Hola amigos de En bicicleta por el país de los topes. Permítanme que me presente. Mi nombre es Facundo, aunque las personas más allegadas me llaman Facun. Hoy inicio un viaje en bicicleta por el país de los topes. Para quienes no los conozcan les diré que los topes son esos elementos, presentes en toda carretera mexicana que se precie, que se instalan para reducir la velocidad de los carros. Además de provocar la ira de los automovilistas, para quienes viajamos en bicicleta, son un elemento bien antipático porque nos obliga a realizar un esfuerzo mayor cuando los encontramos de subida y a transformarnos en equilibristas cuando asoman de bajada. Pero no es mi intención darles una "conferencia magistral" acerca de los topes. Además, dicen que "quien algo quiere, algo le cuesta" y si el tributo para conocer este país es sortear ese tipo de obstáculos, estoy dispuesto a pagarlo. Mejor hablemos del viaje. Alguien estará preguntándose por ahí dónde comienza esta pato-aventura. La respuesta: en la colonia Izcalli Pirámide II, municipio de Tlalnepantla , estado de México. Pues vaya, qué original podrán pensar. Ciertamente hubiera sido más chido comenzarlo en el corazón de la ciudad de México, en el Zócalo capitalino. Pero qué quieren que les diga, a un servidor le daba flojera desplazarse hasta allí para tomarse la foto, así que mejor iniciarlo desde la puerta de su casa.¿Será mexicano el protagonista de nuestra pato-aventura? No, no soy mexicano, aunque el último año de mi vida lo he pasado en la ciudad de México. Aquí "el güerito" nació en "la madre patria", en un país artificial allende los Pirineos. Entonces, ¿qué demonios ha estado haciendo "el güerito" el pasado año en la capital de los chilangos? Ahoritita se lo explico, no se me impacienten. Algunos de ustedes ya conocerán que la ciudad de México se encuentra a más de dos mil metros de altitud respecto al nivel del mar. Uno, que está ya un poco ruco y se toma muy en serio las recomendaciones de su doctor, decidió que era necesario un largo periodo de aclimatación antes de emprender el viaje, así que ni corto ni perezoso, se ha pasado un añote entero en la antigua Tenochtitlan. Un año en el que ha hecho infinidad de cosas, excepto pedalear en bicicleta. Pero eso es otra historia.
Les hablaré un poco de mí, tantito, lo suficiente para demostrarles que soy un intrépido aventurero curtido en mil batallas y con miles de kilómetros recorridos en mi bicicleta. Tengo 34 años, cualquier parecido entre mi persona y la de un deportista es pura coincidencia, soy fumador de un paquete de Alas azules diario y este es mi primer viaje en bicicleta. O sea, que este viaje sí que va a estar grueso.
¿Por qué he elegido México para poner a prueba mi deplorable estado de forma física? Respuesta: he tenido la fortuna de visitar este país en tres ocasiones, por periodos de tiempo que oscilaron entre dos semanas y un año. Las mejores cosas de mi vida me han sucedido en esta tierra. Deseo conocer algunos lugares de la República, compartir mi tiempo con sus habitantes, aprender con ellos y vivir con intensidad cada instante de esta aventura. ¿Qué otro lugar entonces podría ser el escenario para esta, digamos comedia romántica, sino el México lindo y querido?
Pasemos a hablar de la otra protagonista de esta historia. Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. En el caso de este pequeño hombrecito, detrás de él -o mejor dicho debajo de él y no les estoy albureando- está su bicicleta. Una Orbea comprada hace algo más de tres años y que no se imaginaba, cuando estaba expuesta en la tienda de mi cuate Ángel Mari, el sufrido destino que le aguardaba después de vivir sus primeros años de existencia tan descansada. La bici la traje conmigo desde España hasta México en el avión y para aquéllos que no crean en los milagros les diré que llegó hasta tierras aztecas sin ninguna falla, ningún jironcito, es decir, en perfecto estado operativo. Teniendo en cuenta que para llegar hasta aquí viajó en la panza de tres aeronaves diferentes, estoy por solicitar al Vaticano la "homologación" de este incuestionable hecho milagroso.
La rojigualda, así me referiré a partir de ahora a mi bicicleta por los colores rojo y amarillo con los que está pintada, tuvo una existencia tranquila en la ciudad de México. En este laberinto de grandes avenidas, anillos periféricos, circunvalaciones, microbuseros que juegan a echar carreritas y automovilistas frustrados, es un poco ciencia ficción ver un ciclista y cuando uno sale por ahí con la bici se da cuenta del porqué. De modo que fueron únicamente algunos contados domingos -día en que hay menos fieras (carros) en la selva (carretera)- los que tuvimos oportunidad, la rojigualda y yo, de pasearnos por la piel de la serpiente. Pero fruto de esas incursiones llegué a una conclusión: los mexicanos y sus carros, cuando menos con los que yo coincidí, forman un binomio bastante peligroso.¿Quieren que les platique de mi equipaje? Tocaré este tema, importante donde los haya en cualquier viaje dizque de aventura. Les contaré lo que llevo para que puedan opinar, si lo desean, al respecto. A la bicicleta le acoplé una parrilla, que asegura su fabricante es capaz de soportar 25 kilogramos. A ambos lados de la parrilla cuelgan dos alforjas. En su interior: aislante para el suelo jai-tecnologi (o sea, que abres el pitorrico y se hincha solo, aunque sale mejor si le soplas tú), ropa interior, un pantalón "de vestir", tres playeras, unas chanclas (p'a los hongos), una cobija (expropiada a Iberia), unas botas de montaña, una capa para la lluvia, una mosquitera, útiles de aseo personal, una linterna, un pequeño botiquín, cuerda para escalada que espero sea útil para tender la ropa, recambios y herramienta para la bici (una herramienta multiorgásmica, perdón multifunción, un par de atornilladores, una llave inglesa chica, tres cámaras, un juego de parches, un par de eslabones de cadena, un par de sirgas, dos juegos de pastillas de freno, atacables, cinta aislante y un cutter capaz de asesinar a alguien). Sobre la parrilla, atadas con un pulpo: bolsa de dormir enrollada alrededor de la casa de campaña y una chamarra para el frijolito. En una pequeña bolsa atada al manillar: mapas, brújula (que quién sabe cómo se utiliza) y esas pequeñas cosas que uno nunca sabe dónde colocarlas. Además está la bomba para hinchar las ruedas de la bici y la botella de coca-cola de 1 litro como bidón. En fin, un chingo de cosas cuya utilidad espero comprobar a lo largo de la aventura de este caballero pedaleante. Híjole, casi se me olvidaba contarles lo más importante: a dónde voy. ¿A dónde voy? Pues quién sabe. Este es un viaje sin ruta definida, donde es más importante el camino que el destino (qué trascendental). Lo que encuentre en mi camino espero que me vaya confeccionando la ruta porque, de lo contrario, estaré ante un verdadero problema.
En fin, le daré un toque intelectual a esta primera toma de contacto con ustedes diciéndoles que "alea jacta est", que creo quiere decir: la suerte está echada. Yo de momento me aviento para La Marquesa y en otra ocasión les platico "desde algún lugar de la República Mexicana" cómo me va la feria aunque espero no tener que decirles que me fue como en feria.
Vámonos tendidos a disfrutar de la belleza y diversidad del México trágico y mágico y que la virgencita nos alumbre nuestro camino.
Hasta pronto.
Facun.
Otros enlaces de interés:
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7 comentarios:
No me sean malitos y envíen sus comentarios para enriquecer este sitio web.
Gracias.
que aventurototota te acabas de echar maestro felicidades y por cierto que eres bueno para describir.
Gracias anónimo.
Sí estuvo buena la bici-pato-aventura. Como dicen ustedes estuvo "de pelos"
Saludos.
Hola, he leido una parte de tu relato y me parecido de lo mas interesante, asi que lo primero es felicitarte por la gran voluntad que traes y mi profunda admiración, así que leeré el resto de tu relato con gran interés.
Podrás platicarnos un poco mas de las caracteristicas de tu bici? Y los contratiempos con ella y como los resolviste?
Seguro seguiremos tus pasos...
Saludos y nuevamente muchas felicidades
Gracias Rene por la felicitación.
Sobre la bicicleta que empleé en la bici-pato-aventura puedo platicarles que es de la marca española Orbea, el modelo no tengo ni idea pero es la misma bicicleta que ocupaba yo en Pamplona para ir a mi chambita. Lo que quiero decir es que no es ninguna bicicleta sofisticada ni cuenta con elementos especiales. Es una bicicleta vulgar y corriente, igual que el "güey" que iba subido en ella.
Contratiempos, afortunadamente, tuve pocos. Lo bueno de viajar en bicicleta es que se trata de un vehículo sencillo y las reparaciones las puede hacer uno mismo sin ser un consumado mecánico.
La avería más grave que tuve fue al final de mi particular tour por la República Mexicana. Después de 15,000 kilómetros recorridos, se chin... la estrella, la casetera y no sé qué madres más.
Afortunadamente, encontré un buen mecánico en Creel (Chih.). Su nombre: Arturo Gutiérrez "Chito"
Sobre el final de "la rojigualda", nombre con el que bauticé a mi bicicleta, yo la dejé en Rejogochi (Chih.) para que los niños y niñas rarámuri de la escuela-albergue la utilizasen. Quién sabe si todavía "la rojigualda" esté surcando los caminos y veredas de aquellas tierras.
¡Hey qué buen relato! Yo apenas comenzé con ésto de la bicicleta y no me he aventurado a otro lugar que no séa el interior del DF y la zona conurbada, pero algun día me aventuraré a provincia, quizá empezando por ir a La Marquesa, no sé.
Felicidades por haber consumado semejante viaje.
Por cierto, yo solía vivir en la misma unidad ahí en Izcalli 2, igual y hasta vivíamos en el mismo edifício, jaja.
Muchas gracias por la felicitación Wolfmaster.
¿Te parece poca aventura internarte en D.F. y en la zona conurbada?
Yo opino modestamente que eso puede ser la mayor aventura. Lo difícil ha de ser salir vivo para contarla (es broma).
Bien chistoso lo de que fuéramos casi vecinos. Como suelen decir en mi rancho: "Qué pequeño es el mundo"
Saludos.
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