Camino de Quiroga un carro se detuvo en el arcén de la carretera, de él descendió un joven que esperó el paso del caballero pedaleante y le ofreció una fruta. ¿Saben quién era ese muchacho?Se trataba de Mauricio Ramos. Pues vaya, podrán decir ustedes, a nosotros ese nombre no nos dice nada. Pues a mí me dice mucho. Más que su nombre, la historia que existe detrás de este joven. ¿Sí me permiten que les platique tantito acerca de esa historia? Pues bien, el amigo Mauricio, en compañía de Alex, ambos orgullosamente mexicanos, viajaron en sus bicicletas desde Cancún hasta Los Cabos (Cancún-Tamaulipas y San Luis Potosí-Los Cabos), es decir, que cruzaron el México lindo y querido de punta a punta. Pero aún hay más, lo hicieron en compañía de dos perros. Ah, ya entiendo, pensará usted: los perros jalaban de las bicicletas como si fueran trineos. Pues no, los perros viajaban cómodamente instalados en sendos carritos acoplados a los ejes traseros de las bicicletas de Mauricio y de Alex. Y créanme si les digo que no se trata precisamente de perros chiquitos, que aquí el caballero pedaleante los ha visto con estos ojitos.
Lo que más me gusta de esta historia es que, en este país al que gachupines, gringuitos y demás fauna venimos a vivir nuestras "aventuras", en esta ocasión los protagonistas sean orgullosamente mexicanos.
Fue una feliz coincidencia encontrarme con Mauricio aquella mañana del jueves 20 de marzo de 2003. Estuvimos largo tiempo platicando, intercambiando impresiones entre dos viajeros en bicicleta: uno, que guarda gratos recuerdos de su aventura ya terminada y el otro, que apenas está comenzando a descubrir la belleza que esconde este maravilloso país.
Mauricio me deseó al despedirse que tuviera buen camino y yo emprendí nuevamente el pedaleo rumbo a Quiroga. Mi intención era quedarme a pernoctar en este lugar pero tras checar los precios de cuatro hoteles, que me pedían cerca de doscientos pesos por quedarme, me espanté y decidí que era mejor dirigirme a Pátzcuaro, donde sabía que la oferta hotelera era mayor.
Y efectivamente, la oferta en Pátzcuaro es bien amplia. El primer lugar en el que pregunté, atraído por el nombre de hostería que lucía en su puerta, era bien agradable. El precio por noche: MIL PESOS. Uta, pensé yo, vengo huyendo de los hoteles de a 200 pesos de Quiroga para encontrarme con este de mil pesos en Pátzcuaro.
Sin embargo, aquel joven de la hostería era hombre de bien y probablemente debido a la imagen que le ofrecía el caballero pedaleante con sus tenis viejitos, se apiadó de él. No, no me regaló una habitación en su establecimiento, me indicó cómo podía llegar hasta uno de "los míos" (un hotel de a cien pesitos). Y así llegué a El Pedregal que, aunque sus tarifas eran mayores a 100 pesos, tras una "dura" negociación con la señora Evelina, logré que me dejase el cuartito en la mágica cifra. Teniendo en cuenta que la ocupación hotelera durante esos días en Pátzcuaro era alta por el puente de marzo (el 21 se celebra el aniversario del nacimiento de Benito Juárez), quedé satisfecho y pude comprobar que mi colmillo continúa bien afilado después de vivir durante un año en la ciudad de México.
Como ya estamos instalados y hemos puesto en orden nuestros tiliches, comencemos el relato contando que en esta región habitaron hace muchas lunas los tarascos, contemporáneos de los mexicas y que formaron su propio imperio independiente. La denominación tarascos, según me contaron, proviene de la época de la conquista, cuando los españoles les pedían a los caciques locales mujeres. Éstos les ofrecían a sus hijas y les daban a los españoles el tratamiento de "tarascue" (yernos). Como usaban tanto este vocablo, los españoles comenzaron a llamarlos tarascos. Los antropólogos han optado por la denominación purépechas o p'urhépecha.
Pátzcuaro fue el principal centro religioso prehispánico pues decían sus antiguos habitantes que aquí se encontraba la puerta del cielo por donde ascendían y descendían los dioses. Yo anduve busque y busque, a ver si encontraba la escalera que utilizaban los dioses en sus idas y venidas, pero lo único que encontré fueron un montón de hoteles y posadas, numerosos restaurantes más bien caros, algún antro y, sobre todo, cientos de turistas deambulado por el lugar, ávidos por devorar un día feriado.

De modo que, ante la ausencia de cosas verdaderamente importantes, la mañana del 21 de marzo, después de honrar la memoria de don Benito en la Plaza Vasco de Quiroga, agarré mi bicicleta y decidí dar un paseo de cerca de 60 kilómetros alrededor del lago. Partiendo de la ciudad de Pátzcuaro me dirigí a Ihuatzio, "lugar de coyotes", donde se encuentra una
zona arqueológica de gran importancia, utilizada como observatorio astronómico y centro ceremonial hasta la llegada de los conquistadores. Al llegar al sitio arqueológico me encontré con un numeroso grupo de personas, ataviadas con ropas blancas y ceñidor rojo, que se encontraban a la entrada del recinto, realizando una especie de desfile o procesión y que me impedían el paso. Pacientemente esperé a que desalojaran la entrada para poder acceder al lugar.Fue entonces cuando me acordé que era 21 de marzo y, por tanto, primer día de la primavera, lo que explicó por qué mis hormonas están tan alteradas últimamente. ¿Han oído hablar de los ritos que se realizan en las zonas arqueológicas de México con motivo de la llegada de la primavera? ¿Han visto imágenes o han asistido a Teotihuacán algún 21 de marzo?
Quizás yo no sea la persona más indicada para platicarles de todo esto, pues mi escepticismo crónico me puede traicionar, pero la idea que yo tengo es que en ese día las personas que acuden a esos lugares lo hacen con intención de purificarse, cargarse de energía y algunos para honrar a los dioses.

Pero mejor continuemos con nuestro grupo espiritual de Ihuatzio. Los habíamos dejado desfilando hacia las pirámides dedicadas a "Curicaveri" y "Xaratanga" Yo los seguí de forma discreta y observé que los meros-meros de aquel rebaño eran dos personas grandes, él con lentes oscuros, que iban arropados por el resto del grupo. Al llegar a la parte posterior de las pirámides se detuvieron y dieron inicio a un acto/ofrenda/ceremonia al aire libre, que yo también seguí discretamente y a cierta distancia.Se me ocurrió prender un cigarrillo pero poco tardó una señora del grupo en acercarse a mí y pedirme que apagase mi cigarro y respetase la ceremonia que estaban realizando. Como no soy persona que me guste entrar en polémicas, menos cuando de asuntos cósmicos/espirituales/religiosos se trata, apagué mi cigarrillo y lo guardé para fumármelo en otro momento y en mejor compañía, no sin antes preguntarle a "doña respeto" el nombre del grupo organizador de aquel evento. A.G.E.A.C.A.C. me dijo que se llamaba.
Me despedí de las pirámides de Ihuatzio con el deseo de poder visitarlas en mejor ocasión y continué mi camino hacia Tzintzuntzan. Para llegar a este lugar, que fuera centro del imperio purépecha y primera ciudad capital de Michoacán, tienen dos opciones: una, regresarse hasta

Sanabria y continuar por la carretera pavimentada que lleva hasta Quiroga, la otra opción es agarrar el camino de terracería que une Ihuatzio con Tzintzuntzan pasando por Cucuchuchu, Ucazanaztacua, Tarerio e Ichupio. Yo elegí la segunda opción, la del camino de terracería, y es la que les recomiendo, pues por la carretera pavimentada apenas se divisa el lago.En el sitio arqueológico de Tzintzuntzan se conservan unas curiosas construcciones prehispánicas conocidas como las "yácatas", que merece la pena visitar.
A partir de Tzintzuntzan el recorrido alrededor del lago de Pátzcuaro continúa por Quiroga. A continuación vienen una serie de pueblos chiquitos pero interesantes, en los que todavía las señoras visten con la tradicional indumentaria indígena y es posible escuchar la lengua de los más primeros habitantes de estas tierras. Si tienen posibilidad, no duden en acercarse a alguno de estos lugares (Santa Fe de la Laguna, Puacuaro, Erongarícuaro, Huecorio...). No esperen ser recibidos con música de banda, posiblemente nadie se acerque a platicar con ustedes pero, a veces, observando también se aprenden cosas.Nuestro recorrido nos lleva nuevamente a la ciudad de Pátzcuaro, donde los compradores compulsivos de artesanías no han desaprovechado la jornada y cargan con un burrito de alpaca, una vasija de cerámica y un artilugio elaborado en madera donde colocar las llaves.
De la ciudad de Pátzcuaro me gustó la Plaza Vasco de Quiroga, que lleva el nombre del primer obispo de Michoacán, que en el año de 1540 trasladó de Tzintzuntzan a Pátzcuaro el Obispado de Michoacán, otorgándole a la ciudad la categoría de capital de Michoacán. A don Vasco de Quiroga se le atribuyen la edificación (con mano de obra indígena) de templos, hospitales, escuelas, calles y fuentes.
Otro lugar, en mi opinión interesante, es "El Humilladero", lugar donde se produjo el encuentro entre el rey purépecha Tanganxoan II y el jefe de los conquistadores españoles Cristóbal de Olid. Cuenta la historia que el jefe purépecha se arrodilló ante el español, de ahí la denominación de El Humilladero. Aunque de poco le sirvió al bueno de Tanganxoan hincarse de hinojos ante los conquistadores pues sería finalmente asesinado por ellos.
Largo hemos platicado de la ciudad de Pátzcuaro y sus alrededores pero aún nos falta conocer el motivo principal que atrae a los visitantes que llegan hasta este lugar. Me refiero al lago, integrado por un grupo de islas entre las que destaca la de Janitzio. Antes de llegar a Pátzcuaro había leído en los
periódicos regionales de Michoacán noticias referentes a la degradación que afectaba a la zona lacustre y una vez allí pude constatar que era cierto. A pesar de que me negué a colaborar aún más en esa degradación, me acerqué hasta uno de los tres embarcaderos existentes a las afueras de Pátzcuaro, concretamente al llamado Muelle General, para ver el changarro que tienen allí montado. Me hice un hueco entre navegantes que esperaban su turno para embarcar y otros que regresaban de la isla de Janitzio convertidos en unos auténticos "lobos de lago" y me dio un poco de tristeza ver todo aquello.

Sin haber probado la sopa tarasca, ni el pescado ¿blanco?, ni la nieve de pasta, pero habiendo disfrutado de mi paseo cicloturista no contaminante alrededor del lago, me marché de Pátzcuaro con rumbo a el "lugar de palmeras", Tacámbaro, para dar inicio a una nueva etapa por tierras michoacanas de nuestra bici-pato-aventura, misma que llevará por título Caminos de Michoacán, y que al ratito tendrán oportunidad de leer en este sitio Web. No me falten que pasaremos lista.
Facun.
Otros enlaces de interés:
- Mapa del estado de Michoacán
- Secretaría de Turismo del Estado de Michoacán
- De pata de perro
- Michoacán Travel
- Pátzcuaro
- Xiranhua
- Cultura Purhépecha
- La Voz de Michoacán
- La Jornada Michoacán
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