E. Oliva
Gracias F. E. Oliva por ilustrarnos sobre la minería de Zacatecas. La "ciudad con rostro de cantera y corazón de plata" es una de mis preferidas y casi me atrevería a afirmar que es la más bella de cuantas he conocido en mi recorrido por la República Mexicana.
Saludos.
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